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Usos múltiples

Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán

Palabras leídas en la presentación del libro Othón Salazar y el Movimiento Revolucionario del Magisterio, el 10 de septiembre del 2010 en el Auditorio de La Universidad Pedagógica Nacional.

Othón Salazar o el poder de la palabra que vine del suelo

Agradezco a Roberto Correu primero el recomendarme el libro Othón Salazar y el Movimiento Revolucionario del Magisterio, un lugar en la historia de México de la investigadora social de la Universidad Nacional Autónoma de México Dra. Amparo Ruiz del Castillo y después invitarme presentarlo. También agradezco a los organizadores, maestros Juanita Ruiz y al maestro Armando Meixueiro la atención que mantienen en los libros que les pueden ser de utilidad a los maestros de México.

Con Roberto aparte de compartir dos profesiones (somos normalistas y sociólogos), también tengo dos pláticas que nos unen en forma inevitable en donde nos encontramos, a saber: una genuina preocupación por el magisterio nacional lo que nos hace comentar e intercambiar noticias periodísticas y, el segundo tema, es la historia de la Benemérita Escuela Nacional de Maestros y el normalismo, al que matamos y revivimos en el elevador cada vez que nos encontramos del segundo a sexto piso en la Unidad.

Acepte participar en esta presentación porque tengo la hipótesis de que el magisterio actual, es decir, profesores entre un año de servicio y más de treinta no saben quien fue Othón Salazar. Mi supuesto se funda, entre otras cosas, en algunos síntomas de alzhéimer gremial, por ejemplo, el año pasado se cumplieron veinte años del movimiento magisterial de 1989 que tuvo logros históricos, cito algunos: fue autogestivo, sin líderes voluntaristas visibles, con una organización heterogénea propia, que paralizó ciudades comenzando por las escuelas, en el que se realizaron marchas de más de cien mil maestros y padres de familia, se logro la caída de una parte importante de la cúpula sindical y ruptura tres veces del tope salarial impuesto a nuestro país por las cartas de intención del los organismos financieros internacionales. Además de un lema que todavía brilla en algunos de nosotros: Si puedes leer esto es gracias a un maestro.

Se cumplieron dos décadas y no hubo conmemoración; no hubo libros, conferencias, eventos, documentales, artículos. Nada. Como si nos tendríamos que avergonzar de los movimientos sociales exitosos y ponderar, como dijera alguna vez Mario Benedetti parafraseando a Luis Buñuel, los movimientos fracasados convirtiéndolos en obscuros objetos del deseo. Solo cito un ejemplo se sigue conmemorando el dos de octubre de 1968 (no se olvida) y apenas se recuerda la organización de la sociedad civil posterior al temblor de 1985, en un triste acto de izar banderas a media asta.

Marcha de maestros

Si no hay memoria del movimiento magisterial de 1989, la historia de Othón Salazar que sucedió hace más de cincuenta años, a lo que podría aspirar es a ser vista como un hecho histórico, lejano y fatal. Tengo que decir aquí, que sí para algo a servido este Bicentenario es para hacer evidentes los Océanos- mares de ausencia de conocimiento sobre la historia que en general tiene este país. Es una pena enterarnos hasta el 2010 en cortometrajes, telenovelas y docu-dramas de las posiciones, contraposiciones, gustos, placeres y afectos del Cura Hidalgo, por señalar alguien protagónico, el que ya hemos aludido en la Revista Educativa electrónica Pálido.deluz. Por cierto, todo esto, aún conviviendo en las escuelas con una visión de la historia nacional de monografía que todavía domina en los periódicos murales y las ceremonias en las escuelas.

Ese es el primer punto que me gustaría reflexionar sobre el libro de la Dra. Amparo Ruiz del Castillo; la recuperación de la historia. Y estamos no ante la historia de los héroes con nombre de calle, plaza o escuela, sino ante uno de sus pliegues hecho que la hace todavía más invisible. Insistimos que si no se ve el lienzo terso de los acontecimientos triunfadores o la historia en vista de lente gran angular, la historia de lo negado, de lo perseguido de lo reprimido, la historia de los que no sacaron partido personal y vista con Zoom está destinada a la desaparición. Pero no por carecer de importancia; son negadas y ocultas porque de conocerse se haría evidente que detrás de esa aparente derrota, hay grandes enseñanzas, luchas, resistencias, esperanzas y tareas por hacer.

Para contextualizar la importancia de Othón y el othonismo cito en forma rápida tres evidencias que aparecen en el texto: primera; vengo, como es del conocimiento público, de una familia repleta de maestros al que citar el nombre de Othón, mi abuela Bertha, mi madre, mi tía Betina y por supuesto mi padre referían la magia convocante de su palabra. A veces cuando escuchábamos un buen orador, mi padre lo veía, escuchaba y la referencia era inmediata: es bueno, pero no como Othón, no como Modesto Sánchez que —ahora gracias al libro me entero, fue maestro del primero—. Mi familia y lo menciono con humildad y orgullo, al mismo tiempo militó y participó en el paro laboral y en la toma de la Secretaria de Educación Pública en 1958, luchando por la mejora salarial y de la educación del país. Mis padres a punto de tener a su primer hijo fueron cesados de su trabajo.

La segunda referencia es también libresca. En Oaxtepec Morelos en 1991, participe en el acto fallido de un Organismo Internacional, en este caso la Organización de los Estados Americanos (OEA) de desarrollar (imponer) desde arriba la primer maestría de Educación Ambiental. Contaré en otra ocasión lo terrible que fue presenciar ese evento lleno de improvisaciones y despilfarro, solo diré que nunca se implemento el Programa anunciado. Pero como suele ocurrir en los encuentros académicos; lo importante tuvo lugar en los pasillos. Ahí me le acerque a Jesús Caballero amigo de mi padre, también participante del proyecto Pálido.deluz. Jesús es profesor egresado de la Nacional de Maestros en los años del Othonismo, me recomendó el libro Jácara, que es una suerte de memoria del maestro Marconi, que escala diversos peldaños de la Administración Pública. En el referido libro hay un apartado sobre el movimiento magisterial de los cincuenta que me traje para Caminos Abiertos, en sus primeras ediciones.

La tercera referencia no tiene que ver con el magisterio, sino relacionada con la política ambiental, objeto de estudio que hoy me desvela y al que he analizado desde su reciente instrumentación en 1982. Sin duda, la época de oro de la política ambiental en México es de 1994 al 2000, básicamente por la puesta en marcha de un enfoque de sustentabilidad del desarrollo en los instrumentos de política ambiental. En los antecedentes de ese periodo, en una entrevista la Maestra Julia Carabias relata el siguiente hecho:

Estoy hablando de 1977, cuando los procesos de transformación del trópico fueron tan intensos. Los primeros grandes proyectos habían producido impactos muy fuertes en el trópico mexicano, a consecuencia del proceso de ganaderización en el país apoyado por los créditos nacionales e internacionales. En esos años, se pasó súbitamente de la agricultura a la ganadería y estuvimos viendo cómo se destruía el trópico en el que trabajé durante diez años. Ahora nuestras selvas están limitadas a unos pocas miles hectáreas y el resto, toda la parte plana, desapareció. Eso evidentemente me generó una motivación de qué hacer con el conocimiento para evitar que lo que se estaba estudiando se acabara. Me decepcioné de los partidos un tiempo después, pero ocurrió un acontecimiento muy importante en la montaña de Guerrero. Al ganar las elecciones Othón Salazar (viejo líder magisterial nacional en los años cincuenta del siglo XX) y convertirse en el primer presidente municipal de izquierda en Alcozauca, nos invita a mí y a otros biólogos y amigos, entre ellos, Carlos Toledo y Javier Caballero, a que con nuestro conocimiento ayudáramos a revertir las condiciones de extrema pobreza a las que se enfrentaba este municipio, ahora que él tenía la posibilidad de tomar decisiones en su beneficio. ( Carabias, J.: 2006)

Cito este párrafo por la importancia que tiene en el contexto de este país y porque habla de un maestro que siempre lo guió el bienestar de su pueblo, la buena voluntad y una posición política clara. En el libro no se toca esta parte del programa que dará origen a una Secretaría.

No voy a contar el texto que nos ocupa, porque es un placer leerlo, solo diré que Othon Salazar y el movimiento Revolucionario, es notable por los siguientes aspectos:

1) La necesidad ya referida de contar la real historia del magisterio nacional, sobre todo en sus luchas populares. El libro contiene fotos, notas periodísticas, referencias a otros movimientos obreros como los telegrafistas, telefonistas, petroleros, médicos y hasta guerrilleros del estado de Guerrero como Lucio Cabañas y Genaro Vázquez. Pero sobre todo documenta la experiencia de una izquierda militante cuasi-heroica de mitad del siglo XX, a medio camino entre el convencimiento tipo el arte socialista comprometido y la crítica a la línea dura del Partido Comunista al estilo de las novelas de José Revueltas. Valido todo esto

2) Sin duda, lo que me gusto más del libro es la urdimbre con que esta tejido. Amparo Ruiz, no renuncia a casi ninguna técnica cualitativa: la historia de vida en primera persona en el que el relato se vuelve novela, el líder que narra con saltos temporales como en una charla íntima o de sobre mesa; en la entrevista a profundidad se siente una cálida comprensión, entre el que habla y la que documenta, se perciben las horas de trabajo; se pasa de la vida e intersubjetividad del Othón a hechos de relevancia histórica. La cotidianidad aparece desde sus raíces formadoras en el pueblo, las normales, el movimiento, las imposibilidades, lo logrado, la autocrítica, hasta la vida como militante en partidos de izquierda hasta llegar a la Presidencia Municipal y los días de la vejez. La memoria habla y se nota el intento de hacer la cronología, pero como en las grandes obras de la literatura latinoamericana el tiempo es solo otro personaje.

3) Es un relato de un líder del pueblo inmensamente humano, con una clara vocación por la palabra. Seduce leerlo y sin lugar a dudas en cualquier parte del mundo se hubiera convertido en un orador profesional, sin embargo, si no es por el esfuerzo de este libro se hubiera perdido este trozo inmenso de la historia de los maestros. Othón Salazar no fue un orador profesional y se queja al final de su vida de la falta de atención de los medios que no escucharon, de la carencia de la formación de cuadros políticos y de la no continuidad del movimiento revolucionario del magisterio. Emite opiniones sobre lo que pasa en el actual magisterio en forma contundente. Pero nunca nunca deja de tener sueños, ya muy viejo, el profesor dice:

Yo me pregunto ¿a quién le corresponde tener una visión propia sobre la quiebra de los valores sociales de la escuela pública? A los maestros. A nadie más que a los maestros. Entonces vamos a buscar que la reorganización del movimiento revolucionario cuente con una tribuna quincenal, mensual, como se pueda, para analizar los grandes temas de la educación pero no solo estos sino también hacer un esfuerzo por tener una opinión propia sobre la marcha del país (pag.180)

El libro es un hermoso relato desde abajo, a ras de tierra, que gracias a la Dra. Amparo Ruiz, todos los maestros deberíamos leer, para ver que la palabra de un hombre que lo fue antes que maestro, tiene una extraña convocatoria a la que ningún profesor debe renunciar y, tal vez, debería ser —en orden de importancia— la primer competencia que deberíamos desarrollar y contar como gremio.

6/I/ 2011

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