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LA CLASE

Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán


El eslabón y la cadena: un no-discurso

Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera
Miguel Hernández

Volverán las nutridas madreselvas
De tu jardín las tapias a escalar
Y otra vez en la tarde aún más hermosas,
Sus flores se abrirán
Gustavo Adolfo Bécquer

Licenciado Jorge Abel López Sánchez
Presidente Municipal de Mazatlán, Sinaloa.

Profesor Carlos Alberto Alvarez Ramos
Coordinador de la Comisión de Educación

Honorable Ayuntamiento y cuerpo de regidores de Mazatlán

Amigos y amigas,

Agradezco desde lo más profundo de mí ser la oportunidad que me brindan de tomar la palabra, en este Reconocimiento al Mérito que se otorga en esta sesión solemne ante el pleno del cabildo Municipal, y ante tan nutrida presencia, al Profesor, Licenciado, Formador de docentes y Maestro y Regidor No. 9 José Guadalupe Rincon Andrade. Me permito expresar, con humildad y para empezar, que los reconocimientos cuando emergen del lugar en el que se desempeña un individuo, es decir, no externos, adquieren un triple valor, a saber: el de ponderar al colega con el que se convive los días que se convierten en años y en él se le notan rasgos distintos en el desempeño de la función; el de dignificar la labor reconociendo más allá de los espacios y las ideologías, la trayectoria de vida y, por último, el reivindicar la noble labor del servidor público, hoy que el país se debate entre balas, sangre y mediocridad en la toma de decisiones. Reconozco que otras Instituciones se hayan sumado al acto de homenajear al notable Regidor, como es el caso de la Secretaría de Educación del Estado, innumerables direcciones y supervisiones escolares, la Sección 27 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación y la Universidad Pedagógica Nacional (Unidad 25 B) dándole un valor agregado a este acontecimiento.

Me fascinaría empezar comentando que no vengo pronunciar un discurso, como sentencian las palabras de Garcia Márquez, del 17 de noviembre de 1944, antes sus colegas del Liceo Nacional que se graduaban. Todavía no es el tiempo de pronunciar un Discurso, ya será.

Vengo, eso sí, a ratificar una amistad, que comenzó en la década de los años sesenta del siglo XX en los cursos Intensivos de la Normal Superior de Nayarit. Mi padre José Abel Ramírez, entonces profesor de la citada Institución, trabó amistad, que duraría toda la vida, con el más inquieto de sus alumnos, un tal José Guadalupe Rincón. Yo era niño y las amistades no siempre se heredan. También tengo, mis motivos personales de afecto, que vengo a expresar, para estar en este magnífico recinto.

Cincuenta años, medio siglo de trabajo infatigable en pos de una causa: la educación en México. Como esto no es un discurso pasó a describir una de las fotos que más me gusta del Maestro Rincón. Para los que les es placentero documentar o simplemente les guste observar se encuentra en la página 71 del libro Hoy más que nunca publicado por el Gobierno de Sinaloa en el 2003:

Hay una banca improvisada con tabiques y madera, afuera de una casa muy sencilla que es habitada por una familia Otomí. El maestro Rincón está sentado en ella y por el pie de foto nos enteramos que está levantando el censo de población de 1960.Es el inicio de su carrera de este gran ser humano. Cruza la pierna para poder sostener las hojas de papel. Los muros de la casa son tablones; dos niñas y tres niños, colonos del lugar, asoman por el hueco que debe entenderse como puerta. Debe ser domingo, la actitud de los niños, dado que algunos se encuentran sin camisa o acaso el brillo del sol o el conocimiento personal que disponemos de alguien que no se permite descansar ni en el bíblico séptimo día, así me lo indican. La mayoría de los niños ven a quién toma la foto, lo que equivaldría a un error de técnica fotográfica le da realismo a la imagen; no hay teatralidad en la actitud de los chicos. El más pequeño de ellos se asoma a las hojas, en las que escribe Rincón como si le fuera la vida en ello. La foto denota confianza, muy seguramente él que levanta el censo mañana les estará hablando de Benito Juárez en el aula multigrado de las Islas Marías. El profesor está limpio y fresco, con camisa de manga corta, en las que se asoman, previsoramente, algunas plumas en la bolsa izquierda. Porta pantalón claro de algodón, calcetines perfectamente estirados, que terminan en zapatos negros de punta redondeada, como los usará siempre. Rincón anota, no lo distrae ni siquiera el perro criollo que lo olisquea a poca distancia. Hace el trabajo con la determinación de un misionero, no se le ve cara de que le darán un estímulo monetario por hacer lo que tiene que hacer. José Guadalupe, es muy joven, tiene veintidós años y ya tiene el gesto serio de la responsabilidad con el que aprenderá a vivir. Hasta aquí la foto de hace medio siglo.

En la actualidad y a la distancia el hilo conductor que guía nuestras pláticas en los últimos tiempos y sus preocupaciones personales se podría resumir a una sola pregunta: ¿dónde quedo la vocación del magisterio? Antes de intentar una respuesta, mejor cambio la pregunta: ¿Cómo se construyó en él profesor Rincón el estar avocado a la educación y mantenerse sembrando en ese campo diez lustros?

Contestar los ingredientes constitutivos que conformaron esa vocación cabría en un discurso; aquí solo me permito enumerar algunos elementos. El primero es el amor de Aurora y Jesús, dos seres maravillosos como él los define, sus primeros maestros; sus padres. El segundo elemento son sus hermanos con los que se encuentra, hasta el día de hoy, año tras año en Tamaulipas. Supongo que el tercer elemento es haber crecido en el campo en Villa de Casas en el estado de la frontera norte, en los años treinta y cuarenta del siglo pasado, esto le dará un sentido profundo del ser humano tolerando los defectos y potenciando virtudes. Un contacto con la naturaleza y con las profundidades de los seres de campo, lo determinaran.

El cuarto elemento que distingo es el normalismo, su verdadera religión, en un Estado de la República Mexicana que ya había dado notables egresados de las Normales como Lauro Aguirre, Matías S. Canales, Epigmenio García, Teodosia Castañeda, Rafael Tejeda Puente, Francisco Nicodemo, Emilio Caballero, Arquímedes Caballero, etc. En ese contexto el contagio del normalismo se adquiría rápidamente. El sustrato que va adquirir en el internado de la Escuela Rural de Tamatán en los años de formación, le durará toda la vida.

Ahí encuentro el quinto elemento, el que a mi juicio es el más importante, que es la conciencia plena de ser y estar en el mundo, de poseer no sólo una visión retrospectiva, de horizonte histórico y proyecto de futuro, sino el saberse eslabón de una cadena transgeneracional y actuar en consecuencia. Hay que leer y escuchar mucho a este hombre para enterarse de lo que sabe de Historia de México y de la historia de la educación en México, en particular, por ejemplo de su pasión, por los hombres de Reforma liberal del siglo XIX, los constructores de la base del Estado mexicano, (aquí seguro ya me corrigió mentalmente, no te olvides del Dr. Mora, Tona).

La consciencia luminosa, límpida y potente, del marco jurídico educativo, leyes, decretos, proyectos, políticas públicas, manejo presupuestal, planes, programas y prácticas educativas, que han ocurrido en este país en los últimos doscientos años los conoce tanto como la costera mazatleca.

Pero lo suyo no sólo ha sido recrearse en el conocimiento y la palabra en voz alta en el salón de clase, en la que cada día crece más y es más humilde al mismo tiempo, como no se ha cansado de recitar, en este primer medio siglo de profesor. Consciente de su deber histórico como docente tomó la frase de Lauro Aguirre, su paisano, como una estafeta caliente que no ha soltado solidificándose con ella: formar el hombre nuevo; formar al maestro nuevo. Ese, creo que es el mantra y praxis del Profesor Rincón Andrade.

Tal vez no pueda hablar hoy, por cuestiones de tiempo y solemnidad, del profesor José Guadalupe en Islas Marías, en los cinco años que fue maestro-misionero, formando hombres nuevos de hijos de internos, entre los muros de agua que contaba José Revueltas. O de lo dedicado que ha sido en los procesos de formación y auto-formación a lo largo de la vida. Tampoco de cómo vislumbro que su destino formador de maestros nuevos, se empató con el surgimiento de la Universidad de los maestros de México; la Pedagógica Nacional y de cómo alcanzó la Dirección, en el arranque de la década de los años ochenta del siglo XX de la Unidad 252, del Municipio que le da este reconocimiento.

De lo que estoy en condiciones de mencionar en este no-discurso solemne, es de cómo Rincón intentó hacer desde la voz, un hombre nuevo; un maestro nuevo y solo mencionaré algunos hechos que han sido determinantes en mi vida, para no cansar al cabildo y a los amigos que hoy reconocen a Rincón.

En septiembre de 1990, me volví a encontrar con el Maestro Rincón y me ofreció entrar a su equipo de trabajo en la Unidad 095 de la Universidad Pedagógica Nacional, que ya dirigía. Lo que me tocó vivir a su lado profesionalmente fue una revolución para la cual nadie, ni yo, ni nadie, estábamos preparados, más que su conciencia formativa histórica de eslabón poderoso de una cadena: sacar a la Universidad de sus aulas grises, tristes y vacías, para llevarla al lugar de los maestros a las escuelas de educación básica. Los datos son históricos e innegables, logrando sin más mercadotecnia que el trabajo, el sueño de multiplicar por 10 el número de estudiantes.

Su ejemplo nos arrastró por la última década del siglo pasado como una ola de tormenta tropical. Era el motor, la estructura, el blanco y hasta las alas del proyectil que se convirtió la Unidad, bajo su liderazgo: revistas, periódicos, licenciaturas, cursos, diplomados, congresos nacionales e internacionales, alumnos formándose para ser los maestros nuevos o por lo menos renovados y actualizados. Miles de alumnos pueden testificar lo que estoy afirmando.

De tanta fuerza ese proyectil que me es indispensable en este momento dar un parte de paz, no de guerra:

  • El Posgrado que usted fundó y estudio, la Maestría en Educación Ambiental, está por cumplir 20 años, con diez generaciones y que ahora se plantea nuevos retos ante el cambio climático, por lo que estamos realizando Coloquios Nacionales y proyectos internacionales;
  • El equipo del Posgrado se ha recargado y sigue trabajando como nos enseño, con alegría, bromas y produciendo académicamente, por cierto, le mandan un abrazo en pleno. El afecto que le tenemos permanece intacto;
  • Caminos Abiertos, su revista es Pedagógica cumplirá dos décadas interrumpidas de publicarse. En internet llegamos a las 125 000 visitas la semana pasada. Ya tiene una hija que se postra ante el patriarca fundador que es Palido.de luz

Muy joven Rincón, me cobijó académicamente creyó que yo podría ser un maestro nuevo, me dio tiempo completo, me brindó un espacio para publicar, y compartir con maestros, me enseñó el poder seductor de la palabra, me colocó ante la administración y guía de un Programa Académico, el cual todavía habito. Creyó que mas que evaluar profesores, hay que formarlos.

No fui el único alumno al que el formó con el sueño del hombre nuevo. En la vida, del profesor Rincón se ha prodigado en darse a los demás y simultáneamente en brindarse en la construcción de este país, que aún en su maltrecho estado actual, hay base y cimiento como lo he querido mostrar, gracias a Profesores cómo él. Qué bueno que Dios nos lo dio y que yo tengo memoria y agradecimiento y por lo visto también el Municipio y las escuelas.
Gracias a la vida por no ser desatenta.
Por último prometo regresar a este bello lugar y entonces si dar un Discurso que de el banderazo de salida a la Fundación José Guadalupe Rincón Andrade para apoyar a los hijos de la guerra o cuando un escuela de educación básica, lleve su nombre.

Muchas gracias y felicidades maestro, que bien que se lo merece.

Mazatlán, Sinaloa, 23 de Noviembre del 2010

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