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LA CLASE

Tema del mes

Alfredo Villegas Ortega


Adiós al 68. Bienvenida la lucha permanente

Adiós al 68, es una crónica de la esperanza. Para muchos, el título pudiera parecer la postración de un movimiento estudiantil que sacudió muchas de las estructuras monolíticas del país. No es así. Joel, con una prosa inteligente y plena de convicción y conocimiento de los hechos, nos narra su peculiar, aguda y, a veces, polémica interpretación desde su propia historia, desde su participación y su militancia, más orientada al cambio verdadero y a la libertad regateada, que a cualquiera de las etiquetas, nomenclaturas o partidos, a los que cuestiona incesantemente.

No puede ser de otra manera, para quien ha dedicado una vida entera a buscar el sentido de los movimientos sociales y que ha sido, sin dudarlo, una figura en la ruta de la construcción de otro país, de otra sociedad.

Joel, como él mismo lo afirma, es parte de esa generación que creció en la posguerra y que lo mismo abrevó de los interesantes cambios culturales y sociales que su generación encabezó, y que se encargaron de modificar la cosmovisión de la gente. Los jóvenes fueron el motor de esa hermosa red de posibilidades estéticas, éticas y sociales que nos hicieron entender y enfrentar el mundo con otros lentes. Música nueva, fresca e irreverente; Elvis, Ricardito y, más adelante, Dylan, los Stones y los Beatles. Nueva literatura, nuevas formas de escribir y describir el mundo. Arte nuevo, vanguardia fresca, antagónica al modelo acartonado, gris y, por sobre todo, violento y sin espacio al verdadero diálogo.

Ese mundo al que enfrentaron Joel y su generación tenía una dirección y orientación autoritaria que entendía y concebía al mundo como su potestad, ese mundo, aún vigente por desgracia, no podía aceptar que unos estudiantes universitarios, politécnicos y normalistas tuvieran la osadía de desafiarlos e intentar transformar el mundo. Sí, el mundo, porque el movimiento fue un fenómeno que se manifestó en diversas partes de éste.

Joel Ortega ha escrito muchos libros. Como los buenos vinos, conforme el tiempo avanza, su prosa y análisis es mucho más degustable e incluso saludable. Es degustable porque se lee de una sentada como se dice coloquialmente y uno se siente confortado por una síntesis tan inteligente y comprometida con el cambio. Es saludable, porque ofrece un punto de vista muy distinto a cuantos libros se hayan hecho sobre movimientos estudiantiles, particularmente del 68. Ni denuesta al movimiento como lo hicieron escritores pagados por el régimen, ni se queda en la apología de la derrota o en la crónica de la matanza del 2 de octubre como lo hizo Poniatowska con La Noche de Tlatelolco. No, la interpretación de Joel va del hecho de entender por qué se dio el movimiento, cuáles fueron los aciertos y errores del Consejo Nacional de Huelga, qué le faltó al movimiento para articularse con otros sectores e, indudablemente, entender el verdadero legado del movimiento mismo.

Adiós al 68 es un acontecimiento literario, estemos o no de acuerdo con sus tesis, justamente por ofrecer una visión diferente que, lejos de quedarse en el lamento, reconoce su importancia pero destaca el valor de la gesta juvenil su osadía y su frescura; por la enorme contribución a la conformación de una nueva sociedad por la que, necesariamente hay que seguir luchando.

De ahí el título del libro: Adiós al 68, no significa olvidar ni el movimiento, ni sus causas ni mucho menos perdonar a los culpables de la matanza del 2 de octubre. Con datos duros e investigación exhaustiva él, otros dirigentes y la Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado (Femosspp), de la cual fue parte Joel del Comité Ciudadano, lograron enjuiciar y someter a prisión domiciliaria a Luis Echeverría Álvarez, ex presidente de México por el delito de genocidio, ni más ni menos. Se dice fácil pero tiene una trascendencia histórica incuestionable.

Adiós al 68, invita a seguir adelante. Reconoce la importancia de insistir en el cambio verdadero de la sociedad. Significa entender que la historia se sigue escribiendo todos los días y que hay nuevos movimientos, nuevas demandas y que la ruta por la libertad es patrimonio de la sociedad, particularmente de los jóvenes que siguen siendo el eje, como hace cincuenta años, de la vanguardia.

Habla Joel, en la página 73 de su libro:

“A cinco décadas, el 68 mexicano puede parecer un referente tan lejano y cerrado, casi intrascendente. Para muchos jóvenes, el movimiento fue incapaz de conmover las estructuras autoritarias del Estado mexicano. La consecuencia es que vivimos una realidad opresiva, con una desigualdad creciente, con una pobreza y miseria impresionantes, y una violencia que ha llegado a extremos inimaginables, misma que ha producido más de 200 mil muertos. Las cifras inmensas también tienen desaparecidos con cerca de 30 mil y múltiples hechos de violencia cotidiana. En esa perspectiva, algunos consideran que el 68 no sirvió absolutamente para nada.

“en otra vista, si se coloca al 68 como simple antesala a la transición democrática, también se le puede considerar como un movimiento frustrado”.

Entonces, ¿de qué sirvió el movimiento del 68? Dejemos, nuevamente que Joel nos lo diga:

“Desde mi óptica, el 68 sirvió para construir un pensamiento distinto al hegemónico de la Revolución mexicana gracias a la lucha de masas que se dio durante ese año y que tuvo como protagonistas a los estudiantes”.

Generar un pensamiento alternativo, derivado de la lucha estudiantil es la gran aportación del movimiento. No es menor el asunto. Una sociedad acostumbrada a obedecer y aceptar la voz de la autoridad, dijo: “basta”, y empezó a ventilar sus propias ideas, antagónicas al poder priísta. Tomó las calles, enfrentó la violencia del Estado, y aunque parezca lo contrario no murió el 2 de octubre. Mataron a varios jóvenes, no se olvida eso, pero lo que hay que rescatar que, como el propio Joel lo afirma, menos de tres años después, el 10 de junio, volvieron a retar al poder para recuperar la calle, para hacer patente que las ideas, la lucha por la libertad de expresión y las justas demandas no se habían terminado.

Falta mucho por hacer. Decirle Adiós al 68, es decirle adelante a las nuevas luchas. Decir Adiós al 68, no es sepultar la historia como tampoco significa quedarse en el lamento y la conmemoración de su desenlace trágico y cruel. Es pensar en eso que falta por hacer. Es reconocer las debilidades y fortalezas al interior del movimiento, sus grandes aportaciones, la embestida del Estado y un largo etcétera. Es entender que ese mundo que hoy queremos cambiar, también se quiso hacerlo hace cincuenta años y aunque no se avanzó lo que se quería, podemos hoy atrevernos a pensar diferente como entonces, aunque con otras miras y otros lastres que derribar. La injusticia sigue ahí. La verticalidad trata de imponerse pero cada vez es más fuerte la resistencia y cada vez más amplio el abanico de ideas y la integración de fuerzas, para cambiar el lamentable estatus en el que nos encontramos.

Adiós al 68 una invitación para seguir trabajando y es una lección de la historia reciente de este país.

Concluyo con las líneas de Joel, que cierran el libro, antes de las semblanzas de algunos líderes del 68, que ya murieron y que sintetizan un sueño y la posibilidad de concretarlo:

“En el planeta y en el país, hoy se encuentran nuevos e inéditos desafíos.

“El pensamiento no puede tomar asiento. Es hora de echar abajo todos los dogmas y las camisas de fuerza de las iglesias basadas en ideologías convertidas en religiones de un mundo derrotado por sus propias contradicciones.

“Los jóvenes de hoy tienen retos inmensos en todos los planos de la vida. En su creatividad, en su capacidad para usar la ciencia y la tecnología, está el futuro del planeta.

“Llegó la hora de decir adiós al 68”

Muchas gracias, Joel, muchas gracias a ustedes por su paciencia.

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