Ppl%2012%20portada%202
-jugar-escuelita-casa

LA CLASE

Tema del mes

Sonia Bustillos Munguía


Del juego a la realidad: mi gusto por la docencia

Para poder relatar mi historia dentro de la docencia tendría que remontarme al año 1988 en el ejido Mario Souza perteneciente al municipio de Río Bravo Tamaulipas, donde por primera vez a la edad de cinco años tuve consciencia de lo que hacia mi padre para trabajar y la manera tan hermosa en la que impactó mi corta vida. Vivíamos en ese pequeño ranchito en la casa del maestro dentro de la escuela, construida en madera con techo de lámina, tenía una pequeña cocina y un solo cuarto, baño de pozo, noria (ya que no había agua potable) y un patio enorme donde jugar.

Mi joven madre de veinticinco años de edad, mi hermana de tres años y mi padre de veintiséis, quien era el director de la escuela y maestro de primero y segundo grados, fue quien impactó mi vida de tal manera que tomé la decisión de ser maestra. Ingresé a primer grado, donde mi papá era el maestro. Al principio estaba un poco confundida ya que no sabía cómo lo iba a llamar “papᔠo “profe”, decidí en la primera oportunidad que le diría “profe” y en el transcurso de ese año, fue que se insertaron dentro de mi alma sucesos que aún al escribir estas palabras provocan en mí una gran emoción.

Primero, no podía creer que mi papá fuera tan chistoso, nos hacía reír mucho, también nos cantaba canciones muy tiernas, hacíamos tacos imaginarios para que no nos diera hambre, nos enseñó las letras, nuestro nombre y nos puso muchos bailes. En el salón ponía flores y dibujos en las paredes, nos llevaba a la parcela de la escuela a recolectar maíz y si nos asoleábamos mucho, todos juntos nos bañábamos en la compuerta del canal.

Recuerdo que un día papá trajo una bola de fierro grandísima que era el antiguo tinaco del ejido, lo puso a un lado del portón y comenzó a dibujar el mundo, ya terminado y pintado, todos admiramos ese gran globo terráqueo que lucía mucho en nuestra escuela. Lo que marcó este recuerdo no fue en sí la obra sino el esfuerzo de papá al pasarse días y horas pintando y dibujando para sus alumnos. Fue una época muy feliz de mi vida, quién diría que posteriormente ya en la ciudad, volvería a ser su alumna de cuarto año y luego me daría español en tercero de secundaria.

Estar inmersa en la gran obra de educar ha sido un privilegio y una gran responsabilidad para mí, cuanto más entendía y leía de lo que se trataba y de lo que implicaba mi trabajo, mas me apasionaba y me atraía este particular estilo de vida. Fue en el año 2005 en el ejido Vicente Guerrero de la ciudad de Río Bravo cuando verdaderamente sentí la vocación docente. Sí, como todos dicen, siempre de niña jugué a la maestra, decía que quería ser maestra y aún en la Normal me gustaba ser maestra, pero en verdad disfrutaba ser mas estudiante, por eso reafirmo lo antes dicho. Fue cuando tuve mi primer grupo, mejor dicho, la escuela y los grupos de primero a sexto grados a mi total cargo, que me di cuenta de la implicación que tiene el ser docente.

Como maestra unitaria, me encontraba sola con mis alumnos, no había maestro de práctica, ni director, ni supervisor, estaba yo y mis niños. Fue en ese momento donde me di cuenta que enseñar no es solo llegar a abrir los libros y contestar, estando con estos niños aprendí a conocer a los demás, a ser alumna y maestra a la vez, a valorar a la naturaleza y las grandes oportunidades que nos brinda para enseñar, a ser más humana, ahí me olvidaba de la hora de salida, al grado de que los padres me avisaban “maestra ya es hora…”, eran tantas cosas que hacer y conocer, pero sobre todo que compartir, que el tiempo era un factor que no determinaba nada.

En este periodo me di cuenta de mis fortalezas como docente, por ejemplo, soy muy organizada, tengo un diario de grupo donde anoto sucesos relevantes que no quiero dejar a la memoria, me gusta trabajar en equipo con mis alumnos, me gusta planear mis actividades, leer y estudiar de manera analítica los contenidos que voy a tratar, me gusta realizar actividades lúdicas, juegos, no sé si sea fortaleza, pero los viernes tengo la hora social con mis alumnos, los cuáles participan frente al grupo haciendo un ejercicio, una fono mímica, contando un chiste, contando una anécdota, diciendo una adivinanza, cosa que sé, disfrutan mis niños, pero creo que más lo disfruto yo.

Como docente sé que enseño porque creo en el cambio, creo en la posibilidad de formarse para transformarse, que enseñar va mas allá de una profesión, en ella se implica la misma humanidad, tanto al interior como al exterior, implica el ser modelo consciente o inconscientemente ante mis alumnos. Enseñar implica nunca dejar de aprender, de sabernos incompletos, de sabernos educables, de intervenir para mejorar una situación, de proporcionar esperanza a quienes ya no tienen esperanza, creo en la resiliencia, en el que el ser humano es capaz de salir adelante en condiciones adversas, y no dejarlo todo a las circunstancias, al medio o al inconsciente. Creo en el poder de la palabra la cual bendice o maldice según su uso, y en la capacidad docente de ser agente de formación y de llevar a cabo la misma otorgando un conjunto de posibilidades a sus alumnos de “ser y de trascender”.

Actualmente laboro en la Escuela Primaria Profesor Donaciano Muñoz Martínez, en la ciudad de Río Bravo Tamaulipas, donde el primero de septiembre del año en curso cumplo seis años de servicio. Esta escuelita ha trasformado y formado mi esencia como maestra, la mayoría de los padres de familia están en condiciones de pobreza, hasta podría decir de marginación, ya que las casas de mis alumnos son algunas de madera, otras de lámina y muy pocas pertenecen al infonavit, los padres de familia tienen trabajos eventuales, venden fruta, pan, trabajan de jornaleros, o en la labor, otros que son pocos trabajan en la fábrica; pero hay algo particular en los alumnos, de treinta y nueve niños de mi grupo, veinticinco son de familias uniparentales, y la mayoría del tiempo no están con su papá o mamá, están a cargo de los abuelos o los tíos.

Esto me ha permitido poner a prueba mi calidad como docente, ya que para las personas de la colonia, es más importante poder llevar el pan de cada día a sus hijos que interesarse en su educación, el tiempo libre lo emplean en descansar o en otras actividades que les reditúen económicamente. Esta situación nos exige una concientización sobre las estrategias para trabajar con alumnos descuidados en salud, higiene, nutrición y atención por parte de sus padres. Enseñar al leer a los niños que ni siquiera sus padres saben leer, enseñar a niños que trabajan hasta las dos o tres de la mañana y que asisten tres o cuatro días por semana a la escuela, ya que cuando llega el tiempo de la cosecha tienen que ayudar a la familia, también es un reto trabajar en un contexto donde la prostitución es el oficio que practican familiares de mis niños incluso las mismas madres, donde los niños ya saben que de esta manera pueden tener dinero y algunos de ellos lo llevan a la práctica. Recientemente se presentó en la escuela el caso de dos alumnas que se escaparon para poder vivir mejor al servicio de hombres que les prometieron darles vida “de ricas”. En la investigación que realizamos resulta que una le advertía a la otra “no vayas a llorar cuando pase lo que ya sabes… porque si lloras van a pensar que no te gustó y no nos van a querer”. Cabe mencionar que la mamá de esta niña que advertía a su compañera de “no llorar”, se dedica a la prostitución.

Esta situación la vivimos en nuestra escuela, y la fortaleza de encontrarnos en ella, es que tenemos la oportunidad de influir, de intervenir y dar una oportunidad de ser algo diferente a nuestros alumnos, de darles a conocer otros entornos más allá de lo que viven, ser nosotros ejemplo de vida y de conducta para todos ellos. Personalmente agradezco el simple hecho que asistan a la escuela.

Cuando escucho a maestros quejarse de que las mamás no les leen lo suficiente por semana, de que no pagan las guías, que si no tenemos enfriador de agua en el salón, o de que el niño no lleva todos sus útiles a la escuela y se les olvida el transportador y que por eso no avanzan, me pregunto ¿Cómo harían para trabajar en nuestras condiciones? Esos no son problemas, pero lamentablemente a lo primero que nos acostumbramos es a la comodidad y dejar de ser el agente de formación y el factor de cambio, para delegar responsabilidades a alguien más.

La escuela es lo que nosotros hagamos de ella, una verdadera fuente de formación y educación, donde cada quien se esfuerza por responder con eficiencia a la responsabilidad otorgada, y trascender hacía la construcción de una mejor sociedad, la cual esté cimentada en la piedra y no en la arena, con valores, ética, trabajo, disciplina, organización y amor. Donde la paz no sea una ilusión y el camino más fácil no sea el del mal.

31/VIII/2011

Periódico Mural

LA CLASE

Usos múltiples

Cuadro de honor

Orientación educativa

Deserciones

Tarea

Calificaciones

Sala de Maestros

Patio escolar

Benjamín Rojas: El maestro equivocado