5090_portada_ppl_82
5096_alumnos_con_laps

LA CLASE

Tema del mes

Roxana Morduchowicz

Este ensayo está tomado del libro Los adolescentes y las redes sociales: La construcción de la identidad juvenil en internet (Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2012), con autorización de los editores.

Una nueva cultura juvenil

Los nuevos medios de comunicación tienen un impacto directo en la forma en que los adolescentes construyen su identidad y se relacionan con otras personas. La autora estudia el vínculo de los jóvenes con la tecnología y cómo es que esta define una nueva manera de ser y hacer.

Para la mayoría de los jóvenes, los medios de comunicación e internet son el lugar desde el cual dan sentido a su identidad. Es uno de los pocos espacios que, según su propia percepción, les pertenece a ellos, habla de ellos y a ellos. Les permite entender quiénes son, cómo se los define socialmente y cómo es y funciona la sociedad en la que viven. A través de los medios y las tecnologías, los adolescentes modelan sus identidades individuales y colectivas y aprenden a hablar de sí mismos en relación con los otros.

Los jóvenes, cuyas identidades están atravesadas por el texto escrito, la imagen electrónica y la cultura digital, viven una experiencia cultural propia, que supone nuevas maneras de percibir, de sentir, de escuchar, de leer y de ver el mundo.

Los medios y las tecnologías están tan estrechamente ligados a la identidad juvenil que, en la actualidad, el joven se configura como tal a partir de la frecuentación, el consumo y el acceso a un cierto tipo de bienes simbólicos y productos culturales específicos. Precisamente por ello adquiere particular importancia preguntarse por la relación de los adolescentes con los medios y las tecnologías. Su análisis permite entender las distintas configuraciones del mundo que, de manera contradictoria y compleja, los jóvenes construyen a partir de sus vínculos con las industrias culturales y la tecnología.1

Si las identidades de los jóvenes se definen no solo en el libro que leen sino, y fundamentalmente, en los programas de televisión que miran, en el sitio web por el que navegan, en la música que escuchan, en el blog que crean, en el perfil que construyen para una red social y en la película que eligen, es necesario entonces analizar la manera en que se vinculan con los medios de comunicación y las tecnologías, en su nuevo rol de receptores y productores de contenidos. “Antes, los jóvenes se emancipaban a través del trabajo, el estudio y el matrimonio. Ahora, para muchos, las vías preferentes son la conectividad y el consumo. Estos nuevos medios de independencia de la familia anticipan, desde la primera adolescencia, un horizonte ajeno a los padres”.2

Los medios son objetos de arbitraje y negociación entre padres e hijos. “Marcan la autonomía de los chicos y definen el grado de lo que pueden y no pueden hacer”.3

La vida en familia está signada por reglas y negociaciones en torno a las pantallas (esencialmente, las de televisión, computadora y celular). Para los padres, los controles sobre la tecnología son una manera de ejercer autoridad y cumplir el papel de “buen padre”. Para los chicos, es el límite de su autonomía. Desafiar los controles es signo de su independencia.

Por este motivo, precisamente, la autonomía de los adolescentes pasa hoy por la conectividad. Entre otros motivos porque, además, la mayoría de los adolescentes están convencidos de que son ellos quienes más saben de computación e internet en la casa. […] Resulta natural entonces que los más jóvenes sientan cierto grado de autonomía o independencia cuando navegan por internet.

Los adolescentes se encuentran en plena construcción de su identidad, buscando su pertenencia entre diferentes grupos sociales (padres, docentes, amigos) y explorando continuamente su entorno, al que buscan integrarse y pertenecer. Los adolescentes necesitan sentir que pertenecen a los mundos en los que viven: la familia, la escuela, el club, el barrio… La construcción de la identidad en los adolescentes y la necesidad de pertenecer a un grupo social van siempre juntas y se condicionan mutuamente.

Los jóvenes viven una etapa caracterizada por la incertidumbre. Tienen que enfrentar al mismo tiempo las expectativas —con frecuencia conflictivas— de sus padres, de la escuela y de sus amigos, las tres esferas de interacción más importantes para ellos. En este proceso, los medios y las tecnologías ocupan un lugar esencial. Internet les da la oportunidad de probarse a la luz de los otros, para aprender a “negociar” su identidad y crear un sentido de pertenencia. “Entre los adolescentes, ‘ser o no ser parte de algo’ y ser aceptado o repudiado es una marca esencial en el proceso de construcción de la identidad tanto online como offline. Para ellos, no es posible pensar la identidad sin alguna forma de pertenencia, e internet les da una”.4

Los jóvenes, como dijimos, viven una etapa caracterizada por, y repleta de, incertidumbres. Sienten incertidumbre por los cambios en su cuerpo, por su entrada a la secundaria, por los nuevos amigos, por su ingreso y su ubicación en la sociedad de los adultos y porque el presente ya no puede garantizarles ni asegurarles un futuro laboral definido y estable. El uso y las prácticas que hacen de las tecnologías les permiten enfrentar esa incertidumbre. Las tecnologías funcionan —al menos en la imaginación— como instrumentos para controlarla.

La red es la única cuota de “poder” efectivo que los jóvenes experimentan. Aunque su eficacia sea solo simbólica, no deja de ser relevante en los espacios donde se mueven cotidianamente. La ilusión de poder se expresa y se ejerce de varias maneras.

Primero, en la posibilidad de conexión-desconexión, es decir, decidir cuándo quiero “ser visible” y para quién; y cuándo quiero “ser invisible” y para quién. Segundo, en el recurso de la navegación “infinita”, que se traduce en el placer de descubrir y conquistar mundos diversos, contrastantes, extraños e inquietantes sin moverse de las certezas del hogar y sin correr riesgo alguno. Y tercero, y fundamentalmente, en la producción de contenidos y la manipulación de la realidad virtual: levantar y derrumbar un imperio en minutos en un juego de estrategia, invadir la privacidad de un compañero ingresando a su cuenta, manipular un “_software_ libre”, diseñar una página, crear un blog o fundar una comunidad, imponer o censurar contenidos, establecer las reglas de su funcionamiento y decidir quién puede ser parte o no de ella.5

Los chicos se trasladan del mundo real al espacio virtual con total naturalidad. Abren y cierran las ventanas de la pantalla como si abrieran y cerraran las ventanas de su propia casa

Este particular vínculo de los adolescentes con la tecnología define una nueva manera de hacer y de ser, una cultura diferente y una forma distinta de encarar su relación con los demás, especialmente con sus amigos.

“Internet les ofrece una oportunidad para aprender del otro porque la web vehiculiza representaciones de la otredad y, al mismo tiempo, de la propia identidad”.6 También les permite construir una relación con el otro —sus pares— en un espacio más libre, para hablar de temas que de otra manera no abordarían. La comunicación por internet es un espacio propicio para compartir secretos y confidencias difíciles de expresar en persona. La mediación electrónica, la ausencia de imagen física y la anulación de la dimensión corporal permiten a los adolescentes hablar de sí mismos con menos inhibición, con mayor autenticidad y evitando el cara a cara y el juicio valorativo de sus pares. Internet genera en ellos nuevas sensaciones de libertad y de autonomía, que rara vez experimentan en otras esferas de su vida diaria. De alguna manera, los jóvenes sienten que en la web no existen las limitaciones; es, posiblemente, el único espacio en el que se sienten en verdad independientes.

La tecnología —junto a otros cambios sociales y económicos— está transformando la vida actual de los jóvenes. “Los adolescentes están experimentando nuevas sensaciones sobre su autonomía, sobre el derecho a tomar sus propias decisiones y hacer sus propias elecciones, a seguir su propio camino a través del descubrimiento y la acción antes que copiar las indicaciones que reciben de los adultos”.7

Las tecnologías generaron una nueva cultura juvenil. Afectan los modos en que los adolescentes estudian, se divierten, se comunican, se expresan, sostienen amistades o establecen estrategias de seducción. “Las redes sociales que antes se tejían en los clubes, en las plazas, en los locales de comida rápida y lugares de encuentro nocturno, hoy se articulan en blogs o redes sociales, lo cual da a los adolescentes una autonomía diferente”.8

Como dijimos, la identidad adolescente no puede entenderse sin los amigos. Un elemento central para comprender la conformación de los mundos juveniles son los espacios de encuentro con el grupo de pares. La identidad de los adolescentes no podría definirse si no la insertáramos en el contexto más global de sus relaciones sociales, más allá del reducido círculo familiar. Es imposible ignorar la relación del joven con sus pares. La figura del adolescente difícilmente se entiende sin los amigos porque la relación con ellos contribuye a la definición de sí mismos. Sin ellos, como ya explicamos, tampoco es posible entender el uso que los adolescentes hacen de las tecnologías. Efectivamente, internet ha generado nuevas formas de sociabilidad juvenil. La web no es una barrera “autista” porque no aísla ni margina a los adolescentes. Muy por el contrario, es un fuerte soporte de esta nueva sociabilidad juvenil.

El supuesto efecto de soledad o aislamiento provocado por los medios de comunicación no es tal. Los medios y las tecnologías, insistimos, han generado nuevas maneras de relacionarse entre los jóvenes. De hecho, los adolescentes de hoy son la primera generación que dispone de tanta variedad de instrumentos tecnológicos solo para comunicarse.

Los medios y las tecnologías en la vida de los adolescentes son siempre complementarios y no excluyentes, y cada uno tiene, en la percepción de los jóvenes, su propia funcionalidad. Así, los adolescentes dicen que usan el teléfono de línea para la tarea escolar, un mensaje de texto para una pregunta puntual, el chat para arreglar una salida, y el blog y las redes sociales para contar cómo va su vida personal.

Los límites entre el offline y el online, sin embargo, no están tan claramente definidos entre los adolescentes. Entran y salen permanentemente de ambos universos con mucha facilidad, y en algunas ocasiones, incluso, estas dos realidades se superponen. Pueden estar en el mundo virtual y aun así no dejan de estar conectados con el real. Y, otras veces, aunque estén en el universo real, suelen tener siempre una conexión abierta con el virtual. Una adolescente puede estar chateando por el WhatsApp o contestando comentarios en Facebook y, simultáneamente, prestar atención a lo que dice su mamá sobre la cena de la noche, o leyendo su carpeta para hacer la tarea escolar. Los chicos se trasladan del mundo real al espacio virtual con total naturalidad. Abren y cierran las ventanas de la pantalla como si abrieran y cerraran las ventanas de su propia casa.

Ningún joven se pregunta cuáles son las fronteras que marcan el final de un mundo y el comienzo del otro porque en realidad nadie advierte la necesidad de separarlos: ambos forman parte de la vida. Es un presente continuo: están dentro de la casa y al mismo tiempo trascienden sus límites; participan, simultáneamente, de lo íntimo y de lo público.

Los adolescentes cierran la puerta de la habitación y abren las ventanas de la virtualidad. Internet no sustituye el mundo palpable, sino que cabalga sobre él. No dejan de estar conectados a la red aunque hayan interrumpido su conexión física y no dejan de estar conectados con el mundo real aunque estén físicamente conectados a la red. Los jóvenes se mueven en dos mundos de experiencia diferentes pero que no son vividos como antagónicos, sino como continuos, convergentes y complementarios.9

Efectivamente, desde la aparición de internet, en especial de la web 2.0, la relación entre lo público y lo privado se ha transformado. Los límites de lo que se dice y se muestra se han ampliado. ¿Qué significa “público” hoy? ¿Qué quiere decir “privado” en este contexto? Las fronteras entre ambos conceptos, sin duda, se han desdibujado.

En internet, personas desconocidas acompañan el relato minucioso de una vida cualquiera, registrada por su protagonista mientras va ocurriendo. Día tras día, hora por hora, minuto a minuto, con la inmediatez del tiempo real, los hechos narrados por un yo real se pueden ver de manera instantánea en las pantallas de todo el planeta: “es la vida tal cual es”. Se ha desencadenado un festival de “vidas privadas” que se ofrecen ante los ojos del mundo. Las confesiones diarias están ahí, a disposición de quien las quiera husmear. Basta con hacer un clic. Millones de usuarios se han apropiado de las diversas herramientas disponibles online y las utilizan para exponer públicamente su intimidad. Los muros que solían proteger la privacidad se resquebrajan. Ahora la intimidad está a la vista de todos. La intimidad deja de ser un territorio del secreto y el pudor para ser un escenario donde cada uno puede poner en escena el show de su personalidad.10

En este nuevo contexto se entiende, entonces, que los adolescentes recurran a los blogs o a las redes sociales para contar sobre sí mismos, relatos sobre su cotidianeidad que describen sus rutinas diarias, llenos de información sobre sus vidas, que quieren compartir con sus pares.

Los blogs y las redes sociales han revolucionado los lugares de intimidad. Para las nuevas generaciones, la intimidad se ha desplazado a la web. “Los jóvenes han instalado su intimidad en el espacio más público de la sociedad. El resquebrajamiento de la división entre lo privado y lo público impone repensar la rentabilidad explicativa que estas categorías tienen para los jóvenes”.11

Para los adolescentes —al igual que para muchos adultos— no parecen existir diferencias entre lo público y lo privado. Posiblemente porque los jóvenes no piensan en la privacidad, al menos tal como la conciben los adultos. La mayoría de los adolescentes no imagina por qué un extraño a quien no conocen y no los conoce estaría interesado en leer su blog o su perfil en una red social. En su imaginario, solo quienes los conocen (o son conocidos de conocidos) leen sus páginas web personales (blogs o perfiles en redes sociales). Lo privado no existe como planteamiento porque para ellos las audiencias de sus blogs son solo sus pares.

Publicado por Este País

1 Rosana Reguillo, Emergencias de las culturas juveniles: Estrategias del desencanto, Norma, Bogotá, 2000.

2 Néstor García Canclini, “La modernidad en duda”, 2006, inédito.

3 Dominique Pasquier, La culture des sentiments: L’experience télévisuelle des adolescents, Éditions de la Maison des Sciences de l’Homme, París, 2005.

4 Rosalía Winocur, Robinson Crusoe ya tiene celular, Siglo XXI, México, 2009.

5 Ib.

6 Liesbeth de Block y David Buckingham, Global Children, Global Media: Migration, Media and Childhood, Palgrave-McMillan, Basingstoke, 2007.

7 David Buckingham, “Introducing Identity”, en David Buckingham (editor), Youth, Identity and Digital Media, MacArthur Foundation, Cambridge, 2008.

8 Marcelo Urresti, Ciberculturas juveniles, La Crujía, Buenos Aires, 2008.

9 Rosalía Winocur, Ciudadanos mediáticos: La construcción de lo público en la radio, Gedisa, Barcelona, 2008.

10 Paula Sibilia, La intimidad como espectáculo, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2008.

11 Gabriel Medina, “Tecnologías y subjetividades juveniles”, en Rossana Reguillo (compiladora), Los jóvenes en México, Fondo de Cultura Económica, México, 2010.

Periódico Mural

LA CLASE

Usos múltiples

Orientación educativa

Deserciones

Re-creo

Tarea

Sala de Maestros