Estudiantes_michoacanos
Sala de Maestros

Heterogeneidad, interculturalidad y educación

G. Arturo Limón D.


Memoria y estudiantes

La historia es el recuento de la memoria para evitar el olvido y de cierto que el pueblo de México tiene memoria, tiene pasado, tiene una historia inacabada, siempre en proceso, siempre en la búsqueda de una identidad que no se somete a otra, sino se autoconstruye en el desafío de la lucha permanente, como pocos espacios Michoacán dentro de este México Nuestro, —hoy tan asediado por sus riquezas como en el pasado, —se levanta y lucha, en consecuencia es hora de que veamos el rostro de los jóvenes estudiantes normalistas golpeados, como lo fueron sus antepasados por no someterse al imperio de la época los recios purépechas fueron remontados como los raramuris ayer hoy cuando se niegan a aceptar la imposición del acuerdo secretarial de la SEP que les hace obligado aprender inglés y computación de manera Fast track, se les pide a cambio perder la memoria de lo que en su pasado fueron, para intentar de nuevo llevarlos otra vez a un futuro que no les dará esperanza de ser. Es necesario expresar nuestra solidaridad aquí, no solo con esos jóvenes, sino con un país que corre el riesgo de la desmemoria y de perder, lo digo claro, su lugar como entidad soberana en la historia. G.A.L.D.
Hubo 176 estudiantes detenidos, tras los operativos realizados por la Policía Federal para recuperar el control de tres escuelas normales del estado, varios tenían golpes; fueron llevados a Morelia.

MEMORIA

Quienes transitamos como espectadores el movimiento estudiantil del 68 o padecimos el oprobio de los agravios que nos propinaron los Halcones en el 71, no podemos cerrar los ojos a la realidad de lo sucedido el lunes por al madrugada en Michoacán. Imposible, de hacerlo dejaríamos de tener memoria y desconoceríamos nuestra historia, lo que paso en el desalojo violento a los jóvenes normalistas de Michoacán, es un agravio a todos, una vez mas el gobierno federal encabezado por un michoacano que llegó por la puerta de atrás se suma a un gobernante estatal de un viejo cuño y feroz garrote a juzgar por lo ahí sucedido y golpean a los muchachos y encarcelan a 167 que a fuerza de la acción y reacción de la sociedad michoacana que sale en mas de 50 mil personas a la calle a manifestarse han ido liberados, aun cuando al momento de escribir estas líneas hay aun ocho joven estudiantes presos en el Cereso de Morelia.

De verdad no importa si vivimos en Chihuahua Tijuana, Reynosa, Oaxaca o Villahermosa. Lo que les paso a los jóvenes normalistas, bárbaramente golpeados, no puede ser dejado pasar, no es de esa manera como se va lograr la concertación de una sociedad tan diversa como la que se ha estado construyendo desde que el siglo XIX, cuando se constituyera el Pacto Federal, aquel 4 de octubre de 1924 cuando se promulga la Primera Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos que somos.

Por ello, es necesario valorar lo que sucedió y sucede en Michoacán para lo cual me permito referir la crónica cercana que hace Eduardo Hernández;

“El curso seguido por el conflicto en las Normales de Michoacán obliga a pensar los hábitos del movimiento social y los usos del ejercicio del poder. Un problema de carácter estrictamente educativo se ha escalado, primero con medidas de presión social y después con la violencia policiaca y violaciones a los derechos humanos, hasta incorporar a otros grupos de Michoacán como la Sección XVIII magisterial —cuyas oficinas fueron allanadas y detenidos su dirigente actual y el anterior, entre otros maestros—, estudiantes universitarios y comunidades indígenas, y extendiendo la protesta social a otras entidades del país y a la opinión pública nacional. Un conflicto, entonces, que podía haber sido evitado a través del manejo político y que de manera increíble ha llevado, como otros anteriormente, a un ambiente de enrarecimiento político y a la división y a la polarización social.

Valdría la pena analizar con detenimiento las raíces de un problema como éste y no atender sólo sus consecuencias más evidentes. La versión más difundida por los medios, y la más simplificadora, es la de que los normalistas michoacanos se oponen a la Reforma Curricular porque “se niegan” a aprender inglés y computación. La versión de los estudiantes es bastante diferente. No se oponen por principio a una reforma curricular que saben ya decidida desde las instancias educativas federales sino que solicitaron al gobierno estatal el aplazamiento de su aplicación. No tienen en este momento ni el profesorado ni el equipamiento necesario para la nueva reforma; pero sobre todo quisieran participar en la adecuación de sus contenidos, que consideran decididos y aplicados verticalmente y que no incorporan elementos de las culturas regionales, fuertemente arraigadas en muchos casos, como en el de Michoacán. Inglés y computación, bien; pero prioridad a otras necesidades más directamente relacionadas con su práctica profesional en comunidades rurales e indígenas. La respuesta de las autoridades fue la que ha expresado el secretario de Educación, José Ángel Córdova, para quien la negociación se presenta como ceder a un “chantaje”: la reforma a las Normales no tiene marcha atrás y se seguirá aplicando conforme fue publicada oficialmente.

¿Y el gobierno estatal? ¿Puede o no decidir medidas como el aplazamiento o adecuación de una reforma educativa a las necesidades locales? Si no es así, ¿la descentralización educativa se hizo sólo para que las entidades sean ejecutoras de las políticas decididas centralmente? De la respuesta a estas preguntas depende en mucho el deslinde de responsabilidades entre los dos órdenes de autoridad en éste y otros conflictos y, en su caso, la revisión de la descentralización operada hace ya varios sexenios.

La ausencia de respuestas por las autoridades, o su rigidez, resultan en todo caso decisivas para el escalamiento del conflicto y de los métodos de lucha de los normalistas. Los normalistas hicieron pública su solicitud de diálogo directo con el gobernador Fausto Vallejo, que nunca fue complacida. Un recurso de distensión que no fue agotado en más de un mes que duró el paro estudiantil. “Tenemos el mandato de que la reforma va porque sí, ya que no tendrían los muchachos avalados sus estudios”, fue la respuesta de la secretaria de Educación en el Estado, Teresa Herrera Guido. Como trasfondo, la drástica restricción presupuestal en el Estado y la amenaza de no cubrir las necesidades financieras del sector en éste ni en los próximos años.

Los paristas afirmaron siempre tener una propuesta alternativa al plan de estudios que entró en vigor el 10 de septiembre, sustentado éste en la formación por competencias. Nunca fue discutido públicamente ni llevado a foros por las autoridades.

Para un sector, seguramente amplio e inducido de la opinión pública, resulta cómodo equiparar cualquier forma de la protesta social con actividades delictivas (consúltese el artículo “El signo de la restauración”, de Gustavo Ogarrio, en La Jornada Michoacán del 18 de octubre). Pero ni la toma de vehículos ni su destrucción fueron la medida inicial de presión, sino la ocupación y paro en las propias dependencias. Durante más de un mes de paralización los estudiantes realizaron marchas y otras formas de expresión, siempre con las mismas respuestas. Vinieron después, con motivo de la conmemoración del 2 de octubre, la toma de vehículos y la toma de casetas de peaje en las principales arterias viales del estado. Si corresponde, como es, a las autoridades ofrecer respuestas oportunas y viables a las demandas de los diferentes grupos y segmentos de la sociedad, para evitar la exacerbación de la protesta y modular las formas de manifestación, evitando la afectación al resto de la sociedad, en este caso esa operación política no funcionó. Es ese el contexto social y político de los ilícitos cometidos por el grupo de normalistas, que deberá ser valorado por los jueces y que separa a los inculpados de las prácticas netamente delincuenciales. Lo asombroso, y aún indignante, es que se haya permitido al conflicto llegar hasta los límites que llegó…

…Pero cierto es también que el número y la gravedad de los conflictos sociales irresueltos se incrementan sin encontrar salidas institucionales. Al lado de las Normales se encuentran problemas como el de los telebachilleratos, la Universidad Michoacana —en donde también, a la cerrazón se suman las acciones represivas y liquidacionistas contra los grupos disidentes—, la delincuencia en las comunidades de la Meseta que ahora eclosiona en Urapicho como antes en Cherán, y varios más, y que perfilan un escenario de creciente insurgencia social que fácilmente puede conducir a una espiral de radicalización, no tanto en las demandas como en los métodos para apremiar y emplazar a las instancias de poder.

Frente a este escenario, la respuesta más riesgosa es la que se ha elegido, la de la contrainsurgencia, la de la aplicación de la fuerza dirigida pero sin dosificación acompañada del manejo mediático de la opinión pública con el objeto de apagar represivamente a los grupos emergentes. Es ésa la que se ha aplicado en el caso de las Normales y la que amenaza con generalizarse en el periodo inmediato. Aplaudirla no conduce ni a la concordia ni a la solución de la conflictividad sino a involucrar a la sociedad en la toma de posición frente a acciones de fuerte autoritarismo. Nadie más obligado que los poderes públicos a responder por sus acciones frente a la sociedad y a respetar los derechos individuales y los sociales. La falta a esa obligación atenta más que cualquier otro factor contra la normalidad y la conciliación social” 1

Si asumimos como cierto la expresión de que “La verdad os hará libres” atenderemos a esta verdad expresada por Hernández, la verdad sin el maquillaje ese que en los medios televisivos o impresos acomodados al poder en turno nos venden, dándonos una visión deformada que sataniza a los estudiantes, eso es inaceptable si he de recordar a los a los del 2 de octubre, a los del 71 y a los de las normales de Michoacán prefiero bien emplear solo un elogio mismo que escuche alguna vez en al voz de la inolvidable Mercedes Sosa y que aquí les comparto;

ME GUSTAN LOS ESTUDIANTES

Que vivan los estudiantes,
Jardín de nuestra alegría,
Son aves que no se asustan
De animal ni policía.
Y no le asustan las balas
Ni el ladrar de la jauría.
Caramba y zamba la cosa,
Qué viva la astronomía!

Me gustan los estudiantes
Que rugen como los vientos
Cuando les meten al oído
Sotanas y regimientos.
Pajarillos libertarios
Igual que los elementos.
Caramba y zamba la cosa,
Qué viva lo experimento!

Me gustan los estudiantes
Porque levantan el pecho
Cuando les dicen harina
Sabiéndose que es afrecho.
Y no hacen el sordomudo
Cuando se presente el hecho.
Caramba y zamba la cosa,
El código del derecho!

Me gustan los estudiantes
Porque son la levadura
Del pan que saldrá del horno
Con toda su sabrosura.
Para la boca del pobre
Que come con amargura.
Caramba y zamba la cosa,
Viva la literatura!

Me gustan los estudiantes
Que marchan sobre las ruinas,
Con las banderas en alto
Pa? toda la estudiantina.
Son químicos y doctores,
Cirujanos y dentistas.
Caramba y zamba la cosa,
Vivan los especialistas!

Me gustan los estudiantes
Que con muy clara elocuencia
A la bolsa negra sacra
Le bajó las indulgencias.
Porque, hasta cuándo nos dura
Señores, la penitencia.
Caramba y zamba la cosa,
Qué viva toda la ciencia!
Caramba y zamba la cosa,
Qué viva toda la ciencia!

1 Eduardo Hernández, Ante la insurgencia social, ¿contrainsurgencia oficial? Cambio de Michoacán 19 de octubre del 2012.

G. Arturo Limón D.
G. Arturo Limón D. Miembro del Cuerpo académico de Sustentabilidad UNAM, y Miembro de la Comisión de Educación en Mesoamérica de la UICN. Profesor investigador de la Universidad Pedagógica Nacional de Chihuahua UPNECH

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