Usos múltiples

El timbre de las ocho

Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán
Armando Meixueiro Hernández


¡Salud, por los vericuetos de la salud!

I

César siempre procura tener buen ánimo, pero a veces se descorazona ante un mundo superficial y con frecuencia mentiroso. Por ejemplo, Dani, un compañero maestro, le ha contado que una de las cosas que más le ha sorprendido de sus alumnos de medicina es que ahora muchos de ellos se quieren dedicar a la cirugía plástica. No al apostolado de la salud ni a colaborar por el completo estado de bienestar de las personas, sino a la búsqueda de la nariz perfecta, el abdomen plano, los labios carnosos y la frente limpia de arrugas, previa visita a la caja para abrir la cuenta de la tarjeta bancaria.

II

De la misma forma una catedrática argentina le había comentado en una reciente presentación de Revistas, que la nueva emigración de sudamericanos a México, ya no era por motivos políticos o de persecución ideológica sino por un solo motivo: hacer dinero, descompuesto en tres unidades de negocio, a saber—le dijo la crítica “Mafaldita”—: poner locales de comida en las colonias Roma o Condesa de la ciudad de México; dedicarse a alguna variante del espectáculo y el divertimento social; y/o, poner grandes tetas y traseros en clínicas de dudosa reputación.

III

Sin embargo, lo que más molesta a César es la mentira: el gobierno del presidente, que ha gobernado, y que, comunicando a través de algunos spots, sostiene que disponemos de cobertura total a servicios de salud en todo el país. Lo que equivale a decir que alguien que se enferma tendrá que ser atendido en forma expedita, con eficacia, eficiencia y con calidad y calidez y preferentemente en forma gratuita, sin seguro pagado que medie la atención.

César piensa en la última vez que tuvo una emergencia médica, al llevar a un alumno con la ceja abierta a un hospital público, esperando casi ocho horas para ser atendido después de ser rechazado de otras clínicas, por no ser una emergencia, prácticamente en el centro de la ciudad más grande del mundo; ¿qué le hubiera pasado al niño en la selva Lacandona o en cualquier zona apartada de la geografía nacional?

¿Por qué mienten los políticos?—se pregunta César.

IV

César se recuerda haciendo una revisión para la aséptica clase de Análisis curricular, contando qué planes curriculares de las Escuelas y Facultades de medicina incluían en su plan de estudios la materia de Educación para la salud en forma pertinente, clara, contextuada y significativa. Ninguna de las instituciones pasó la prueba, ni siquiera las que presumían de trabajo comunitario y comprometido. Era una materia de relleno o en algunos casos, optativa o prescindible.

Un médico le comentó a César:

—Allí no está el dinero. Es más: enseñar eso atenta contra la práctica médica actual; no es negocio.

V

En cierta ocasión, César fue invitado como extremo volador en un equipo de futbol rápido con los profesores Miguel Ángel, Armando, el Tona y los chavos administrativos. Los viernes en la tarde se jugaba en una liga cercana al Instituto en el que laboran. César piensa que lo que no hicieron los gobiernos, sí lo han hecho algunos particulares con iniciativa y visión de negocio: poner canchas de futbol—el deporte con mayores seguidores— por toda la ciudad en menos de una década. Gente de todas las edades y sexos se ejercitan así, pagando por su cuenta: uniformes, fracturas, rodilleras, lesiones, arbitrajes, inscripciones, espinilleras, calcetas, balones, registros, tarjetas amarillas y rojas cuando las hay, etc. Todo corre por cuenta del que apueste a la salud, jugando y jugándosela de ese modo.

Miguel Ángel, en la cancha, un día se le acercó a César durante el calentamiento, y indicó con la mirada puesta en un niño que los acompañaba en el ejercicio previo:

—Ves ese niño gordito, esa es la tragedia del país, que ya no podemos dejar de ver. Un país de niños obesos con propensión a un sin número de enfermedades.

El Dr. Mauricio Tenorio llama a este fenómeno sociológico simplemente gordura de Walmart.

VI

César, religiosamente, antes de acostarse toma un vaso de agua embotellada. Al levantarse procura hacer lo mismo. Lo leyó en una presentación enviada como mensaje en el correo electrónico. Ha leído miles de mensajes sobre la salud pero a la mayoría no les hace caso: litros de agua que se deben tomar diariamente, refrescos de cola que se adhieren como coral a las partes del cuerpo, productos químicos dañinos en los alimentos light, etc. También hay un correo electrónico que se burla de todos esos consejos. César cree que son enviados con la mejor intención, sin embargo la mayoría de las ocasiones borra esas recomendaciones virtuales.

VII

César se entera por el periódico que somos el país número uno en consumo de refrescos de cola, y de los primeros en diabetes y obesidad por habitante en el mundo. Entonces se pregunta:

—¿Quién educa para la salud?

Por supuesto, en primer lugar la familia, y sobre todo hace veinte años; La célula de la sociedad le enseña a los hijos no sólo qué comer, sino qué alimentos les pueden ayudar para una mejor nutrición: los cítricos como proveedores de vitamina C, los frijoles con Hierro, el huevo da proteína, el calcio de la tortilla y leche para los huesos y dientes, el cereal como fibra y un largo etcétera, que pasa por frutas y verduras. Pero en el momento actual, que los padres de familia están más ocupados en mantener dos trabajos y llevar dinero a casa,

—¿Quién educa en salud?

La escuela y los maestros. Respuesta correcta, pero basta ver el proceso anoréxico por el que están pasando los planes, programas y los libros de texto para enterarse que las recomendaciones de higiene, salud y alimentación se han casi extinguido del sistema educativo nacional.

—¿Quién educa para la salud?

Los medios y en particular la publicidad, pero entonces César piensa que la función de los medios es vender, no educar. El escéptico profesor vuelve a leer la noticia y comienza entender. Lo que no puede comprender es cómo la compañía refresquera —mejor posicionada que cualquier marca— puede reforestar y al mismo tiempo dañar a la gente.

VIII

México, en este nuevo siglo, está enfrentando serios problemas de salud a los que no siempre se les han dado respuestas eficientes, sociales, pertinentes o eficaces políticas públicas… La sociedad mexicana está padeciendo altos índices de diabetes, hipertensión, obesidad y sobrepeso… Amén de otros padecimientos también relacionados con la salud, la morbilidad y la mortalidad de la población tales como drogadicción, violencia, estrés, desnutrición que también afectan la salud.

Lo anterior plantea, desde el punto de vista social y educativo, profundas interrogantes sobre lo que está ocurriendo con nuestras vidas, familias, escuelas e instituciones. Por ejemplo: ¿Qué está sucediendo en este país con respecto a la educación para la salud? ¿Hay realmente una política decidida para prevenir enfermedades? ¿Cómo estamos concibiendo el cuerpo humano? ¿Qué podemos hacer los educadores para transformar y reinterpretar nuestra perspectiva con respecto a la salud y el cuerpo humano?¿Qué anécdota, historia, relato o acción podemos documentar referida a la atención de la salud que sea una lección de vida? ¿Qué medidas tomamos para no enfermarnos y por qué? ¿Qué opinión nos merecen los seguros, médicos, los populares y la atención en los servicios de salud para los trabajadores del estado y en general?¿Estamos hoy más educados en materia de salud, que antes de la cultura del internet? Estas son algunas preguntas que empieza a retomar esta edición de la Revista electrónica Pálido.deluz.

Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán
Director de Pálido Punto de Luz

Armando Meixueiro Hernández
Director de Pálido Punto de Luz

Víctor Miguel. 30 de Octubre de 2012 10:32

Otro de los grandes temas alcanzados por el neoliberalismo: lucrar con las necesidades insustituibles es una mina de oro inagotable. Seguramente a César le molestará tanto como a mí la gran falacia del “seguro popular”; aunque el sistema de salud nacional nunca ha tenido una cobertura total, la otrora “salubridad y asistencia” brindaba atención médica hospitalaria casi gratuita y en muchos casos gratuita a toda la población que la solicitara, entonces, ¿qué relevancia tiene el seguro popular?, ¿es lo mismo pero ahora pagando?…es cierto, la educación para la salud va en contra de hacer dinero y corre la misma suerte que la educación artística, la educación ambiental y recientemente la historia.

abelroca. 01 de Noviembre de 2012 12:43

Malthus parece tener la respuesta a tantas preguntas;sobran humanos, por lo menos todo parece indicar que los dueños de los grandes negocios quieren acabar con su clientela. Entre mas global es cocacola, choncha es wallmart, su clientela se ensancha amenazando reventarse ¿a quiénes venderán sus heces tales mercaderes en un futuro inmediato? Ss una lástima que tales engendros ignoren unos cursos en educación para la salud o en mercadeo básico. El colmo es que ya anuncia tal empresa refresquera global que su último mayor competidor es ese líquido proteínico, glucido y lípido natural, de pálido color que producen unas inmundas vacas. Ver para creer. Xss

Salvador Reveles. 13 de Noviembre de 2012 14:49

Sin lugar y a dudas este nuevo cuento de “El seguro popular” que genera buenos frutos económicos a las carteras de unos cuantos nos remonta a una historia sin trancendecia humana con perfiles degenerativos de nuestra propia especie. La ignoracia intimida cada vez más al ser por deber y no saber “deber ser” Hoy como todos los días, regresas de esas arduas batallas contra el Yo, el Hoy Soy y Soy Hoy Para. Los mestros y los alumnos necesitamos aprender, aplicar y enseñar Administración básica personal

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