Cartel_foro_nacional_por_la_regeneracion_socioambiental
Sala de Maestros

Cuentos en el muro

Irene Montes de Oca Rosales


El día del maíz

Monserrat González, conoce a Benjamín Rojas, en la presentación de su libro “Posibilidades socio ambientales” en la FIL de Minería. Desde el primer momento, ambos se reconocieron, los dos son docentes; uno en la UAM Azcapotzalco y ella en la Escuela Nacional de Trabajo Social de la UNAM.

Monse, como la llaman todos sus alumnos, lo invita a la celebración del Día del Maíz, evento del cual ella es la organizadora. Benjamín se compromete y asegura que no va a faltar; la fecha: el día 25 de septiembre de este año.

Monserrat es una mujer que nació para regalar; regala consejos, regala sonrisas, regala su cálida presencia en cualquier asunto que tenga que ver con la defensa de los árboles, las plantas, la milpa, los niños, la gente. Toda su vida ha sido para enseñar a quienes han tenido la fortuna de acercarse a ella; como docente y como amiga, por eso, cuando conoció a Benjamín Rojas, de inmediato lo quiso tener cerca, como intuyendo que el maestro vive una vida atormentada entre Ana, Estela, las universidades privadas, la pistola de su abuelo y sus coches viejos.

Una vida agitada la de Benja, que se levanta todos los días con la idea de “pasarle la estafeta a sus alumnos”.

Esa habilidad femenina, hizo que Monse quisiera hacerlo partícipe de su festejo del maíz, que tan bien le sale, para regalarle la posibilidad de conocer los secretos de los comuneros del Ajusco que lo mismo llegan al auditorio Sánchez Rosado para hablar de lo que significa para ellos el maíz, y la milpa, que en un dos por tres encienden sus braseros con carbón y se instalan en la entrada de la Escuela para compartir con estudiantes, trabajadores y profesores con tlacoyos, quesadillas, chile atole, tamales y por supuesto, elotes cocidos, asados o desgranados en deliciosos esquites.

Benjamín llega a C. U. las 11:00 en punto para encontrarse con Monse.
Ella lo presenta con Joaquín, un chavo de Filosofía y Letras que tiene una videoteca y que cada año apoya a Monse a organizar los talleres, la música, y la comida con los campesinos, quienes para no variar, como cada año, se les terminan los elotes, y Joaquín corre por ellos, se les termina el carbón, y él mismo va por más.

En fin, que mientras Joaquín y Benja colocan las mamparas con las fotos de las milpas, los elotes, los guajolotes, el frijol de colores y los cerros verdes y hermosos, platican sobre las películas que vende o presta Joaquín.

Al profesor Benjamín, le interesa Underground de Kusturica, La Lengua de las mariposas, Johnny tomó su fusil y Actas de Marusia, títulos que Joaquín conoce muy bien y se ponen de acuerdo para verse al día siguiente.

Para Monserrat, todo esto del cuidado al medio ambiente, sus clases en la ENTS y sus conferencias con Cristina Barros y el Doctor Zambrano (el de los ajolotes de Xochimilco), la mantienen muy ocupada.

Los tres ecologistas, más quien se acumule en el día, y en todo foro que les pidan, hablan sobre el impacto social y ambiental que va a ocasionar la destrucción de La Loma a causa de la super vía. Tal vez el equilibrio vital entre todas estas actividades, son sus hijas, su esposo y sus hermanas, elementos muy subjetivos en la historia del maestro Rojas.

Termina el primero de los dos días del evento del maíz, y Benjamín ofrece a Monse su ayuda para guardar los carteles y la papelería utilizada en ese día.

En la oficina de Monse que se encuentra en el segundo piso de la ENTS, en el área de postgrado, Benjamín descubre otra habilidad de la maestra. Ella fotografía y dibuja todo lo que puede, sus fotos reflejan una gran sensibilidad, y su oficina está colmada de ellas. Al maestro le atrae la mirada del Che Guevara que tiernamente lo contempla, el cuadro de papel picado con el nombre de “Monse” cubierto de banderitas de papel minúsculas y rodeado de cañas y hojitas de frijol, el plato con mazorcas de maíz rojo, azul y pinto al que alguien le colocó encima una abeja de cera que brilla con la luz del sol; y en la puerta, un poncho argentino colgado de un gancho, —pa`l frío dice Monse—

A través del ventanal, Benjamín observa las jacarandas, los alcanfores, las bungambilias y los duraznos que sirven de refugio a los moradores de esa casa—escuela.

En su abstracción, Benjamín no se da cuenta de que Monse le muestra una libreta en la que dibuja a lápiz escenas cotidianas de la gente que se cruza por su camino, y lo que surge de su lápiz es muy dulce; logra captar la esencia misma de sus involuntarios modelos.

El maestro Benjamín Rojas aborda el metrobus C U hacia Buenavista, y en el camino va repasando los momentos que ha vivido en esos dos últimos días de su vida.

Se siente afortunado por haber asistido a la Feria Internacional del Libro a la que sólo quería ir para saludar a Heraclio Zepeda que hacía años que no sabía de él, y ahora presentaría un libro: “Tocar el fuego”, y heme aquí, pensó para sus adentros, regresando a casa con la promesa de tener al fin cuatro películas que tanto anduve buscando, y en mi portafolios, folletos, trípticos y recetas de maíz que Monse le había regalado.

¿Qué mujer es esta?, se preguntó, que me acompaña a comer un tlacoyo de haba con un Boing de mango, y para el camino, me regala un chocolate argentino y un mate con todo y su bombilla.

Octubre del 2012

Irene Montes de Oca Rosales
Licenciada en Trabajo Social y estudiante del Diplomado en Educación Ambiental de la Unidad 095 de la Universidad Pedagógica Nacional

Heladio. 02 de Noviembre de 2012 16:04

Bien, muy bien, te felicito, muy ameno, muy bien llevado, de principio a fin. Incipiente Escritora

Alma. 25 de Noviembre de 2012 23:39

Ah!, me gustó mucho el paisaje que presentas, los colores, ah… me gustó.
¡Felicidades compañera!

Agregar comentario