Charrismo_sindical
Deserciones

Afilar las garras al Puma

Joel Ortega Juárez


"Charros" y "postizos"

La palabra charro la escuché miles de veces en boca de los maestros otonistas y de los ferrocarrileros vallejistas. Retrata a los aparatos de control de los trabajadores que construyó el Estado para favorecer el modelo de desarrollo capitalista a lo largo de un siglo. Sus resultados son nefastos para los trabajadores: salarios miserables, ausencia de libertad sindical, seguridad social precaria, ausencia de mecanismos de participación en la vida laboral, llegando al extremo de los contratos de protección, que firman sindicatos fantasmas con los patrones. Es una verdadera camisa de fuerza que ha maniatado a los trabajadores. Baste señalar que las huelgas son casi inexistentes a lo largo de un siglo y las que se han realizado han sido reprimidas por el Ejército y la policía.

Por el contrario, los líderes sindicales son millonarios e impunes.

Los beneficiarios directos de este control corporativo son los patrones y el Estado.

La palabra postizos la usaba Rafael Galván para referirse a los dirigentes sindicales impuestos a los trabajadores.

Ambas palabras, charros y postizos, describen muy bien a ese nefasto fenómeno que siguen padeciendo los trabajadores y que se va a prolongar con la aprobación de la reforma laboral.

La suplantación que vivimos ha permitido que el fenómeno de los postizos se haya propagado a toda la estructura institucional y los poderes fácticos.

Prácticamente toda la partidocracia representa los intereses de los poderosos y no es extraño que sus jefes procedan de la oligarquía o mantengan lazos de todo tipo, incluidos los familiares.

No existe un partido registrado y por lo tanto no hay en el Congreso de la Unión, ni en los estatales ni en los distintos niveles de gobierno una representación de los trabajadores. En el mejor de los casos hay algunos demagogos que se ostentan como tales. Algunos de ellos son charros.

Todo este fenómeno se convierte en una gigantesca muralla que protege los intereses de una parte dominante de la sociedad y deja desamparados a los trabajadores.

Todo lo anterior hace “normal” la aprobación de leyes que tienden a hacer más precaria la condición laboral de los diversos tipos de trabajadores, incluyendo a los de los servicios y a los que realizan un trabajo en el mundo de la educación y la cultura. Los más lastimados con estas políticas son los jóvenes.

Sin organizaciones genuinas y con aparatos de control como el charrismo y los partidos postizos, vamos hacia la restauración. ¿Hasta cuándo?

29-09-2012

Joel Ortega Juárez
Economista y pensador social

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