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Deserciones




Todos los mediocres se mueren; el idealista, no: entrevista a Tomás Mojarro

Las ocho décadas del Valedor: Todos los mediocres se mueren; el idealista, no: Tomás Mojarro

Don Tomás Mojarro cumple 80 años. Pero lo celebrará mañana. Con el añadido de que en esta ocasión el festejo coincide con el del “divino Tomás”: santo Tomás de Villanueva. Y aunque don Tomás nació en un hogar católico fanático, estuvo en el seminario y actuó como Jesucristo en una película, el detalle le parece sólo una curiosa coincidencia que lo hace sonreír.

—¿Cómo se encuentra, don Tomás, en este momento? Hace poco decía usted en un texto: “Senectud, divino tesoro…”

—Quisiera decirle que me siento viejo, cansado, que he entrado a una zona penumbrosa. Pero no. Créame: hago exactamente lo mismo que cuando tenía 25 o 30 años, aunque de alguna manera voy trabajando un poco más, voy esforzándome un poco más. A cambio, tengo más sentido de la vida.

Tres pretensiones ha sostenido don Tomás durante casi toda su existencia: una alimentación buena; que antes de dormir haya aprendido algo; y que la parte amorosa y sexual esté en el nivel de un principio, cuando se inició en estas cuestiones.

—Y lo he logrado —dice—. Mi mente está lúcida. Tengo una condición física estupenda. No tengo un kilo de más.
Hace poco me decía un taxista: “Míreme, tengo 65 años y estoy sano, como y bebo de todo…” Entonces yo le pregunté por la parte del amor y la sexualidad.
“¿Amor? Eso ya quedó atrás”, me dijo, “y en cuanto a la sexualidad, no mucho, ya uno no tiene apetencia”. Ahí pude ver la diferencia entre vida y calidad de vida. Porque se puede estar parcialmente bien, pero si uno no está enamorado, si uno no tiene penas de amor en este momento, si uno no está ávido de la sexualidad, si no tiene necesidad de saber, si no duerme bien, si no siente lo que es una sabrosa ensalada de frutas, la calidad de vida ha disminuido. Yo quisiera no presumirle, insisto, pero estoy absolutamente enterito. El mediocre es viejo. Tendrá 35 ó 40 años y ya es viejo. Ya tiene vientre fofo, en su proyecto de vida no pone mayor empeño, no tiene mucho que decir. En cambio, hay viejos jóvenes. No intento decir con ello que soy un prodigio o defenderme de los años. De verdad me gustaría decirle que me siento viejo, pero, ¿en qué?

—Cuando el hombre, el ser humano, se sostiene en eso que usted llama “horrorosísimo estado de mediocridad”, ¿es como estar muerto en vida?

—¡Por supuesto! Estos mediocres, que por cierto no son muchos, nada más algo así como el 99 por ciento de los mexicanos, no viven: sobreviven y vegetan. Lo de ellos es comer, descomer, beber un poco de licor los fines de semana y mantenerse con un trabajo como el de Sísifo: todos los días levantan el piedrón, y el piedrón cae todos los días. Ya que levantaron la piedra y la piedra cayó, se van a media tarde a su casa, encienden la televisión, se enajenan viendo episodios gringos en los que aparece el triunfador según la tabla de valores de Estados Unidos: tener cerca a una rubia y mucho dinero. Es el cartabón que ha triunfado. Se posesionan, entonces, del triunfador y en eso les dice la mujercita, que es su esposa: “Viejo, ya vente a cenar”. Y de este modo vuelven a la realidad. Ya con los amigos sólo hablan de fútbol y de política con cabeza ajena, porque repiten lo que oyen en la televisión y en la radio sin darse cuenta de que ellos no son sino voceros oficiosos del sistema de poder, que es el verdadero enemigo de las masas sociales.

Hasta aquí, y luego de casi tres mil 400 caracteres, nos tomamos la venia de dar por sentado que todo mundo, a estas alturas, sabe quién es don Tomás Mojarro. Pero como esta suposición es falsa, diremos brevemente que es periodista. En prensa escrita ha colaborado en medios como Siempre!, Ciencia y Desarrollo, Punto y Aparte, Ovaciones, unomásuno, EL FINANCIERO y Metro.

En televisión condujo el programa Trizas en Trazos, que se transmitía por canal 11. Su fuerza, sin duda, ha estado en la radio: XEQ y Radio UNAM, sobre todo. Quizás el programa que más proyección le ha dado es Domingo Seis, que se transmite los domingo de 11 a 12 horas por el 860 de AM. También es autor de libros como El cañón de Juchipila, Mala fortuna, Trasterra, Yo el Valedor (y el Jerásimo) y ¡Mis valedores! Al poder popular. Por cierto, a don Tomás también se le conoce como el Valedor (vocablo que significa, ha dicho, “el que auxilia, el que nos echa la mano”).

—Don Tomás, ¿qué le falta por hacer?

—Seguir viviendo. El imperativo básico del hombre es seguir viviendo. Porque como dijo Miguel de Unamuno: “Yo no me voy a morir”.

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—Si le digo que “yo no me voy a morir” y usted no pide explicación, va a quedar como una fanfarronada, y además estúpida. Entonces, cuando Unamuno dijo “yo no me voy a morir” significa que va a llegar la muerte, sin duda, como llegó; pero yo no “me” voy a morir. Todos los mediocres se mueren a sí mismos.
El idealista, el que siente, el que piensa, el que vive no “se” muere. La muerte va a venir, está dentro de uno, el reloj biológico es implacable. Pero Unamuno no se murió: la muerte lo alcanzó.

—Hace un momento hablaba usted de Sísifo, ¿no siente que el periodismo es un poco así, como llevar cuesta arriba una y otra vez la roca sólo para que ésta ruede hacia abajo? Lo que uno hizo o dijo hoy ya mañana es pasado.

—No. El periodismo es creativo. Y el creativo no levanta una piedra para que se caiga. Levanta una piedra que se va colocando en la cumbre de ese crestón de roca. No. Sísifo y el obrero, el oficinista, el burócrata, el mecánico alienado levantan la piedra que luego se cae. Ahí está la inutilidad. Un día más. No por falta de creatividad, sino por falta de educación. El periodista con sensibilidad construye con cada texto, con cada palabra, su trascendencia. Y la trascendencia es otra cualidad indispensable para la salud mental: el no morir del todo. El creador, pues, construye trascendencia.Y jamás…

Al despedirnos, don Tomás pide que miremos el frente de su cochera. Ahí se lee: “Puto mojarro”.

— ¿Usted cree—pregunta— que me voy a molestar por eso? No. Lleva ahí tres meses y no lo he quitado. Hay que saber quién dice qué.

Pero echemos en reversa la máquina del tiempo. Y volvamos a la casa de don Tomás. Específicamente a la pregunta de si se siente decepcionado por el estado actual de la nación…

—No. No. No. Mire: un tigre se traga a algunos campesinos amigos que imprudentemente se metieron en los terrenos del animal. ¿Va a haber decepción? No.
Es el enemigo histórico. Él hace su deber.
Me da tristeza, me da compasión, cuando dicen: “El tipo que encabeza el gobierno es un inepto”. ¡Qué ineptos van a ser! Son dañeros. El animal es predador, el individuo es depredador.

—El gobierno, ha dicho usted, pide que lo critiquen y hasta le paga a varios intelectuales por ello. ¿De nada sirve la crítica?—Salinas lo expuso con una desvergüenza bárbara: sigan exigiendo, que al fin ni los veo, ni los oigo. Sin embargo, todos siguen exigiendo. Ahí tiene, por ejemplo, a Sicilia y los del Movimiento de Paz con Justicia, Felicidad, Alegría, Amor y Buena Digestión (que creo que así se llama). Critiquen, exijan, ni los veo ni los oigo. El hombre de ideales crea estrategias, tácticas, no se va por el caminito hollado, pisoteado de exigir, mega marchar y hacer plantones. A procedimientos semejantes, ¿resultados distintos? Cuando López Obrador en 2006 llenó el Zócalo y los alrededores, en un artículo escribí: “Ya mostró usted sus armas y está perdido. Las armas de la multitud no valen nada”. Bueno, en 2012 hizo lo mismo. ¿No le enseñó nada la historia? ¿Acaso no le dejó patente que eso no fue la solución? Y no cuestiono a López Obrador para exaltar a los demás, porque si algo tiene el hombre es que por más que le buscan y le muerden los zancajos, él sigue adelante. Eso es admirable: tiene temple, carácter y es honesto dentro del pantano de suciedad que es la política. Lo que no significa que yo delegue en él o en alguien más.

—Usted dice que en el taller de lectura que imparte lo que hace es desarrollar la imaginación de quienes asisten…

—Una síntesis de lo que es la imaginación está en un maravilloso poema de César Vallejo, que dice: “¡Tanta vida y jamás!” Esos árboles, esos pájaros, si mira esos verdes y el vuelo del colibrí y los capta y los siente, eso es imaginación… ¡Tanta vida y jamás! Porque es efímero. Este momento en el que estoy sintiendo la vida nunca va a repetirse. Al rato ya todo cambió. ¡Tanta vida y jamás! (JJFN) Viviendo con la emoción asustadiza. He vivido cada día, miro hacia atrás y digo: " ¡carambas!, qué carretada de vida he vivido, nunca vegetado". Eso y haber encontrado el amor, con y por una mujer, María [Rojo], me tiene perfectamente preparado para la muerte. Pienso en este momento en otro poema, soberbio, de Antonio Machado: “Y que la muerte me encontrará desnudo como los hijos de la mar”. O sea, está siempre preparado para morir, ya no tiene equipaje estorboso ni nada […] A mi edad y con tanto tiempo vivido, todo con imaginación, con sensibilidad, diariamente viviendo con la emoción asustadiza del primer día; y con la satisfacción madura del último.

Tomás Mojarro, fragmento de ¡Mis valedores! Al poder popular.

Entrevista publicada en el Periódico El Financiero el 21 de septiembre del 2012
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