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Deserciones

Afilar las garras al Puma

Joel Ortega Juárez


La mejor defensa es el ataque

La manzana envenenada de Calderón, su iniciativa preferente de reforma laboral, contiene casi todas las exigencias patronales para hacer aún más precarias las condiciones laborales de los asalariados mexicanos.

Aunque algunos de sus defensores afirmen que se trata de poner de jure lo que ya existe de facto, como los outsourcing; de los contratos temporales en la UNAM, casi 85% de los académicos de asignatura y aun de tiempo completo tenemos contratos semestrales o anuales y después de años podemos concursar para obtener el estatus de interino, situación que existe desde hace varias décadas. También hay contratos por hora y obra determinada.

Ahora se pretende imponer la precariedad laboral como norma y no como excepción. Esa es la tendencia mundial en nuestra globalidad capitalista.

A toda esa contrarreforma se le han puesto algunas zanahorias de transparencia. A esas tibias reformas se opone el denominado movimiento obrero organizado, que no es otra cosa que el corporativismo, conocido popularmente como charrismo sindical.
Los trabajadores mexicanos no tienen, prácticamente, derechos para construir sus organizaciones.

Para crear un sindicato hay que obtener un registro de la Secretaría del Trabajo o de las instancias gubernamentales. El registro sindical ha sido una de las armas de control de los trabajadores por el Estado.

Además, los sindicatos charros tienen las llamadas cláusulas de exclusión, que les otorgan el monopolio para contratar tanto en la empresa privada como en el sector público. No solo eso tiene la cláusula de exclusión por separación, es decir, los charros pueden despedir a quien se les antoje, así lo han hecho por años contra los disidentes.

El corporativismo permite que los caciques sindicales reciban las cuotas impuestas a los trabajadores, mediante la retención directa que hacen los patrones privados y el gobierno.

No existe la libertad de afiliación. Para entrar a trabajar en una dependencia del gobierno hay que afiliarse al sindicato único, lo mismo ocurre en una buena parte de la empresa privada. Aunque el porcentaje de afiliados sindicales es bajo, donde existen sindicatos, como en la industria automotriz, le telefonía, la refresquera y cervecera, la minera, la textil: la del acero, aeronáutica, en todos esas empresas solo existe un solo sindicato.

En el gobierno el sindicalismo obligatorio y único es 100 por ciento.

Ante la reforma de Calderón se debe luchar por la libertad sindical, aquí y ahora.

22 09 2012

Joel Ortega Juárez
Economista y pensador social

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