Flautista
Sala de Maestros

Crónica de los días

Lorena Martínez


Experiencia memorable la del concierto por el XXX Aniversario de Horacio Franco en Bellas Artes.

Sábado 12 de abril del 2008, Ciudad de México. Evento histórico por la calidad del mismo y por todo lo que lo acompañó y que, desafortunadamente, la prensa parece ser no dio cuenta. Esta es mi personalísima, muy apretada y apresurada versión, hecha antes de que se me pasara la candente emoción.

Como antecedente habría que hablar de Diemecke cuando se le ocurrió la genial idea de atraer a los chavos a Bellas Artes para quitarle esa imagen anquilosada y elitista al recinto. Entonces se inventó una temporada con el nombre de la “Sinfónica va al cine” y la anduvo promoviendo en todos los medios, con énfasis en aquellos que más audiencia de chavos tenían en aquel entonces, como el programa de Brozo el payaso. Nunca en la historia de Bellas Artes había visto yo tan repleto el lugar y menos de chavos de mezclilla, banda, y toda la raza. Diemecke la supo armar en grande.

Pero ahora, Franco literalmente se voló la barda, pues supongo que su propósito era atraer a la comunidad gay a Bellas Artes. Su estrategia fue promocionar el concierto en una de las revistas para homosexuales más importantes del país, llamada Homópolis.  Ahí aparece una entrevista de él y unas fotos que ¡qué barbaridad! están tremendas de buenas; algunas de ellas aparecieron de hecho en La Jornada, que señala fueron tomadas, por la fotógrafa que hacía los atrevidos y famosos calendarios de la Trevi, que en su momento hicieron escándalo. ¡Habrá que imaginarse el impacto de su promoción! según mis cálculos ¡casi medio Bellas Artes estaba ocupado por la muy orgullosa comunidad!.

El hombre inicia su concierto con unas palabras fuera del recinto, advierte: “ya ahorita me van a ver”, y menciona: “Este concierto es para ustedes, gestores, prensa, público, por ser tan leales, lindos y maravillosos conmigo….” y cierto, el lugar está repleto y los medios pululan por todos lados. Acto seguido, aparece desde el fondo de las butacas de atrás y va saludando a medio mundo, vestido de pantalón negro entalladísimo, zapato negro de punta, sin camisa, chaleco negro con brocados, color vino chillante, musculatura impresionante y cabello peinado a la punk. En la segunda parte del concierto cambiará su vestuario por un atuendo similar pero color oro y una tremenda hebilla de piedras de fantasía con forma de corona de un rey, para el mismísimo emperador de la flauta ¡todo un personaje!.

Empieza lo mejor: el concierto. Estuvo cayéndose de extraordinariamente bueno; todas las interpretaciones fueron supremas, Bach, danzones, Beatles. Él goza, se apasiona, siente y vibra con cada nota musical; los músicos que le acompañan en el escenario lo disfrutan por igual. Tal vez el momento sublime es cuando junto con los 11 miembros de la maravillosa Capella Cervantina, interpreta el Allegro molto del Concierto en Do Mayor P 78 de Vivaldi, ¡¡¡uffff!! no hay palabras para describirlo, sólo un total sentimiento de plenitud y lágrimas que se derraman de tanta emoción. El auditorio se deshace en aplausos.

Al final del concierto una mujer le entrega un ramo de flores y desde la parte de atrás del primer piso se deja venir corriendo al escenario un chavo gay para darle otro ramo acompañado con ¡¡¡con una enorme bandera de rayas multicolor, símbolo de la comunidad homosexual!!. Horacio Franco la toma, la ondea y desaparece del escenario. Es la apoteosis.

A la salida del concierto Franco ofrece autógrafos en la tienda de discos de Bellas Artes. Estoy entre las primeras 50 personas como de un total de tal vez 300 formadas en la fila. Todos estamos felices, emocionados, como en una fiesta. Llega el momento de estar frente a él, cálido y sencillo me firma el par de discos que había comprado previamente. Le muestro el libro sobre la Venecia de Vivaldi que compré en la Margolín y al preguntarle si ya lo leyó, me responde no conocerlo, se lo regalo y mucho agradece. Pide entonces a una mujer que lo apoya me de un ejemplar de la revista Homópolis, con su foto sensual en la portada y me la entrega. ¡¡Vaya cosa!! No salgo de mi asombro: ¡¡El mejor flautista de México repartiendo al por mayor una revista para homosexuales en el recinto sagrado de la cultura y las “buenas costumbres”!! .

Finalmente, afuera de la tienda está su marido, muy guapetón. Parece el anfitrión de la fiesta, agradece la presencia de todos nosotros y nos va despidiendo de la mano con mucha calidez. Los guaruras de seguridad de Bellas Artes, no dan cabida a lo que ven sus ojos. Yo salgo feliz, porque sin duda ha sido un gran concierto el que me ha tocado presenciar pero, sobre todo, porque pude ser testigo de un evento cultural muy importante que Franco supo canalizar para reivindicar social y muy dignamente a la comunidad gay de nuestro país. ¡Viva el rey!

From: horaciofranco
To: lore
Subject: Gracias!
Date: Sun, 18 May 2008 22:20:00 -0500

Lorena:

No quepo en gratitud, en asombro, en agradecimiento y en conmoción al leer tu crónica.

Agradecerlo solamente es poco para lo que en éste momento siento.

Es algo que no puedo describir más que con lo mejor que tengo de mi, y eso es con mi ser entero al tocar para gente como tu.

Me he quedado mudo ante tanto cariño y ante la descripción que me encantará enmarcar en oro.

Llevo cada palabra dentro de mi corazón.

MIL GRACIAS
Horacio

Lorena Martínez es Educadora ambiental egresada y maestra de la Universidad de Guadalajara. Trabaja en Xochitla en el Estado de México.

Lorena Martínez

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