Orientación educativa

Decisiones

Luis Roberto López Bruno


La escuela fuera de las cuatro paredes

La educación y el hambre de aprender no pueden entrar en cuarentena; las pausas y espacios no favorecen, en terrenos amplios, al desarrollo de todos aquellos cuya educación no puede esperar.

En estos meses nos hemos enfrentado a una situación que sin duda, es un vértice en las estructuras del pensamiento social. La pandemia ha mostrado que desde casa podemos realizar distintas actividades, que regularmente hacemos en espacios determinados para llevarlas a cabo. ¿Será entonces que la escuela también puede hacerse desde casa?

Las modalidades de Aprender desde casa han sido muy variadas, y sus factores y variables son pensados desde los distintos niveles educativos. Sin duda, uno de los aspectos más importantes a tomar en cuenta, son los recursos y condiciones sociales de las poblaciones más alejadas al acceso de esta información que la escuela proporciona a los alumnos.

En zonas urbanas, las condiciones parecen un poco más factibles para nosotros los estudiantes. En mi caso, tengo la fortuna de contar con las herramientas necesarias para tomar cursos en línea; sin embargo, hay amigos y compañeros de la Universidad que no cuentan con estas posibilidades, lo que evidentemente interfiere en sus aprendizajes. Esto me lleva a pensar que, si existen dificultades en zonas con condiciones favorables para los cursos en línea, cuán difícil e insólito pueden resultar estos cursos en conglomerados rurales, algo que no engloba la denominada educación inclusiva. Así, la visión de una educación homogénea, no resulta la opción idónea.
Uno de los principales factores en la educación a distancia es la tecnología. En tiempos de pandemia ha sido la principal herramienta de comunicación y acceso a información para los estudiantes y padres de familia durante este confinamiento. Ello ha brindado al alumnado la posibilidad de seguir con el proceso educativo y con el cumplimiento de actividades para concluir sus cursos.

Esto último me lleva a pensar en el papel fundamental que la tecnología jugará posteriormente en la educación, y su importancia en las actividades cotidianas, educativas y prácticas que los docentes, alumnos e instituciones tendrán que adoptar y adaptarse a ellas. La tecnología ha llegado para quedarse, pero también, para desarrollarse y crecer.

Entonces, ¿Qué sucedería si la tecnología se desarrolla con mucha más velocidad que la educación? La respuesta y los escenarios posibles, quizá podrían no ser los más adecuados. Es una realidad que en distintos países (mayormente tercermundistas) no se cuenta con las condiciones necesarias para empezar a adoptar estas modalidades de educación. El rezago, entonces, prolongaría sus estadísticas y los daños serian irreversibles. Mientras algunas sociedades trabajan con computadoras y dispositivos electrónicos, otras estarían trabajando sobre tierra y sin los recursos necesarios para una educación digna.

Lochler, Mishra y Cain (2015) hablan sobre las condiciones sociales y factores contextuales que complican el uso de la tecnología por parte de los docentes. Esto, aunado a la idea del rezago en la educación de las comunidades educativas que se encuentran alejadas de las zonas metropolitanas, donde el acceso a la red y las posibilidades de adquirir una computadora o un celular son demasiado escasas, haría difícil implementar una educación virtual.

Jorge Mario Ortega (2019) enuncia que sería inapropiado pensar la tecnología fuera del trabajo docente. Aunque esto suena suficientemente coherente y preciso, me lleva a analizar el actuar de los profesores; me indica que entonces los docentes que trabajan bajo la lógica tradicional y antigua, están siendo superados y olvidados por este mundo que se apoya en la tecnología como algo que viene a resolver todos los problemas en los primordiales ámbitos sociales como, por ejemplo, la educación.
Pensándolo en dirección contraria, me gustaría decir que el problema de no pensar en las consecuencias podría generar la idea de que los docentes están, por decirlo de alguna manera, obligados a formarse y actualizarse con base en la tecnología, y a utilizarla de forma continua en sus actividades. Lo anterior podría producir un efecto contraproducente para las comunidades populares y rurales, que no resultarían beneficiadas de una educación inclusiva e integradora.

Estas dos últimas condiciones son ideas y premisas con las cuales la educación y su búsqueda de objetivos se sostiene, haciendo que la Educación en el siglo XXI sea y se desarrolle bajo esta logística de acción y de pensamiento. Me gustaría que la escuela trabaje en forma la búsqueda de los cuestionamientos, y no dejar más huecos en la extensión y desarrollo educativo.

Como pensadores educativos se nos presenta un reto para enfrentar tales situaciones. Hoy el mundo nos ofrece una gran oportunidad para innovar, analizar y crear nuevas y distintas herramientas tanto pedagógicas como didácticas para el desarrollo del aprendizaje, que nos permitan disponer de una base alternativa para nuestros modelos educativos.

Aunque parezca que mi posición está en contra del uso tecnológico en la educación y en contextos favorables para su desarrollo, me gustaría mencionar que no es así. A mi parecer, la tecnología es uno de los campos de conocimiento que más ha beneficiado al desarrollo de las prácticas sociales, tanto industriales, comunicativas, económicas, como educativas. Pero tampoco supongo que la tecnología es la respuesta a todo. Soy de los que piensan que un dispositivo jamás podrá superar la activa charla con un educando, verlo, escucharlo, olerlo, percibirla integralmente; acciones que permiten acercarnos a la esencia de la naturaleza humana.

Esta situación nos ha permitidos vivir de manera muy distinta nuestra escuela y para mí, no hay nada comparable con asistir, ver a tus compañeros, a tus docentes, a todas aquellas personas que forman parte de una institución escolar. Extraño las formas a las cuales estaba acostumbrado a vivir mi escuela, y considero que nunca las aulas y la convivencia humana podrán ser sustituidas por la tecnología y los cursos virtuales.

Luis Roberto López Bruno
Estudiante de la Licenciatura en Pedagogía de la Universidad Pedagógica Nacional. Unidad UPN095 Azcapotzalco.

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