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Orientación educativa

Decisiones

Lucero Ledón Martínez


La práctica docente: Lo que nos llevamos al receso escolar

Se ha dado por concluido el Ciclo Escolar 2019- 2020. Comenzó el receso escolar y la pregunta que nos llevamos los docentes a este breve “descanso” es ¿Cómo le hago? En el caso de haber perdido el trabajo por el lamentable cierre de un colegio privado, ¿cómo le hago con el curso remedial, con la anulación del examen de ingreso a secundaria, con las posibles deserciones escolares?, ¿Cómo le hago para cumplir con la planeación de clase del próximo ciclo escolar en algo que me indican modo inhibido, o para planificar los tiempos en esta modalidad escalonada en caso de que el semáforo de la salud esté en verde y se recibían (¿reciba?) a los alumnos por secciones?.

Sobre la marcha y con un gran sentido de responsabilidad, trabajamos tres meses a distancia; cada día un nuevo reto, cada día un nuevo problema, cada día más tiempo invertido en la preparación y adecuación del programa de estudio para aprovechar los 40 minutos gratis de la videoconferencia. Fuimos resolviendo y adaptando todo día a día, corrigiendo sobre la marcha y poniendo toda la confianza en que lo que hacíamos, lo hacíamos bien y funcionaba.

Ahora tenemos un receso escolar y un dilema por resolver. Este tiempo será invertido en buscar ya no un buen libro de texto, sino un material didáctico que sea de tipo All in one complete (libro de texto impreso y digital para el profesor, para el estudiante, plataforma con los contenidos del curso y materiales extras, más el soporte técnico) y esta sugerencia no aplica en todos los casos, porque de nueva cuenta nos enfrentamos al distanciamiento social. Este tipo de materiales de apoyo para el estudio no están al alcance de todos y, por la complejidad de su creación, no parece que el libro de texto gratuito pueda mutar a algo similar.

No sé si resulte un atrevimiento pensar que la gran mayoría de los docentes estamos frente a una realidad que sigue siendo desconocida, ya no por la particularidad de la época, de la tan referida brecha generacional, en donde, por ejemplo: ha sido una dificultad manejar un lenguaje incluyente como el “otre” porque es complejo para algunos cambiar la matriz gramatical del discurso al hablar o escribir.

En estos momentos nos toca resolver, y con prisa, la particularidad contingente que tiene que ver con la manera en que desarmaremos nuestras planeaciones de clase, nuestra postura ante las estructuras que teníamos fundamentadas y en las cuales, las instituciones educativas sosteníamos (¿sostenían?) la labor docente. De qué manera entrará ahora en juego el papel del docente con este nuevo orden social, con la economía que se proyecta tan inestable y sobre todo, con los ajustes en los contenidos educativos, en caso de que los haya.

En este momento encontramos muchas propuestas, pero no hay una respuesta clara. Algunos profesores terminan este Ciclo Escolar sintiendo que trabajar a distancia no funciona, otros creen haber descubierto el modo ideal para trabajar sus contenidos, pero no se trata simplemente de verlo como lo bueno y lo malo.

La educación es una tarea que para cumplirse debe dialogar, confrontar y armonizar con la sociedad y, ante todo, debe provocar cambios profundos. Como docente parece necesario pensar en que estamos ante un cambio de época y por lo tanto, un cambio de modo. Probablemente esto responda a la idea del modo hibrido de la educación, parece una invitación a renunciar al modo 100% presencial para trabajar 100% a distancia, parece una oportunidad de hacer una fusión en donde los docentes puedan inventar y reinventar sus contenidos y la didáctica de sus clases.

La forma de trabajo a distancia nos reveló cómo viven los estudiantes y los docentes, quiénes los rodean, cuál es el capital cultural de su entorno familiar, a qué tipo de recursos de tecnología tienen o no acceso. Esta información podría obrar a favor porque sensibiliza y nos obliga a enfrentar la realidad de docentes y alumnos.

En nuestro caso, parecía que hasta ahora la posición de los docentes estaba clara, porque el salón de clases funcionaba como el lugar ideal para que ayudara a los alumnos en los distintos niveles educativos. Era posible la mediación, la organización y la secuencia de actividades; resolver problemas de aprendizaje y, al problematizar el conocimiento, problematizar la realidad. Pero no para una realidad de contingencia sanitaria que nos obligará a dejar la escuela físicamente y mudarnos al trabajo a distancia. Ese aprendizaje los hicimos todos juntos, sin guías, sin tiempos medidos y sin una planeación estricta.

Entonces ¿Cómo le hacemos? si ya fuimos testigos del contexto fuera del aula, de las carencias propias para desarrollar nuestra labor docente, de la falta de tiempo en este breve receso escolar, de la incertidumbre sobre las condiciones en las que debemos retomar nuestras actividades, ¿cómo le hacemos a partir de conocer las dificultades sociales?

La práctica docente es un cambio constante, dialoga con la realidad y la pedagogía. Estamos probablemente ante una oportunidad y sobre todo, ante la necesidad de cambiar la subjetividad pedagógica. Aunque para lograr una sociedad democrática, critica, activa y sobre todo optimista, se requiere que todos los actores del ámbito educativo sean flexibles y conscientes de esta tarea, principalmente, porque ese cambio llevará tiempo para que las instituciones educativas, las organizaciones mundiales, la economía y los gobiernos establezcan los modelos educativos acordes a este nuevo orden social.

Mientras tanto, cada docente, sin importar el nivel educativo, pensará y pensará cómo hacer que sus clases puedan abordar todos los contenidos de su materia el siguiente ciclo escolar.

Lucero Ledón Martínez
Profesora de Informática y robótica.

Juan Antonio. 03 de Julio de 2020 15:05

Un texto reflexivo y orientador. Destaco: “La práctica docente es un cambio constante, dialoga con la realidad y la pedagogía. Estamos probablemente ante una oportunidad y sobre todo, ante la necesidad de cambiar la subjetividad pedagógica”.

Saludos

Juan Antonio Sánchez

Verónica Daniela Hernández Guzmán. 11 de Julio de 2020 11:26

Totalmente de acuerdo,la realidad de la escuela debe cambiar, incluso el uso del cuerpo y cómo este se ralciona con el entorno, pero sobretodo mediado por el miedo al contagio.

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