Usos múltiples

El timbre de las ocho

Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán
Armando Meixueiro Hernández


Del extrañamiento tecnológico al extrañamiento del salón de clases

En el breve remanso que existe desde que entrega la última acta calificaciones de sus alumnos en el inicio del verano hasta el inicio de las clases del próximo semestre en otoño, César Labastida recuerda la intensidad de docencia que vivió desde que se suspendieron las clases presenciales y llegó el confinamiento (quédate en casa y la sana distancia).

Florecen diversas reflexiones, en su agitada y recluida cabeza, que ahora por su desordenada melena, parece la de Einstein o el Tata.

I
El profesor César Labastida Esqueda se había negado a la comunicación por sistemas distantes, en tele-conferencia. Colegas que asistían con él a Congresos le decían:

─Comunícate por skpe, face live o whtasapp
.
Cuando lo intentaba sentía que estaba en una película de los años sesenta del siglo pasado (Santo hablando a Blue Demon) o en una serie como Los supersónicos que veía en su remota infancia. Decía a sus amigos:

─Mejor que inventen a Robotina, ya me cansé de barrer y trapear.

Ahora sin mediar ningún antecedente o capacitación, fue obligado más por su responsabilidad profesional educativa que por las veladas amenazas institucionales a autoaprender cosas como el meet o el zoom y desde ahí dar clases. La experiencia no le pareció tan desagradable, sin embargo, notó que los alumnos pasaban asistencia, pero era una imagen fotográfica o un letrero con el nombre de estudiante y habitualmente el micrófono apagado, lo que aparecía en pantalla. Nunca supo si realmente los alumnos estaban en la sesión. Es decir, aunque a veces los ponía trabajar en equipo, sospechaba – como en una clase normal – que no todos colaboraban en la tarea. Extrañó su grupo presencial.

II
Como habitualmente pasa, César tiene entre 6 y 8 grupos cada semestre (algunas autoridades con lenguaje de celador le han indicado que es para cubrir la cuota de la jornada docente), por lo que algunos grupos los atendió, ya en plena epidemia, por correo electrónico. Al gruo que pensaba que lo tenía más dominado y que sería más fácil. La pandemia devino en pandemónium. Cada alumno exigía que le revisara cada parte de su proyecto de investigación y de ser posible lo más rápido que se pudiera. Un grupo era de 45 alumnos y el profesor César vivió al borde del infarto, porque en lo que contestaba a un alumno, el correo lo alertaba del inicio de la sesión en el Zoom, para reunión del Colegio o de Representantes de Comisiones o con algún padre de familia que reclamaba por qué su hijo no estaba teniendo clases.

En medio de este caos, César Labastida, que buen docente sí es, notó que había alumnos que no estaban respondiendo las tareas y avanzando en su proyecto. Checó una de las listas que alcanzó a rescatar antes de la reclusión en casa, y en efecto, faltaban alumnos de entregar trabajos; un equipo en particular cuyo tema era Estudiantes Foráneos en la Ciudad de México. Para ubicarlos recurrió a una selfie del grupo que tomaron al inicio del semestre. Para contactarlos envió mensajes en inbox en redes sociales. Uno de ellos contestó:

─No estábamos anexos en la red de correros electrónicos, del grupo que usted hizo, recuerde que nos inscribimos después. Yo estoy en Mochis, Sinaloa y Alex en Acapulco. Ya no pudimos regresar. Pero nos ponemos al día. Gracias por contactarnos.

Los proyectos de investigación y los cortometrajes documentales quedaron mejor que en otros semestres. Mucho más trabajados y enfocados. Al parecer el tiempo, la disposición y la situación confluyeron a ese fin. No faltó la excelente alumna que terminó agradeciéndole su trabajo al profe César. Sin embargo, Labastida siguió extrañando el grupo.

III
Ahora el profesor César está tomando cursos de educación a distancia en forma obligatoria. Unos con novedosas aplicaciones tecnológicas (“cuartos de ideas”, “nubes”, plataformas grandilocuentes) que el profe se pregunta cuántas veces podrá utilizar sin aburrir a sus alumnos. Pronto regresará a clases (y no tiene certeza que de manera presencial), y ahora resulta que comienza extrañar aquel semestre pasado en que la voluntad y la responsabilidad ayudaron más que la tecnología y las instituciones.

Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán
Director de Pálido Punto de Luz

Armando Meixueiro Hernández
Director de Pálido Punto de Luz

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