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Orientación educativa

Decisiones

Jessica Marina Cedillo Ramírez


Pandemia, Educación y Sociedad: experiencias de una estudiante de pedagogía

Septuagésimo día de confinamiento, de no asistir a clases presenciales, de no reunirme con amistades, de no salir por un café, un helado, al cine o simplemente a hacer las compras en compañía y sin el uso obligatorio de cubrebocas.

Septuagésimo día que mi padre se queda en casa porque las condiciones actuales no le permiten ejercer su labor, pues el de mi madre es el único ingreso económico que tiene mi familia, afortunadamente ella no fue suspendida del trabajo como lo fueron sus compañeras y compañeros por tener más de 60 años, por estar embarazadas o por estar incluidas en el grupo de personas vulnerables.

Septuagésimo día que observo a mi hermano frente al monitor tratando de prestar atención a conferencias para después escuchar cómo se queja por la sobrecarga de tareas. Septuagésimo día que tengo la oportunidad de convivir con mi familia como hace tiempo no la hacía, pues nuestras rutinas no lo habían permitido, ahora que tengo el tiempo para replantear cuestiones personales y que entiendo la gran valía de tener la libertad de hacer, de vivir.

De más está mencionar que lo anterior es causado por la vida actual insertada en una pandemia, condición que me orienta a coincidir con la observación de Enrique Dussel, quien visualiza la contingencia presente como un ataque o interpelación de la naturaleza al ser humano, exponiendo que nunca en 3,500 millones de años la humanidad entera se ha sentido consternada al mismo tiempo, y denunciando al mundo de la modernidad como factor causante, debido a que se enfoca en los grandes inventos y descubrimientos, a los efectos positivos, pero olvida aquellos negativos que afloran con el virus, un efecto indirecto de laboratorio.

Así mismo, enuncia el criterio que engloba el sistema capitalista que se ha implementado con este progreso, el cual responde a un aumento de la tasa de ganancia que convierte la racionalidad en un criterio cuantitativo de acumulación del capital en donde se incita un individualismo competitivo radical, fundando una sociedad que no invierte a favor de la vida, en la salud del pueblo porque no se obtiene ganancia inmediata, y lo deja desprotegido frente a un virus, situación que actualmente nos está matando.

Esta actualidad capitalista que, a pesar de las muertes, no está actuando a favor de la salud sino a favor de la economía, guiándose por el principio de la tasa de ganancia y no por el principio de la vida. Esta actualidad que nos invita a cambiar todo el sistema, y no a solucionar los problemas con el mismo, porque si lo hacemos, vamos a volver a lo de siempre y la próxima vez será más grave. Plantearnos el buscar las oportunidades merecidas que otros países brindan, como hace Alemania donde se vive un capitalismo del bienestar, con accesibilidad a una política ética donde los pobres no sean los primeros que mueran.

Este contexto lo evidenció paralelamente Marco Raúl Mejía, al afirmar que el proyecto educativo del capitalismo también está en crisis. Entonces se hace evidente que debemos replantear el recurso más importante que se tiene, la educación, hacia una que efectivamente se adecue a las necesidades de sus integrantes. Este tipo de cambio tiene sus inicios en la Escuela Nacional y La Escuela del Campo en Brasil, la Escuela de Agroecología en Argentina, el Consejo Regional Indígena del Cauca en Colombia, la Universidad de Nosotros en Bolivia y la Escuela Mujeres de frente en Ecuador. Todas estas luchan por concientizar el valor de distintos movimientos, pero que tienen características en común, entre las que destacan la apropiación y recuperación de su cultura, la formación política ideológica para los trabajadores, la elevación del nivel de conciencia de movimientos populares con argumentos de transformación, reconocimiento y sentimiento de pertenencia a sus raíces; una vida escolar comunitaria, cooperativismo, la búsqueda de la unificación y una nueva visión de la tierra, reconocimiento y defensa de sus derechos, concientización de ser seres valiosos para el proceso de cambio y para servir a nuestro pueblo, conciencia de lo que estamos consumiendo, amor y respeto a la naturaleza, así como aceptar e identificarse con la diferencia, en un contexto comunitario, productivo y de investigación que propicie el intercambio de saberes.

Por estas razones considero que la situación actual fue el límite para continuar sin buscar el cambio que tanto se ha exigido. Ya no es momento de sentarse a esperar, al contrario, es el tiempo para comenzar a trabajar en ello y me atrevo a decir que la respuesta para lograrlo está en la educación. Es verdad que las pequeñas acciones aportan a las transformaciones, pero es cuestión de toda una sociedad lograr que una microtransformación se convierta en una macrotransformación. Es momento de reivindicarnos, de transmutar nuestro pensamiento, porque luchamos individualmente por nuestro interés, pero al final, nos encontramos con los demás pues somos los únicos conscientes de que nuestra existencia depende de que todos los seres vivos podamos coexistir respetuosamente en un mismo lugar y no seamos obligados a vivir como si estuvieramos infectados por un virus que contagia, aislados por nuestra inconciencia.

Jessica Marina Cedillo Ramírez
Estudiante de la Licenciatura en Pedagogía. Universidad Pedagógica Nacional UPN095 Azcapotzalco

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