Docente_lector
Usos múltiples


José de Jesús González Almaguer
Norma Olivia Matus Hernández


El docente, ¿lector o mediador de lectura?

“La lectura nos acerca no únicamente a los libros, sino sobre todo al ser de las cosas y de las personas, a la realidad y a la fantasía, al gravitar del mundo. Si leer libros sólo tuviera el único fin de leer libros sería grato tal vez, pero un tanto estéril”.1

A últimas fechas, la lectura ha pasado de tener un papel relevante en el aprendizaje a convertirse en la panacea de este. La importancia radica en que, gracias a la lectura, se fomenta el aprendizaje autónomo, el cual se logra cuando el alumno asume su responsabilidad en el aprendizaje y el docente deja de ser un transmisor y se transforma en un facilitador. Lo que, sin lugar a duda, contribuye a la mejora de la calidad de la educación.

Las autoridades educativas han invertido grandes recursos en programas de fomento a la lectura (biblioteca escolar, biblioteca de aula, grupos de padres lectores, etc.) con los cuáles no se han obtenido los resultados esperados, pues se ha invertido más en acervos, dejando de lado la capacitación a los docentes. Éstos, sin ser lectores (en muchos casos) ni estar capacitados para formar a los educandos, mágicamente son convertidos en quienes deben fomentar la lectura.

Recuerdo que Adriana leyó la novela de Elena Poniatowska “Tinísima”. Desde las primeras páginas le encantó la lectura. Durante algunos días hablamos de su vida y de esa época: de los años veinte en México, el Partido Comunista, de Frida Kahlo, Diego Rivera, de la muerte de Julio Antonio Mella, del juicio de Sacco y Vanzetti en los Estados Unidos – y la Balada de Sacco y Vanzetti que cantó Joan Báez, muchos años después- de la expulsión de México que vivió Tina y su participación en la Guerra Civil Española y eso nos llevó a conversar de la llegada a México de León Trotsky y su muerte en Coyoacán. Mientras Adriana avanzaba con las páginas del libro, yo la acompañaba con esas pláticas durante el desayuno. Me decía que disfrutaba la historia y que admiraba y quería mucho a Tina, como quien quiere a una amiga… un domingo, por la tarde, yo veía un partido de beisbol con los Yanquis de Nueva York al bat, en la séptima entrada con corredores en primera y tercera base y un out en la pizarra, cuando ella salió de la recámara donde leía su libro y se acercó a mí… se detuvo, sin decir palabra, con la novela sostenida en su mano y solo entonces me volví para mirarla: lloraba con una tristeza infinita, su cara se descomponía por el dolor que sentía. Me levanté con rapidez, me acerqué a ella y le pregunté: – ¿Qué pasó? … ella suspiró profundamente, y apenas balbuceó: – ¡Se murió!… ¡Se murió Tina Modotti! La abracé y lloró hasta desahogarse, después conversamos sobre ella y tomamos un café… como quien vela a una amiga querida.

La mayoría de las y los docentes, para responder a la responsabilidad encomendada en el fomento a la lectura, lee diariamente a sus alumnos y pide resolver un ejercicio de comprensión. Dada esta situación, tan cotidiana en las escuelas mexicanas, consideramos que el factor crítico no se encuentra en los recursos proporcionados, ni en el acervo seleccionado, sino en el docente “todólogo”, que es quien debe tender el puente entre el libro y el alumno. Es quien debería “lograr encuentros significativos entre el libro y el lector” (Ramírez; 2018; p.11).

Un MEDIADOR, no es un promotor de lectura, sino la persona que conoce y domina un acervo y mediante diversas estrategias logra que otro individuo se interese en leer.

Debo a Raúl Ortiz y Ortiz la lectura de “En busca del tiempo perdido” de Marcel Proust, así como la lectura de Emilio Zolá y una gran parte de la saga de los Roguon-Macquart y, por supuesto, la lectura de Lowry: “Bajo el volcán”. Sin su guía, jamás podría haberme embarcado en la aventura de abordar textos tan elaborados, tan complejos y ambiciosos. Lo que más recuerdo es la generosidad de Raúl: me prestó un bellísimo libro con la reproducción de las pinturas de Vermeer, con él y un grupo de amistades vimos un extraordinario documental sobre este pintor que remató con una disertación sobre el tema. Me permitió los ejemplares de libros que solo él podía conseguir al pedirlos prestados a la biblioteca personal de sus amigos. Una ocasión, puso a sonar la pieza que se considera la referencia a la Sonata de Vinteuil y releímos a Proust y las sensaciones de Swan y tal vez eso nos convirtió a todos los que lo escuchamos en proustianos de por vida. Otro día, nos mostró los folletos turísticos de Illiers-Combray y explicó como el poblado de Illiers cambió su nombre a esa combinación en honor al nombre que Proust da a su pueblo ficticio. Raúl Ortiz y Ortiz lo sabía todo, y su generosidad lo compartía todo. En su casa, escuché representaciones de la obra de Moliere, hechas por la Comedia Francesa en su idioma de origen. Solo con su acompañamiento pude acercarme a algunas obras cumbre de la literatura.

La definición de MEDIADOR refiere a un especialista que a través de la lectura puede abordar un tema que parece complicado (la muerte, la violencia, el abuso sexual, etc.) generando emociones en el oyente, a través de estrategias como: charla literaria, escritura derivada, etc. Estas estrategias se convierten en una práctica sociocultural, ya que permiten al individuo despertar sus emociones y aterrizar la situación abordada en su propio contexto, tomando conciencia de la problemática expuesta, lo que le permitirá incidir en su entorno familiar o social. “Su papel de mediador se hace presente al orientar al que hace una pregunta, al proponer pistas, encuentros, acercamientos, al ser un lazo entre el que busca y el que puede ofrecer una respuesta, al brindar claves para entrar al mundo de los libros” (Ramírez; 2018; p.13).

“El profesional de la mediación lectora debe propiciar el encuentro con el texto –literario, oral, digital, de divulgación científica, etc.- de manera gozosa y crítica donde la hospitalidad sea un principio siempre presente para con ello generar una memoria efectiva positiva sobre el acto mismo de leer” (Quezada; Estudio diacrónico del fomento a la lectura; 2020; p. 34).

Hace tiempo, al impartir un curso, se señalaba como obligatoria la lectura de la novela de José Emilio Pacheco ¨Las batallas en el desierto¨. El grupo de chicas y chicos estudiantes tomó la tarea con buen ánimo y comenzaron a discutirla en la clase en la primera oportunidad. Hubo alumnos que me pidieron que nadie comentara la historia para que no les contaran el final. Pusimos una fecha límite y al llegar ese día, las alumnas y los alumnos conversaron con entusiasmo la novela. Hice diferentes preguntas y, poco a poco, profundizaron más y más en su análisis. Una joven dijo, al finalizar la sesión, ¿Podemos leer algo más así? Les propuse ver la película ¨Mariana, Mariana¨ ¿Hay película?, gritaron. Así es, les contesté y la vimos la siguiente semana, tras conseguir un permiso especial para usar un auditorio y comer palomitas de maíz. Nuevamente, el debate fue muy gratificante y superó lo que pedía el programa de estudios. El grupo seguía entusiasmado, así que la siguiente clase, puse en el aula un reproductor de música y escuchamos al grupo Café Tacvba cantar “Las batallas”. Al finalizar la clase, le habían cambiado el ritmo y la cantaban en versiones de rap, de corrido norteño y de hip hop, con algunos ajustes menores a la letra para que rimara. Sin embargo, todavía pedían más, estaban hechizados con la novela y sus personajes. La siguiente clase, llevé la radionovela producida por una estación de radio educativa y la escucharon con mucha atención y tomando notas para hacer el análisis posterior. Creí que estaba agotado el tema, pero faltaba concretar algo más de su capacidad creadora. Una chica habló a nombre de todo el grupo y me pidió que hiciéramos una puesta en escena: haríamos el libreto, los diálogos, asignaríamos los papeles, realizaríamos ensayos, pediríamos nuevo permiso a la Dirección, construiríamos la escenografía, elaboraríamos una banda sonora con los ruidos propios de la época para la ambientación y haríamos un poster para anunciar la representación, produciríamos un programa de mano para los asistentes, la difusión se haría a través de redes sociales con imágenes, videos cortos… ese grupo de estudiantes investigó por decisión propia y produjo todos los materiales.
Han pasado algunos años de eso y todavía encuentro estudiantes de aquella época que me agradecen haberles permitido enloquecer con esa actividad. Hoy, me toca agradecerles a ellos, con estas palabras.

La pregunta generadora de este artículo sobre si basta que un docente sea lector2 o definitivamente tendría que ser un MEDIADOR, después de lo expuesto anteriormente, se responde por sí sola. Un docente lector tal vez pueda transmitir el placer por la lectura , compartiendo sus propios gustos lectores, pero difícilmente contará con un acervo importante de Literatura infantil y juvenil y todavía más complicado que lo domine y sea capaz de diseñar estrategias que le permitan canalizar las emociones de los alumnos, así como adecuarlo a su contexto. Es decir, es posible que pueda abrir la puerta, pero difícilmente podrá contener el cúmulo de emociones desbordadas canalizándolas de una forma adecuada, pero sobre todo que le permita impactar el entorno escolar, familiar o social del alumno.

Chapela (2012; p. 11) reitera el carácter sociocultural de la lectura: “Necesitamos al otro. Cuando escuchamos relatos que los demás nos cuentan ensanchamos nuestros horizontes; si pedimos explicaciones ampliamos el conocimiento; si recibimos cariño crece la propia autoestima; cuando analizamos las opciones que otros toman descubrimos nuevas posibilidades, y si compartimos festejos comprobamos que pertenecemos a un grupo que también nos pertenece”.

Un día fue a visitarme un exalumno. Fui su maestro en la licenciatura y me buscó al regresar de una estancia de tres meses en París, Francia. – Vine a decirte que hice lo que nos sugeriste en clase- me soltó sin ningún aviso. Siempre me aterra una frase como esa, un docente dice tantas cosas en un semestre que nunca sé lo que pudo haber seleccionado un estudiante y qué podría haberle significado personalmente. Con cierto temor, le pregunté: – ¿Qué fue lo que has hecho? Me contó con brevedad que estaba empleado en una empresa francesa de cosméticos, que se había abierto un concurso para recibir capacitación en la casa matriz en París y que él había ganado el premio: tres meses con todos los gastos pagados, un curso especializado de cuatro horas diarias y una visita a las instalaciones de la fundación histórica de la empresa. – En cuanto preparé mis cosas para el viaje, metí una novela en mi maleta. Tú nos dijiste que si había una novela que un latinoamericano debería leer en París esa era ¨Rayuela¨, de Julio Cortázar… y la leí… la leí tres veces como nos dijiste: una en el orden que recomienda Cortázar, la segunda en forma lineal, la tercera como yo quise, a mi manera. Los dos reímos y le dije: -Todavía estoy enamorado de La Maga. Me miró con una luz interior en sus ojos: -Por eso vine a verte. Me enamoré de La Maga y ella me enamoró de París. He venido a darte las gracias. Se levantó, me estrechó la mano y me dio un abrazo. Antes de irse, le dije: recibirás un mensaje en tu teléfono, será un regalo. Al irse, le envié un video en blanco y negro de Charles Aznavour, solo él y su micrófono en un pedestal en el escenario, tiene un pañuelo blanco en las manos y canta ¨La Boheme¨

El primer requisito para el perfil de un docente debiera ser que fuera lector, es decir que se interesara en la lectura para sí mismo. “Un maestro que hace mediación deber ser, necesariamente, un maestro que lee” (Ramírez; 2018; p.13). Capacitar a un lector, requiere invertir menos tiempo y recursos que generar el hábito de la lectura. Definitivamente, un docente debería ser capacitado como Mediador, ya que él es quien tiene contacto permanente con el alumno, privilegio que un mediador voluntario, bibliotecario o responsable de la Biblioteca escolar no tiene.

Finalizaríamos este artículo con lo dicho por un alumno a su profesora: “Dicen que para leer hay que encontrar el libro adecuado, pero yo creo, que hay que encontrar al maestro adecuado”, por supuesto que se refería a que la docente sí había desempeñado su papel como mediadora lo que logró impactarlo de tal manera, que se convirtió en un lector.

Notas
1. Argûelles, Juan Domingo; Elogio del libro y alabanza del placer de leer en: Ramírez, Néstor; ¿Y si leemos? Còmo acercar los libros a sus (potenciales) lectores; Libros y producciones culturales Manojo de ideas; 2018.
2. “Sin embargo no debe perderse de vista que fomentar el placer de leer se logra sólo si anteriormente se ha experimentado dicho efecto”. En Quezada, Cutzi; Estudio diacrónico del fomento a la lectura en México: Un estudio del libro álbum metaficcional en la colección Los Especiales de A la Orilla del Viento del Fondo de Cultura Económica; Tesis Doctoral Universidad Iberoaméricana; 2020; p. 34.

Bibliografía
Chapela, Luz María; Programa Nacional Salas de lectura, CONACULTA: 2012.

Quezada, Cutzi; Estudio diacrónico del fomento a la lectura en México: Un estudio del libro álbum metaficcional en la colección Los Especiales de A la Orilla del Viento del Fondo de Cultura Económica; Tesis Doctoral Universidad Iberoamericana; 2020

Ramírez, Néstor; ¿Y si leemos? Cómo acercar los libros a sus (potenciales) lectores; Libros y producciones culturales Manojo de ideas; 2018.

José de Jesús González Almaguer
Coordinador de Educación Continua de la Facultad de Estudios Superiores Acatlán. Docente de la Universidad Anáhuac Mayab, del Colegio de Imagen Pública y de la Universidad Pedagógica Nacional, Unidad 095. Ha realizado intervenciones como consultor y brindado capacitación tanto en el sector privado como público y el tercer sector. Su trabajo profesional le ha llevado a recibir distinciones internacionales como el Premio Galardón ECO (Estratega de Comunicación) y el Premio Gold Quill, otorgado por la International Association of Business Communicators (IABC). Ha sido Presidente de la Asociación Mexicana de Comunicadores Organizacionales (AMCO) y ha participado en once libros especializados en español y uno en inglés. Lic. En Periodismo y Comunicación Colectiva, Maestría en Educación, estudios de Maestría en Comunicación Institucional, Especialista en Valores, estudios doctorales en Humanidades y estudios doctorales en Innovación y Responsabilidad Social.

Norma Olivia Matus Hernández
Profesora de UPN. Diplomada en Mediación lectora (UAM). Licenciada en Administración (UAM). Docente de primaria por 20 años (ENM).

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