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Orientación educativa

Decisiones

Luis Roberto López Bruno


Educación en cuarentena

Han pasado ya algunos meses desde el anuncio de la catastrófica pandemia que se extendía por las fronteras del mundo. Era inevitable que tocara las puertas de nuestro país, de nuestras ciudades y de nuestras casas. Su llegada sólo era cuestión de tiempo.

Es una realidad el caos e incertidumbre que esta infección ha causado en las sociedades del mundo, pero, al menos, ha mostrado a estas sociedades, dónde poner sus cimientos, sus atenciones, sus visiones y sus recursos. La pandemia ha expuesto al mundo los ámbitos que mantienen en pie a sus sociedades. La Salud, la Educación y la Economía, son ahora mismo las principales preocupaciones de los ciudadanos; todos nuestros cuestionamientos recaen en el sentir de estos tres ejes, en su importancia y en su sustento.

Desde que inicié mi carrera, he estado convencido de que las cosas buenas y malas en el mundo no existen, sólo existen aquellas cuestiones que tienen una capacidad de mejorar las situaciones que nos rodean; la educación, entonces, funge como una de ellas. Yo no encuentro sentido en el hecho de tener una educación buena, puesto que ¿Quién la define como buena? Considero que el objetivo de todo aquel dedicado al estudio de la educación es hacerla mejor.

Hoy nos encontramos ante una inmejorable oportunidad de poder cumplir con estos objetivos. Necesitamos replantear lo que significa la escuela, y de hacer más apropiados los espacios donde se desarrolla la educación.

Pareciera que la escuela trata de cuatro muros, butacas y un pizarrón, que ése es el único sitio donde los estudiantes pueden y deben adquirir conocimientos; pareciera entonces que, al cruzar esa puerta, el chip de estudiante queda suspendido, en silencio, en pausa.

Ahora el hogar se ha trasformado en el lugar de aprendizaje, el pizarrón es un dispositivo digital, y el docente el encargado de enviar información para que nosotros los estudiantes nos encarguemos de analizarla, entenderla y de enviar algún producto.
Me he encontrado, en este andar educativo, con adversas y complejas circunstancias que han hecho que mis actividades educativas sean diferentes a las que estaba acostumbrado. Supongo que lo natural era que tarde o temprano tuviera que adaptarme a eso. He enfrentado las dificultades de aprender a utilizar plataformas digitales, herramientas electrónicas, que, sin duda en un eventual regreso a clases presenciales, serán de vital importancia en mi formación profesional; la tecnología será, seguramente, la herramienta del futuro.

Es inevitable el estrés por la carga de trabajo que mis compañeros y yo hemos enfrentado en este periodo de confinamiento. Las tareas, textos, y demás actividades extra escolares que tenemos que realizar, han hecho de este periodo uno de los más complicados que sin duda nos tocará vivir; representó un verdadero problema modificar las rutinas a las que estábamos acostumbrados y, sin duda, enfocar de manera adecuada el aprendizaje necesario para completar nuestros cursos. Una gran carencia significó no estar en el salón, no escuchar a nuestros docentes, no poder socializar los conocimientos con nuestros compañeros y escuchar su opinión, profundizar en temas que quizá sean de mayor interés para todos. Las formas de convivencia han cambiado, no sé si definitivamente o estén en pausa, pero el regreso sin duda es lo más esperado.

Ahora mismo mi sentir es de incertidumbre y preocupación. Hay días en los que imagino los posibles escenarios a los que nos enfrentaremos una vez termine el periodo de cuarentena. La “nueva normalidad” deja huecos, cuestionamientos y dudas que no podemos inferir. La realidad es que no hay un panorama claro. La sociedad, no sólo en México, sino en el mundo, está con ansias de retomar su vida cotidiana. El peligro es una amenaza permanente, y es nuestro compromiso vivir con responsabilidad y ser cuidadosos con nuestra manera de actuar.

Para concluir, me gustaría dar mi visión de lo que probablemente sea el regreso a la escuela en la nueva normalidad; creo, en primera instancia, que será con miedo y mucho cuidado, y que convendrá esforzarnos para inculcar a nuestros niños y niñas todas las medidas y las mejores opciones para su cuidado personal.

El estado deberá, por su parte, ofrecer un sistema de opciones para situaciones similares que se esperan; regular los sistemas educativos, y pensar la escuela no sólo como un espacio único, sino encontrar y adaptar las mejores herramientas para que la educación no entre en cuarentena.

Luis Roberto López Bruno
Estudiante de la Licenciatura en Pedagogía de la Universidad Pedagógica Nacional. Unidad UPN095 Azcapotzalco.

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