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LA CLASE


Tania Casas Ochoa
Daniel Flores Salgado


Evaluación formativa: Proceso esencial para el aprendizaje

La evaluación es un proceso que ha tenido muchas modificaciones e implementaciones a partir de diversos enfoques propios de la educación, necesarios para identificar el nivel de adquisición de conocimientos y actitudes que logran los estudiantes, esto mediante la intervención del docente e implementación de instrumentos durante su desarrollo escolar. De igual modo, los estudios planteados por diversos autores, la focalizan como un proceso de medición, sin embargo, los requerimientos para establecer valoraciones integrales nos permiten tener una perspectiva más amplia sobre el propósito fundamental que ésta requiere.

Por tal motivo, pretendemos revisar al interior de la evaluación, cómo su carácter formativo se enfoca a fortalecer el aprendizaje, a través del análisis y comprensión de los diversos contenidos escolares, sin embargo, surgen las interrogantes de saber si ¿esta evaluación permite dicha comprensión? o ¿simplemente es una forma de evaluar los aprendizajes de los estudiantes?

La evaluación como parte de la educación

Los enfoques que plantea la educación actual hablan de la evaluación para el aprendizaje, ante ello Stobart (2010) la define como:

“El proceso de búsqueda e interpretación de evidencia para el uso de los aprendices y sus maestros para identificar en qué fase de su aprendizaje se encuentran los aprendices, a dónde tienen que llegar y la mejor manera de alcanzar ese punto” (p. 56)

Por ende, mediante este escenario se busca que el docente lleve a sus alumnos a lograr una autorregulación de su aprendizaje, mientras se favorece la guía del mismo aprendizaje como una construcción.

Aunque en el Plan de estudios (SEP, 2011) y en los programas correspondientes, se prioriza el enfoque por competencias, al interior de las aulas se percibe que la forma de aprendizaje se basa en prácticas convencionales y mecánicas, limitando la necesidad que el alumno aprenda para la vida. En aras de esta posibilidad, la evaluación se centra en indicar los avances y las oportunidades de mejora para contar con una educación de mayor calidad, sin embargo, aunque persiste la objetividad, no tiene peso la contextualización.

Jerárquicamente, lo antecedente se queda incompleto puesto que la finalidad de la evaluación tiene como tarea, facilitar el aprendizaje directo de algo, es decir, el logro de conocimientos y propiciar el “aprender a aprender”; aspecto que definitivamente hace referencia a la metacognición, prestando más atención a los procesos que a los resultados.

Razón que es subsanada en los Planes de estudio vigentes (SEP, 2017a) donde la evaluación con enfoque formativo se vuelve fundamental, siendo así el aspecto central que permite valorar de manera cualitativa y cuantitativa el desempeño de los estudiantes, además de permitir la reflexión sobre nuestra praxis, situación que dirige a realizar los ajustes necesarios con la objetividad de mejorar el logro de los aprendizajes.

Admitiendo ante ello, el modelo donde los docentes deben favorecer las estrategias que lleven a cabo los estudiantes en las construcciones que establecen, involucrando el hecho de subrayar en sus actitudes y aptitudes durante las clases, dejando a un lado, el etiquetar a los estudiantes por una simple calificación, una medición de conocimientos o un producto. Por tal motivo el maestro debe ser quien encamine a los alumnos para que realicen un apropiamiento de su cultura, la cual se va desarrollar dentro y fuera del aula.

Carácter formativo de la evaluación

El Plan de estudios (SEP, 2011) y el Modelo Educativo (SEP, 2017), documentos rectores de la educación en nuestro país, tanto en los ámbitos normativos como pedagógicos, establecen que la evaluación en la Educación Básica debe desplegarse con un carácter formativo. Por ende, cuando el profesor diseña las estrategias de enseñanza de las secuencias didácticas que implementa, también requiere establecer las enfocadas a la evaluación, sin perder de vista que toda estrategia de enseñanza es al mismo tiempo una estrategia de evaluación (Flores, 2018).

Razón que distinguen un proceso cíclico, donde las observaciones deben atender el carácter señalado, a través de actividades, indicadores e instrumentos, para obtener información que propicie valorar el avance de los alumnos con respecto a los aprendizajes esperados, identificando también los obstáculos que enfrentan al realizar las actividades cotidianas.

Ravela, Picaroni y Loureiro (2018), señalan que el aspecto esencial de la evaluación formativa, radica en que el profesor, ofrezca a los estudiantes “devoluciones”, que les permita identificar sus áreas de oportunidad y fortalezas, para desarrollar procesos de aprendizaje más sólidos e intencionados. Ante esto, es preciso mencionar que una devolución no debe enmarcar el hecho de un “error”, sino encaminar mediante la pedagogía de la pregunta a la reflexión de los procesos que no se culminaron, para así guiar al quehacer del educando. Propiciando en este enfoque que los escolares puedan ser cada vez más conscientes y responsables de su aprovechamiento, lo que impacta en la posibilidad de poder “aprender a aprender”, como aspecto esencial en su formación. Esta realimentación o retroalimentación debe contemplar la motivación, la confianza y el respeto que se genera en las aulas, implicando modalidades para evaluar como la autoevaluación y la coevaluación, en función de los actores participantes.

Todo esto demuestra que en la educación actual el jerarquizar que la evaluación es sumativa o de docente a alumno no es lo principal, ya que, se pretende que sea él mismo quien evalué su aprovechamiento, con la finalidad de identificar la forma en que establece sus propios procesos, progresando hacia una cultura de aula en la que los aprendices sean cada vez más capaces de juzgar la calidad de su propio trabajo y la de los ejecutados por los demás, comprendiendo lo que implica un aprendizaje eficaz (Stobart, 2010).

La construcción del conocimiento

Tilbury (2001) señala, que la forma de enseñanza predominante en muchas escuelas, desalienta la generación y el manejo reflexivo del conocimiento, por lo tanto, es importante para establecer, valorar y ajustar constantemente este proceso de evaluación, “cambiar” las estrategias en la construcción del conocimiento en el contexto de hacer cosas con los demás, como Vygotsky (1934) insiste en que las relaciones sociales preceden al aprendizaje e interacción del pensamiento, destacando la base social y cultural teniendo como punto de partida la edificación de un proceso conjunto, en donde el individuo crea su significado a partir de lo que ya conoce.

De acuerdo a ello y de la información obtenida por el profesor desde la evaluación, se debe ofrecer a los alumnos actividades que les admitan construir su propia comprensión del proceso de conocer y del objeto estudiado (Freire, 2014). Esto último, enfatiza la relevancia de la mediación en la construcción de aprendizajes, ya que no es una edificación individual (Coll, 1994), sino social, en donde la intervención docente a partir de los factores ya mencionados permitirá desarrollar y ajustar constantemente las actividades de enseñanza según lo detectado, para mejoramiento de los aprendizajes correspondientes.

Entre ello podemos hacer una analogía entre conocimiento e información, haciendo presente al primer aspecto como la apropiación de la información, donde no solamente es el poder de tenerla, sino de encontrar una explicación no sistematizada, sino reflexiva y coherente, para poder utilizarla. Mientras que el segundo factor hace referencia a la obtención de datos.

De manera semejante, ello ocurre cuando planteamos los objetivos de la evaluación, con el fin de dar claridad a lo que se pretende aprender y por qué, vinculándose con las competencias de autorregulación y la comprensión del conocimiento, considerando que si no se da claridad, se genera un desconcierto en los alumnos, donde es más fácil aprender cuando sabemos lo que hacemos y a dónde estamos intentando llegar (Stobart, 2010). En este sentido, deben existir razones claras que los educandos entiendan con la finalidad de darle el valor que tiene el aprender, las cuales deben destacarse en el desarrollo del aprendizaje a partir de sus necesidades, mismas que derivan que sean significativas y de gran relevancia en su vida.

En contraste, surge la problemática cuando el docente centra la evaluación en el cumplimiento paulatino de los objetivos, proliferando las actividades cuadradas o dirigidas en busca de pretender que el aprendizaje quede claro, haciendo evidente la reducción de la autonomía de los estudiantes, aspecto no óptimo, siendo que el resultado y aprendizaje no son equivalentes, por ende se transforma en una distorsión de dicho proceso. En relación con lo anterior, Boub retomado por Stobart (2010), comenta acerca de la idea de una doble tarea de la evaluación, la primera pretende apoyar al programa actual de educación, la segunda es aumentar la comprensión de los aprendizajes de la evaluación y la capacidad de autoevaluación. De manera que ambas trabajen vinculadas para ser cumplidas, nombrándolas por su función como evaluación sostenible.

Conclusiones

La evaluación es un proceso esencial que está presente en la sociedad y “configura tanto la identidad del alumno como el tipo de aprendizaje que tiene lugar” (Stobart, 2010), lo cual pretende destacar el ámbito situacional y las interacciones del escolar dando como resultado la adaptación continuada del aprendizaje, centrándose en la comprensión y la mejora de éste. Distinguido ideal que no es fácil de alcanzar, debido a que el currículo es demasiado detallado y rígido, donde la evaluación se ha limitado a ser una rendición de cuentas con consecuencias importantes, las cuales perjudican al alumno.

A consecuencia de ello, se necesita el desarrollo de instrumentos que orienten los procesos de aprendizaje dirigido a metas; establecer puntos de referencia para la organización de los procesos de conocimiento, logrando una pertinencia para replantear los fines y métodos para la evaluación del aprendizaje.

Ante ello la evaluación tiene que considerarse esencial, no por una calificación, sino por la identidad del estudiante, la cual permitirá avanzar en la comprensión del aprendizaje, por ende, absolutamente debe ser una enseñanza enfocada a la formación de ciudadanos reflexivos, analíticos y transformadores de su entorno.

Referencias

  • Coll, C (1994). “Un marco de referencia psicológico para la educación escolar”; en Guía del estudiante. Antología básica. Corrientes pedagógicas contemporáneas. Licenciatura en Educación Plan 1994. Universidad Pedagógica Nacional. México.
  • Flores, D. (2018). SECUENCIAS DIDÁCTICAS PARA EDUCACIÓN PRIMARIA EN MÉXICO. Una propuesta metodológica estructurada desde la gestión directiva del Supervisor con base en el Plan de estudios 2011 y el Modelo Educativo 2017 de la SEP. Tesis de Doctorado. UCI. México.
  • Freire, P. (2014). El grito manso. Edit. Siglo XXI. México.
  • Ravela, P., Picaroni, B., Loureiro, G. (2018). ¿Cómo mejorar la evaluación en el aula? Reflexiones y propuestas de trabajo para docentes. Colección Aprendizajes clave. México.
  • SEP (2011). Plan de estudios 2011. Educación Básica. Primaria. México.
  • _____ (2017a). Evaluar y planear: La importancia de la planeación en la evaluación con enfoque formativo. México: SEP.
  • _____ (2017b). Aprendizajes Clave para la Educación Integral. Plan y programas de estudio para la Educación Básica. México.
  • Stobart, G. (2010). Tiempo de prueba para la Educación Integral. Plan y programas de estudio para la Educación Básica. México.
  • Tilbury, D. (2001). “Reconceptualización de la educación ambiental para un nuevo siglo”; en Tópicos de Educación Ambiental. No. 7. México.
  • Vigotsky, L. (1934) Lev Vigotsky Pensamiento y lenguaje. Edit. Paidós. Barcelona, España.

Tania Casas Ochoa
Doctorante en Educación (UCI), Maestra en Ciencias de la Educación (UCI), Licenciada en Educación Primaria (ENAZ), Profesora de grupo en Educación Primaria (SEP), Correctora de estilo y redacción.

Daniel Flores Salgado
Doctor en Educación (UCI), Maestro en Educación Ambiental (UPN), Especialista en Gestión Directiva de Calidad en Educación Básica (CAM-DF), Especialista en Computación y Educación (UPN), Licenciado en Administración (UAM), Licenciado en Educación Primaria (BENM), Supervisor Escolar de Educación Primaria (SEP), Docente de Licenciatura, Maestría y Doctorado en Educación (UCI), Auditor externo de la Licenciatura en Educación Primaria (Ceneval), Diseñador de programas académicos en Educación Primaria (IFIIE).

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