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Usos múltiples

Mentes peligrosas

Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán
Armando Meixueiro Hernández


Mala educación

La calidad de la educación ha tenido enormes dificultades para identificar los rasgos que un proceso de formación genera en los sujetos que transitan por la misma en una confusión interna que, por una parte, desconoce lo que significa formar, acceder a la cultura, construir los rasgos de una persona, de una ciudadanía y, en su caso, de una formación profesional, las que son expresión de cualidades intrínsecas y sustanciales de lo educativo, pero difícilmente medibles.

Ángel Diaz Barriga

Hay una voz emocionada que sale de un micrófono y un bullicio en el auditorio de un colegio —en Long Island en el estado de Nueva York— que integra distintos niveles escolares, desde prescolar hasta preparatoria. Al parecer es una ceremonia de graduación: se escucha a un orador decir los logros de la escuela centrados en dos indicadores: cuántos y a qué prestigiadas universidades han sido aceptados los estudiantes high school (nivel medio superior de cuatro años) de la generación que egresa, que por el rugir y los aplausos de los padres de familia que abarrotan el lugar, son considerables; y, el otro indicador, haber alcanzado el 4º lugar nacional en el ranking de calidad de esas escuelas públicas en los Estados Unidos. El discurso es preparatorio para el ingreso triunfal al recinto del superintendente (supervisor) que se prepara en el baño dándose una retocada a su bien cuidada imagen (un Hugh Jackman, en madurez actoral).

Es el inicio de la película Mala educación (Bad education, Finley, C. EUA: 2020, producida por HBO) que no trata de cómo se construyó el prestigio de esa escuela, ni de maestros, padres de familia o alumnos de excelencia. Trata de un fraude. El saqueo de recursos públicos que nadie ve por estar ocupados tratando de alcanzar metas.

La película se centra en la indagación del saqueo, robo, complicidad y corrupción de algunos culpables de este hecho. Sólo en algunas ocasiones y superficialmente, cuestionan ese modelo educativo —aunque es tomado del liberalismo económico— que ha puesto a competir a todos contra todos en prácticamente el mundo entero: alumnos vs alumnos: por calificaciones y promociones; maestros vs maestros: por reconocimiento, dinero y subsistencia; escuelas vs escuelas: por reconocimiento y recursos; administradores escolares vs consejos directivos por lograr posicionamiento y matricula; países vs países por estar arriba en los estándares globales. Lo más terrible es que nadie llama a tirar el modelo educativo dominante que se fue normalizando e incrustando en todas las latitudes sin considerar diferencias o condiciones sociales, sino en adaptarse para sobrevivir en el mismo.

Señalamos lo anterior porque ya no es hoy el ecosistema escolar el más sano posible, en el que, por ejemplo, la colaboración —si es que se propicia— solo sirve de base para que un equipo se apoye entre sí para lograr un éxito, casi siempre externo, que les es demandado a los colectivos escolares.

Al principio vemos al supervisor y a su asistente, plenos y satisfechos con la máscara que han construido. Parece que trabajan mucho y, tienen suficiente tiempo para atender el sistema que es un centro escolar de este tipo y tener una agenda propia de enriquecimiento y placeres propios. Su nivel de vida es de clase media norteamericana. Son eficientes en su desempeño laboral. Han llevado al colegio de ser una escuela del montón al top ten nacional. Al parecer destacados e impecables.

Nos gustan dos escenas de la cinta: en la primera se acerca una alumna a entrevistar a la asistente y el superintendente al ver que toca y no abren la oficina contigua, la atiende y escucha. Ella está haciendo un reportaje para el diario escolar, estudia en el primer año del nivel superior. Le hace una pregunta sobre la gestión escolar que es contestada puntualmente. La niña educada apaga la grabadora y da las gracias. El supervisor, le dice que debe preguntar más sobre la respuesta. Ella le contesta que sólo se trata de un breve reportaje. Él le da una lección del por qué en el periodismo se debe profundizar. Esta enseñanza se le revertirá al superintendente hasta llevarlo al colapso.

La segunda escena es sobre el comportamiento de los padres de familia. Constantemente demandan la atención específica para sus hijos por parte de maestros y autoridades. Por ejemplo, en esta escena observamos dos partes; en la primera el superintendente atiende a una madre que ha insistido otras veces, pero esta vez el superintendente, le aclara la descalificación implícita que tiene esa solicitud de atención particular en un recinto público y luego olvidar para siempre al que la atendió. La segunda parte de la escena es notable: para corregir al pequeño hijo de la madre de familia, que no puede repetir la palabra aceleración, el supervisor recrea y actúa toda una competencia de autos en su propia oficina, para hacer significativa la palabra. Las palabras competencia y aceleración, en el centro de la formación como metáforas de la cinta.

Hay otras cuestiones que la Mala educación toca: ¿cuánto debe ganar un profesional de la educación de calidad, en una carrera en la que la visibilidad social y personal cuentan mucho? ¿Es realmente el logro escolar lo que se aquilata para diferenciar a una escuela o las relaciones, conexiones y recomendaciones? ¿cuánto realmente cuesta una buena educación y cuál es el valor real?

En modo alguno son justificables los actos de estafa que este grupo de dirigentes escolares. Son delitos y merecen prisión. Pero también es fundamental llevar este caso real a una reflexión sobre el ciego camino que ha propiciado un modelo de calidad de la educación, basado en metas cuantificables.

Es sumamente importante ver esta película en el momento actual y preguntarnos si queremos regresar en las instituciones educativas a esa normalidad.

Referencia

  • Díaz-Barriga, Á. (2017). De la evaluación individual a una evaluación social-integrada: La institución educativa, su unidad. en Docencia y evaluación en la Reforma Educativa 2013, Ángel Díaz-Barriga (coord.), IISUE- Universidad Nacional Autónoma de México, México, pp. 327-364.

Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán
Director de Pálido Punto de Luz

Armando Meixueiro Hernández
Director de Pálido Punto de Luz

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