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LA CLASE

Tema del mes

Adrián Silva Valle


Regreso a clases en tiempos de contingencia. Una reflexión sobre las prácticas cotidianas

El estudio de la vida cotidiana es una forma de conocer las pequeñas particularidades de la historia. Toda gran hazaña histórica que conocemos, se hace particular e histórica, por los efectos que tiene en la cotidianidad de una época, la vida cotidiana es la vida del individuo, en ella pone en obra todos sus sentidos, toda sus capacidades intelectuales, sus habilidades manipulativas, sus sentimientos, sus pasiones, ideas, ideologías (Heller, 1985: 39; 42). Es ahí donde se expresan las prácticas cotidianas, las cuales competen a un conjunto extenso, de difícil delimitación que pueden ser llamados procedimientos y “son esquemas de operaciones, y de manipulaciones técnicas”, (De Certeau, 2010: 51) que se ponen en juego una manera al actuar, son un arte de utilizar. En este sentido, reflexionar la historia desde la cotidianidad, es una forma de conocer más acerca el presente. Las prácticas que hoy forman parte de nuestra vida cotidiana, en alguna época fueron “insertadas”, y lo que hoy aún no es una práctica, lo puede llegar a ser en el futuro.

A propósito de crisis sanitaria que enfrenta el mundo por la irrupción del Covid-19, un buen ejemplo que puede permitir reflexionar en torno a la modificación y adopción de prácticas en la vida cotidiana que estas crisis generan, así como la importancia que esto tiene, son las epidemias que la sociedad ha enfrentado en otras épocas, como fueron muchos casos durante los cuatro siglos de dominio hispánico. Una de estas crisis fue la de 1736 que se propagó en muchas ciudades de la Nueva España, como la Ciudad de México, Puebla, Tlaxcala, Querétaro, Toluca, Cuernavaca, Dolores, Tula, San Juan del Río, entre otras, las cuales enfrentaron una terrible enfermedad, que en pocos meses se convirtió en una epidemia, la cual era conocida como matlazáhuatl, cuya traducción es erupción como una red (Molina, en Gonzalbo, 2014: 181). Los síntomas de aquella enfermedad entre otros fueron erupciones en la piel, dolor de cabeza, escalofríos, fiebre, vómito, hemorragia nasal y delirio. Muchas de las crónicas de la época relataron y describieron los terribles efectos de esta epidemia “que cegaron la vida de millones de indígenas, una de las más mortíferos entre las patologías coloniales” (Cuenya, 1996: 52). Los primeros contagios que se reportaron de matlazáhuatl fueron entre trabajadores de un obraje, quienes trabajaban en condiciones de hacinamiento y un entorno de mala higiene. Se estima que se alojaban más de 100 operarios entre esclavos y trabajadores libres en un mismo lugar. Se cree que el contagio de la enfermedad, se transmitió por la picadura de pulgas o piojos de ratas, ya que en la época era común la infesta de piojos y pulgas, los cuales se albergaban con facilidad en las personas, pero también en la ropa, la lana que era utilizada en jergas, empaques o ropa de vestir. Las condiciones insalubres propiciaron una rápida propagación, el baño y el cambio de ropa diarios no eran una práctica cotidiana en la época. Además, debido a la falta de infraestructura los desechos fecales se arrojaban a los ríos y canales, convirtiéndolos en el principal medio de propagación de esta y otras enfermedades. Como medidas para combatir el matlazáhuatl, entre otras, se limpió el aire con luminarias perfumadas, con azufre y pólvora; se ventiló los templos y parroquias; y se recomendó que en los zaguanes de las casas hubiera ollas de azufre encendido, entre otras acciones (Molina, en Gonzalbo, 2014: 182: 183; 185; 186).

Sin embargo, más allá de las medidas que hoy podríamos llamar de sanitización implementadas para combatir esta y otras epidemias que azotaron a la nueva España durante todo el siglo XVIII, existen otras acciones que se llevaron a cabo y que al paso de la crisis perduraron, las cuales tenían que ver con prácticas de la vida cotidiana. Como parte de las medidas sugeridas para prevenir, curar y enfrentar las epidemias, en algunos manuales médicos de la época (Molina, 2001), el Ayuntamiento de la capital de la Nueva España posterior al matlazáhuatl y otras epidemias que azotaron a la población a finales de ese siglo, comenzó a adoptar diversas medidas recomendadas en estos manuales. Por ejemplo, para mejorar las condiciones de salubridad de la vía pública se ordenó que los ciudadanos debían barrer las calles y aceras de sus casas, no podían tirar basura o animales muertos como perros y gatos en espacios públicos, ni agua sucia o cosas que olieran mal, y disponía los lugares donde estas acciones podían llevarse a cabo a las afueras de la ciudad. En cuanto al uso de letrinas, hubo una fuerte política higienista por parte del gobierno para que la gente aprendiera a utilizarlas, en lugar de buscar rincones en la vía pública para hacer sus necesidades. Para solucionar el problema de insalubridad de los mercados, en 1788 la junta de la policía ordenó que los vendedores pusieran techos a sus puestos para que se resguardaran de la gran cantidad de moscas que había y se mandó a juntar todos los días la basura (Rodríguez, Rodríguez, 1999: 193; 194; 195).

Estas acciones destinadas a combatir las epidemias de la época, tienen dos características que nos interesa resaltar. Por un lado, fueron decisiones que estaban dirigidas a modificar o adoptar ciertas prácticas cotidianas relacionadas con la higiene, las cuales servían como foco de infección y contagio para epidemias como el matlazáhuatl. Por otro lado, estas acciones se caracterizan por el hecho de trascender al tiempo, es decir, fueron prácticas adoptadas de tal modo que algunas de ellas permanecerían hasta nuestros días. Es decir, uno de los resultados como consecuencia de fenómenos como las epidemias, es que se modificaron y adoptaron nuevas prácticas en la vida cotidiana en pro del cuidado de la salud, la importancia de esto radica en que es en la vida cotidiana el “lugar” donde a diario nos desenvolvemos, donde las personas “participan con todos sus aspectos de su individualidad, de su personalidad” (Heller, 1985: 39). Por esa razón, los grandes acontecimientos de la historia, se hacen particulares e históricos, por el efecto que tienen sobre la vida cotidiana.
Este ejemplo, nos puede llevar a reflexionar respecto de lo que podría suceder en términos de algunas prácticas cotidianas, la aparición del Covid-19, el cual ha sometido a una dura crisis a todo el sistema político, económico y social a nivel mundial. Al igual que en otras épocas, la aparición repentina de la enfermedad ha demandado la adopción de medidas urgentes para combatirla, entre estas se encuentran el lavado constante de manos, el uso de gel antibacterial, el distanciamiento social, el uso de cubrebocas o mascarillas y el confinamiento, entre muchas otras. En el ámbito educativo dentro de las primeras acciones que se tomaron además de éstas, fue la suspensión de clases para evitar los contagios masivos. Sin embargo, aunque las acciones han permitido contener la enfermedad, ésta no será erradicada, y la transmisión del virus continuará por lo menos hasta el mes de octubre (Expansión, 2020), y todo indica que estamos a pocas semanas de que se reanuden la mayor parte de las actividades, entre ellas el regreso a clases en la educación básica. Esto nos obliga como docentes a reflexionar acerca de los cambios en las prácticas de la vida cotidiana que esta pandemia nos hará modificar al interior de las escuelas (aunque no se circunscriben sólo a ese ámbito) ¿cuáles de éstas trascenderán al tiempo?

Desde esta perspectiva, el regreso a clases en estas condiciones pondrá al centro de la discusión a las escuelas y al manejo que las y los maestros hagamos del control de la enfermedad al interior de las aulas. Hay indicios que permiten pensar que la aparición de este nuevo virus, como en el caso de otras crisis similares en la historia, llevará al cambio de ciertas prácticas cotidianas tanto al corto como al largo plazo. En este sentido es pertinente que los docentes reflexionemos, más allá de las indicaciones y discrusos oficiales que se den a las escuelas, entre otras cosas ¿Cuáles son las nuevas prácticas que la escuela deberá fomentar? ¿Qué hábitos serán necesarios modificar para evitar el contagio al corto y largo plazo? ¿Será necesario cambiar algo o no? ¿Será necesario mantener la sana distancia y en su caso cómo hacerlo bajo las condiciones que tienen las escuelas públicas? ¿Debemos educar para las pandemias del siglo XXI? ¿Debemos generar prácticas de adaptación a estos nuevos escenarios?

Quizá sería pertinente que estas y otras preguntas fueran reflexionadas entre toda la comunidad escolar, de acuerdo a las características de su población, condiciones y necesidades, en virtud de que la escuela forma parte de la vida cotidiana de los estudiantes y del mismo personal de las escuelas, y si algo ha trastocado el Covid-19, es precisamente la cotidianidad de cada uno de nosotros. Es decir, desde el ámbito educativo en las prácticas cotidianas podemos encontrar formas y maneras de actuar que todos los días podemos ver en las escuelas como: la forma de saludarse, cómo se organiza el salón de clases, cómo se organiza el personal administrativo, los espacios y los materiales necesarios para el aseo y la higiene de todos, cómo se organiza el receso, cómo juegan los estudiantes, cómo y en qué les venden la comida, cómo se relacionan, entre muchas otras. A estos ejemplos de prácticas, habría que sumarle otros que tal vez sean necesarios incorporar en el regreso a clases como el uso de cubrebocas ¿obligatorio?, la permanente limpieza de manos, desinfección y sanitización de las aulas, entre otros. En este sentido, la crisis del Covid-19 pone a discusión de las y los profesores el qué, el cómo y de qué manera se trabajará para modificar en el corto o el largo plazo ciertas prácticas que forman parte de la cotidianidad de quienes convivimos a diario en las escuelas.
Las prácticas al ser esquemas de operaciones que se ponen en juego al actuar, nos indican que forman parte de todo un sistema de disposiciones duraderas y transferibles que Bourdieu (2009) llamó habitus. En este sentido, para lograr la modificación de algunas de estas prácticas, será necesario dejar de lado las estrategias coercitivas que muchas veces son utilizadas en las escuelas de educación básica como una vía rápida para que el estudiante acate las indicaciones docentes como los castigos, el uso de los reportes, los citatorios e incluso las suspensiones, y por el contrario, tal vez sea oportuno trabajar para enseñar al estudiante a reflexionar sobre el sentido de las prácticas. Es decir, donde exista un proceso de pensamiento reflexivo que los lleve adoptar las medidas por convicción. Esto podría trabajarse desde lo que Foucault en la hermenéutica del sujeto (2012) llamó el cuidado de sí, que en términos muy generales puede entenderse en tres aspectos fundamentales: es una actitud con respecto a sí mismo, con respecto a los otros y con respecto al mundo; es una manera de convertir la mirada y llevarla del exterior al interior; es una acción que se ejerce sobre sí mismo por las cuales cada persona se hace cargo de sí mismo (Lanz, 2012: 40).

Es decir, convocar a los estudiantes, a los propios docentes y en general a toda la comunidad escolar, a la reflexión de que cuidar de uno mismo implica preocuparse por el otro, y por lo tanto, en la modificación de ciertas prácticas cotidianas, está implícito nuestro interés por los otros, por la ciudad, por el mundo, por la vida. En este sentido, cada escuela de acuerdo a sus características deberá definir las mejores estrategias para trabajar sobre esto, con la finalidad de que el cambio de las prácticas cotidianas, se logre desde la reflexión, que permita a los sujetos pensar en cómo actúan, por qué y para qué, y no sólo “porque el maestro se lo pide” o porque “así lo pide la autoridad educativa”.

La crisis sanitaria puede ser una oportunidad para cuestionar muchos aspectos de la vida cotidiana, sin duda deberá obligar a todos los sectores de la sociedad a una profunda reflexión respecto del papel que cada uno está jugando en la sociedad, y en ese sentido, los y las docentes, la escuela, no puede quedar al margen de esa discusión. Pero esta no puede darse únicamente bajo el discurso que dicten las autoridades educativas, es necesario que a partir de las características y condiciones que cada centro escolar tiene, lleven a cabo esas reflexiones. El sentido que tienen la vida cotidiana y algunas de sus prácticas, quizá podría ser uno de los ejes que guíen esa reflexión, muy probablemente como en otras épocas, algunas de las acciones que se están llevando a cabo trascenderán a la crisis, y permanecerán con el tiempo. Pero es necesario dotarlas de significado, es decir tener claro el por qué y para qué de la prácticas.

Bibliografía
Bourdieu, Pierre (2009). El sentido práctico, Argentina, Siglo XXI editores.

Cuenya, Migue Ángel (1996). Peste en una ciudad novohispana. El matlazahuatl de 1737 en la Puebla de los Ángeles, Anuario Estudio Americanos, [en línea], Tomo LII, 2, 51-70, [fecha de consulta 30 de abril de 2020]. Disponible en: http://estudiosamericanos.revistas.csic.es/index.php/estudiosamericanos

De Certeu, Michel (2010). La invención de lo cotidiano 1. Artes de hacer, México, Universidad Iberoamericana.

Expansión (2020). Salud estima que contagios de coronavirus se prolongarán a octubre, [en línea], [fecha de consulta: 29 de abril de 2019]. Disponible en: https://politica.expansion.mx/mexico/2020/03/24/salud-estima-que-contagios-de-coronavirus-se-prolonguen-a-octubre
Foucault, Michel (2012). Hermeneútica del sujeto, México, Fondo de Cultura Económica.

Gonzalbo, Pilar (Coord.) (2014). Historia de la vida cotidiana en México III, el siglo XVIII entre tradición y cambio, México, Fondo de Cultura Económica/Colegio de México.
Heller, Agnes (1985). Historia y vida cotidiana, México, Grijalbo.

Lanz, César (2012). El cuidado de sí y del otro en lo educativo. Utopía y Praxis Latinoamericana [en línea], 17 (56), 39-46 [fecha de consulta 30 de abril de 2020]. ISSN: 1315-5216. Disponible en: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=27921998005.

Molina, América (2001). Las prácticas sanitarias y médicas en la ciudad de México, 1736-1739. La influencia de los tratados de peste europeos, Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, [en línea] 39-58, [fecha de consulta 29 de abril de 2020]. Disponible en: http://148.202.18.157/sitios/publicacionesite/pperiod/esthom/esthompdf/esthom20/39-58.pdf

Rodríguez, Martha Eugenia, Rodríguez, Ana (1999). Asistencia médica e higiene ambiental en la ciudad de México Siglos XVI – XVIII_, Gac Méd Méx [en línea], Vol.135 No. 2, [fecha de consulta 29 de abril de 2020]. Disponible en: http://www.anmm.org.mx/bgmm/18642007/1999-135-2-189-198.pdf

Adrián Silva Valle
Profesor de secundaria.

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