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Deserciones

Lo ético, lo estético y lo patético del Sistema Educativo Nacional

Alfredo Villegas Ortega


SEP y la pandemia pedagógica: perder el bosque por contemplar las ramas.

Enseñar no es transferir conocimiento, sino crear las posibilidades para su propia construcción

Paulo Freire

En mi experiencia como maestro en la Escuela Normal Superior de México, he chocado muchas veces con la visión institucional de apegarse al programa. Con las pseudo reformas de los últimos años, hemos entrado en un tobogán porque, sencillamente no hay rumbo. Pensar la educación como clases que se van acumulando, como retazos que se van pegando, como episodios desconectados, que hay que cumplir para propiciar los famosos aprendizajes esperados. Eso es pura vacilada, lo he dicho, lo sostengo en la Normal y lo explico ahora.

¿Qué espero de un proceso educativo, cualquiera que sea el nivel? Que quien lo cursa, al terminarlo, sea mejor en algo, que lo pueda reflejar en su vida cotidiana, que le proporcione satisfacción y le permita desempeñarse mejor en la vida. La educación debe transformar la realidad, la del individuo concreto y la de la sociedad que le da sentido y horizonte. Pensar en un aprendizaje esperado es dejar de ver el bosque y enredarse en las ramas. Yo, les insisto a mis alumnos que piensen en qué país quieren, qué mexicano debemos formar, qué mundo es el que queremos para nuestros hijos y nietos. Si pensamos en ello, entonces cada clase, cada bloque, unidad o lo que sea, abona para acercarnos a eso, y si el aprendizaje esperado de equis día no se cumplió, no pasa nada, porque debemos pensar si en algo impactamos en ese ideal grande al que aspiramos a llegar. Filosofía de la educación: pensar qué mundo queremos y cuál es la misión de la educación en ese sentido. Si la SEP no nos la ha dado, debemos hacer el esfuerzo por encontrarla. Nadar a contracorriente si es necesario.

Así, ahora, en estos momentos de emergencia la SEP se va por el camino cuadrado de siempre: hay que apegarse al programa y cumplirlo lo más que se pueda. La realidad, terrible, por la que estamos pasando, no les ha servido para que abran los ojos y vean más allá de las ramas que el bosque se está incendiando y que de esta terrible experiencia podemos aprender otras cosas mucho más importantes, dadas las circunstancias, que sus contenidos muchos de ellos huecos y, peor, sin la presencia, el acompañamiento y la traducción de éstos con el maestro.

El gran aprendizaje, por el que debieran ocuparse otras autoridades educativas más sensatas, está ahí: todo mundo habla de ello, menos en la comunidad educativa. Una comunidad, cierto, que hoy no está reunida. Una comunidad que la SEP intenta reunir por internet, pero no para reflexionar sobre lo que está pasando, no para dar un espacio para la comprensión del fenómeno por los niños, a los que simplemente se les aísla y se les dice que no pueden salir, pero eso sí, que deben cumplir con sus deberes.

Se les sugieren (a los maestros y alumnos) una serie de horarios para ver las clases por televisión, se supone que sus padres deben acompañar este proceso. ¿Realmente funciona eso o es mera simulación? Se obliga a los maestros a contactar a sus alumnos por internet y, eventualmente, a dar clases en línea. ¿Cuántos niños tienen internet licenciado Moctezuma? ¿Qué plataformas son las adecuadas? ¿Cuántos maestros han sido habilitados para realizar esta tarea? ¿Seguimos pensando en los contenidos y aprendizajes esperados, sin abrir la cortina para ver y hablar sobre lo que ocurre afuera? ¿No sabe, señor Secretario, que muchos de esos niños y jóvenes viven hacinados, en condiciones de pobreza y cuyos padres están pensando en cómo pagar el abono chiquito de la televisión, si es que ni se las han embargado? ¿Sabe Usted cuántos tienen computadora, si sirven para lo que se está pidiendo y si tienen conexión a internet? ¿Sabe que en algunas casas hay tres o más hijos con una computadora o televisión? ¿Eso cómo se soluciona? ¿Cómo le hacen los maestros o cómo le hacen los padres, quién o qué programa hay que abrir?

Si se han de usar las plataformas, que sean para proporcionar información adecuada y dosificada a padres y alumnos para que dejen de primar los prejuicios y se imponga la lógica y el rigor científico. Se puede hacer, para cada nivel y es más importante que aprenderse números o fechas en este momento. Si se ha de requerir que vean la televisión que se haga, también, en la misma lógica. Pero no para exigir tareas ni para cargarles la mano a los maestros subiendo evidencias de tareas, contenidos y aprendizajes que quién sabe cómo se van a producir. ¿Cuáles evidencias? Pura simulación para decir que la autoridad educativa no permitirá que se pierda el curso. Tonterías.. Ahora lo que no se debe perder es la vida, lo que se debe aprender es a respetarla, a valorar la convivencia, a fortalecer los lazos, a sabernos parte de una especie tan frágil o más que muchas otras. Es momento de leer y traducir lo que está ocurriendo. Hay escuelas donde los directivos tienen grupos de whatsapp con los padres y son el vínculo para hacerles llegar las tareas que los maestros les entregan a los directores. ¿Después qué pasa? Nada, ya se entregó a los padres para que lo apliquen con los hijos. El maestro, en estos casos, queda al margen de eventuales aprendizajes o dificultades de sus alumnos para entender algún tema. Ridículo, tramposo, político: la SEP está cumpliendo, parece ser el mensaje de la autoridad educativa. .

Por fortuna, los niños y los jóvenes son los menos amenazados por la pandemia, pero son seres que deben ocupar nuestro pensamiento, no sólo como recipientes a los que hay que vaciarles contenidos sin piedad, depositarles contenidos como juzgaba Freire, cuando se refería a la educación bancaria, en donde no hay análisis, debate, procesos reales de educación y de su correspondiente transformación.

Los niños, sin ser los principales afectados por la pandemia, en términos de la enfermedad, lo han sido de otra manera. Los niños y jóvenes son los grandes damnificados. Confinados en hogares a veces violentos, en otras ocasiones hacinados, pero aun en el caso de que así no sea, encerrados sin entender bien a bien qué es lo que ocurre. No hay de otra. La salud y su vida es lo más importante, como la de todos. Eso está claro, las disposiciones sanitarias nadie las discute, se acatan para preservar la vida y contener un avance mayor de la pandemia. Pero, en términos educativos, ¿no sería más sensato pensar en algunas de las cosas que se han señalado, no sólo en este texto, sino en cientos de opiniones de maestros y expertos y dejarse de simulaciones?

Es tiempo de cuidarse, de valorar la vida, de pensar. Los maestros son mucho más que un operador de máquinas. No lo han entendido durante tantos años, y seguimos en las mismas. El maestro es la llave que posibilita el acceso a muchos mundos, y esos, curiosamente, sin negar los beneficios de la tecnología, se encuentran en la construcción de sentidos en el aula o fuera de ella, pero en comunidad, no virtual, en contacto. Tal vez el destino nos está alcanzando y sea necesario, en efecto, pensar en otras formas de producir aprendizajes, de educar a distancia, pero ahora, la realidad es cruel, no estamos preparados ni en términos humanos, ni de operación, ni de plataformas adecuadas. Ésa será, si se considera correcta, con la debida y necesaria participación de los maestros, una alternativa, no la solución y no ahora.

La SEP tiene la obligación de educar sí, pero debe adecuarse a los tiempos que estamos viviendo, y antes de pensar en cumplir programas, de manera forzada y sin las condiciones adecuadas, debería entender y atender necesidades mucho más imperiosas, que si no se han atendido cabalmente, es tiempo de empezar. Las crisis se enfrentan con un cambio de actitud o de paradigma. Es tiempo, por ejemplo, de hacer que la comunidad educativa, que los padres de familia entiendan los problemas que enfrentan, en esta pandemia, de manera más expuesta, las personas con sobrepeso, diabetes e hipertensión. ¿No sería mucho mejor atender la importancia del carácter preventivo que también debe ofrecer una buena educación? ¿No es más importante ahora, intentar, con bombardeos a través de los medios, de educar para no consumir alimentos chatarra, de advertir los problemas de la obesidad? ¿No sería urgente, hoy más que nunca? Eso no tiene que ver con aprendizajes esperados, sesgados y limítrofes, sino con una verdadera educación para la vida. Hoy la gente muere por un virus, cierto. Ataca con mayor fuerza a los adultos mayores, pero también a los obesos, diabéticos e hipertensos. ‘¿No va siendo tiempo de educar, realmente, de mirar el bosque (la educación integral y para la vida) y no atascarse en las ramas de programas rebasados por la realidad (cumplimiento de disposiciones burocráticas sin rumbo)? La realidad es cruel, y más allá de la pandemia por el Covid 19, está exhibiendo la falta de sensibilidad y oficio en las autoridades educativas, empezando, obviamente por el Secretario de Educación, Esteban Moctezuma.

Alfredo Villegas Ortega
Maestro en Educación por la Universidad Pedagógica Nacional y Académico de la Escuela Normal Superior de México.

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