No_es_momento_de_evaluarlos
Orientación educativa

Decisiones

Fabiola Mejía Moreno


Quédate en casa: Experiencias educativas de preescolar en las clases a distancia

“No es momento de evaluarlos. Es momento de acompañarlos. Ahora más que nunca los niños necesitan ser felices no ser los mejores.”

Frase vista en memes y viralizada por redes sociales

Todo comenzó con una noticia mundial acerca de un virus que hipotéticamente surgió en CHINA y que en un abrir y cerrar de ojos era una pandemia y de la cual ya éramos parte. De inmediato, al correo institucional llegó una gaceta y una serie de documentos que nos informaban cómo y qué debíamos hacer, todo parecía tan rápido que al otro día ya teníamos todos impresos en el escritorio de la dirección, entre esos documentos, uno extra: una carta responsiva que los padres debían llenar y constatar en el que su hija o hijo no presentaba alguno de los síntomas ahí descritos y que podían ser del temido bicho “virus”.

Se informó a los padres que pasarían a los salones para darles información acerca del COVID 19 así como de las medidas necesarias que implementaríamos ante esta situación. En la escuela donde trabajo hubo de todo, desde padres que prefirieron llevárselos porque presentaban algún síntoma ahí descrito o simplemente los que tenían miedo al contagio de aquel niño o niña que el papá había firmado sin quisiera leerlo, a pesar de que presentaba algún síntoma y del cual la maestra intentó convencer por seguridad de todos, pero sólo recibió un “no tengo con quien dejarlo” o “¿Hay clases o no?”

A partir de ahí las aulas no fueron las mismas, una inasistencia irregular, los niños bombardeados con toda la información acerca del CORONAVIRUS, tanto en casa, en las conversaciones de “adultos”, en noticias, como las actividades en mi planificación, así como los vídeos que se les presentaban a nivel escuela y que se tenía que pasar por grupos obviamente con todas las normas de seguridad.

Y de inmediato los niños se apropiaron del nombre CORONAVIRUS y comenzamos a intentar trabajar con normalidad, sin embargo no era lo mismo, no faltaba quien preguntará: “¿por qué no vinó Zaid?” “¿Estará bien Liam?” Ó “¡Maestra él ya tosió y no se tapó la boca, nos va contagiar!” Hasta comentarios como: “Maestra mi papá dice que eso no existe”. A todas esas dudas y conjeturas yo intentaba responder, con una serie de cuestionamientos que los hicieran reflexionar.

No pasó mucho para que las aulas quedarán vacías. Las docentes debíamos dejar actividades planeadas para entregar a padres de familia, que debían recibir y hacer que realizaran sus hijos en esos quince días que faltaban, antes de salir de vacaciones; pero eso no fue todo, las docentes teníamos que contar ya con un instrumento de evaluación el cual debería ser funcional y enfocado a esas actividades con aprendizajes que tenían que adquirir en estos quince días de ausencia, para que regresando de vacaciones, pudiéramos aplicarlo. ¡Qué ironía! Aún no sabíamos lo que iba a pasar y ya estábamos preparadas para evaluar.

Ahora ya en esta tercera semana, o la semana que sea porque ya perdí la noción del tiempo, y que obviamente no hemos regresado, la frase “quédate en casa” es lo que más resuena y escuchamos, aunque para todos no es tan fácil quedarnos en casa.

Y llegó el momento de regresar a clases, aunque fuera de manera virtual. Así que en el grupo institucional de WhatsApp del Jardín, ya pedían la manera de cómo evaluar las actividades de marzo, las que podían ser con una rúbrica grupal, pero además nos pedían evidencias que los padres tenían que haber mandado. Se quedaba pendiente la fecha pero tenía que ser en la primera semana de la cuarentena. Lo que urgía era tener una planificación semanal, que ya debería estar lista para enviarla el día lunes de regreso de las vacaciones, no vaya ser que los niños no sigan aprendiendo. Y es importante mencionar el programa “Aprende en casa”, que implementó la Secretaria de Educación, porque debe ser parte de esa famosa carpeta de evidencias. Los niños tienen que incluir allí las actividades de la planificación y de lo que vieron por televisión.

Pero a mí no me dejaban de rondar en la cabeza varias preguntas: ¿Cómo estarán mis alumnos? ¿Cómo estarán sus padres? ¿Tendrán aún trabajo?, ¿Qué estarán pasando? En definitiva conozco una parte de su contexto por la entrevista inicial, pero ahora no conozco su realidad. Y eso no parece importarle a nuestras autoridades, lo importante es lograr que “aprendan” y que todo continúe como si no pasará nada, para concluir el ciclo escolar con normalidad.

A mí sí me importa lo que está sucediendo con los niños a mi cargo en la escuela, así que comencé a investigar. Ya estaba en un grupo de WhatsApp establecido con los padres de familia, y eso me hizo recordar lo que tanto nos pedían las autoridades: “no tener contacto con los padres en ninguna red social, no intervenir nunca de más”; sin embargo, eso siempre se me ha dificultado, porque para mí, tener una buena comunicación con los padres o conocer más de mis alumnos, me permite abrir el panorama como maestra; obviamente, recordando siempre el único objetivo, que es el bienestar físico, emocional y cognitivo de mis estudiantes. Así que no desaproveché esta oportunidad, y me puse a investigar de manera privada con todos los integrantes de mi grupo; desafortunadamente solo me faltó una niña que se acababa de inscribir y que no tenía un número de celular o telefónico. Aún estoy tentada de ir a buscarla al domicilio que proporcionó.

Por ahora el resultado de mi indagación ha sido triste. La mayoría de los padres se quedaron sin empleo, otros tantos con la mitad de sueldo, algunas mamás han tenido que buscar otras opciones, como vender gelatinas en la colonia para solventar gastos. La ganancia es muy poca, no hay gente, la mayoría no cuenta con internet y los que cuentan me dicen que no saben hasta cuando tendrán el servicio ya que no podrán seguirlo pagando. La mayoría usa datos, lo cual por ahora no tendría que ser una prioridad, pero están las tareas de sus hijos.

Por desgracia, las tareas en las escuelas primarias se deben reportar diario y son excesivas. Además, serán parte de su evaluación. Al menos eso es lo que me cuentan las abuelas y madres angustiadas. Y que también mencionan que se les han dificultado las clases a distancia porque dicen que “hay que ser maestra para enseñar” y ellas no están preparadas. Y bueno, con las benditas clases por televisión, si los niños tienen alguna duda hay que aclararlas, y expresan: “cómo, si no sabemos, hay que investigar y explicárselos y a veces pensamos que ya nos entendió pero resulta que los confundimos más.”

Y con las clases por televisión de los más pequeños, las mamás y abuelas afirman que: “mantenerlos sentados por dos horas y levantarlos temprano para que no pierdan clases es un problema.” Sin contar con los deberes diarios, lo cual hace que se vivan momentos de estrés, que terminan en discusiones familiares, porque lo más importante es llevar de comer, con la incertidumbre de saber sí habrá dinero para seguir subsistiendo mañana.

Ese es el sentir de nuestros padres de familia en esta cuarentena y en las clases a distancia: la incertidumbre, el miedo y en algunos casos la desesperanza. Nuestro gobierno pareciera que predica con un discurso retórico, que suena muy bonito al escucharlo, esas dos palabras que son pilares de una educación de calidad: EQUIDAD y DIVERSIDAD, y que siempre nos recuerdan que como docentes no debemos olvidar, pero a la hora de enfrentarse a la realidad parece que se les olvida.

Yo haré mi parte, buscaré actividades que realmente sean significativas para ellos y que sean de la realidad en la que están sumergidos, buscaré la manera que la palabra EQUIDAD se vuelva una realidad en mi práctica. Por ejemplo, ya quedó opcional tener clases por TV, pedí que no mandaran fotografías y audios al mismo grupo donde están todos y que quien pueda las mande.

He cambiado mi planificación disminuyendo el uso de internet y estoy adecuando actividades con los libros que se llevaron, por ejemplo el de “Mi álbum”. También doy sugerencias personalizadas ya sea por WhatsApp y para los que tienen datos y mencionaron pocos recursos, les llamó por teléfono. Antes de saber eso, les hice un vídeo explicando estas medidas, cosa que los tranquilizó porque también ya están angustiados, y eso ha sido funcional. Las mamás me pidieron que siga manteniendo la comunicación aunque no tengan wifi, por eso pienso continuar llamándolas.

Algunas mamás me han agradecido las acciones que he tomado frente a la cuarentena y a la escuela a distancia. Incluso, algunas reconocen que esto es una muestra de vocación y que admiraban el empeño de las educadoras en esta circunstancia tan difícil. Estos son los comentarios que me animan a continuar y enriquecerme en la profesión docente, tan desprestigiada por gobiernos y medios de comunicación, porque sé que, a pesar de la adversidad, las maestros tenemos una responsabilidad invaluable con nuestros alumnos, con las familias, con nuestro país y con todo el planeta.

Fabiola Mejía Moreno
Licenciada en Educación por la Universidad Pedagógica Nacional. Unidad UPN 095 Azcapotzalco

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