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Orientación educativa

Decisiones

Lucero Ledón Martínez


Algunas experiencias de comportamiento y conducta en la cuarentena por COVID19

El jueves 19 de marzo mis compañeros profesores y yo teníamos una sensación de alivio tras haber enviado la planificación de las actividades a distancia para dos semanas de contingencia sanitaria y contar con las dos semanas de vacaciones habituales para nuestro riguroso descanso, necesario, casi vital para regresar y dar el último jalón antes terminar el Ciclo Escolar 2019-2020.

Creyendo estar informados y organizados desconocíamos lo más importante… como sería nuestra experiencia docente a distancia y cuánto tiempo se llevaría esta situación.

Comenzamos así el primer intento por hacer juntos lo que casi siempre hacemos por separado cada mañana, dar nuestras clases de 7:30 a 14:30 h. Poco a poco con la extensión de días y luego de semanas, la petición de ser virtual fue cada vez más recurrente, hemos aprendido a estar presente para los alumnos, para los padres de familia y entre nosotros de manera virtual.

Nosotros los profesores tan estructurados en trabajar por horas, tan planificados para contabilizar los días y los contenidos temáticos, nosotros tan puntuales al iniciar y terminar las clases, tan centrados en los temas de CTE. Hoy con cuatro semanas de trabajo a distancia nos descubrimos haciendo reuniones muy extrañas sobre temas de tecnología a horas que en otro momento nos hubieran parecido inconvenientes.

A la mitad del camino de estas ocho semanas, en las que estaremos trabajando desde casa, comienzo a reconocer las similitudes de muchas de las actitudes o incluso normas escolares que normalizamos en el salón de clases, en el pasillo del colegio, en la sala de maestros, en las oficinas, en las direcciones, por ejemplo: desde hace dos semanas al dar las 8:10 de la mañana, espero a que las cosas sucedan virtualmente.

Un profe que confunde su clave de ingreso a la videoconferencia, como si se confundiera de salón, incluso de hora de clase. Un alumno enviando un WhatsApp a los compañeros para que le soliciten al profesor le permita ingresar a la sala virtual, porque al igual que en lo presencial, se le hizo tarde. El correo insistente de un padre de familia solicitando prórroga para subir las evidencias de la semana que está por concluir, como cuando nos envían en el cuaderno un “recadito” avisando, que no se pudo terminar el trabajo solicitado por “cuestiones familiares”. La distracción de los alumnos enviando chats privados durante la videoconferencia, como cuando se pasan el recadito de lugar en lugar para comentar lo que a ellos les resulta más importante sin importar la clase en la que estén, vaya hasta un conflicto virtual, porque durante la videoconferencia se burlan del alumno que respondió sin activar el micrófono y no se escuchó su brillante aportación, como cuando se lanza una pregunta y te sabes la respuesta, pero no te dan la oportunidad de participar.

Lo que me resulta interesante de toda esta experiencia es ese currículo oculto en donde surgen comportamientos y conductas de una interacción cotidiana y presencial y que ahora parece trasladarse con más efectividad al modo a distancia, incluso más que con los contenidos de nuestro plan de trabajo para esta contingencia sanitaria.

Lucero Ledón Martínez
Profesora de Informática y robótica.

Verónica Daniela Hernández Guzmán. 11 de Julio de 2020 11:11

Tendremos que pensar en las nuevas subjetividades derivados de la crisis de la pandemia, y en consecuencia las nuevas subjetividades en la educación.

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