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LA CLASE

Educación Ambiental

Gabriel Quadri de la Torre


La destrucción creativa de la agricultura, ganadería y pesca

La agricultura, la ganadería y la pesca son los sectores con los mayores impactos ecológicos en el planeta. Pronto, en una generación, serán virtualmente eliminados y confinados a pequeños mercados de nicho; serán reliquias. Contribuyen con más de 20% de las emisiones de gases de efecto invernadero. Son el principal factor que explica la deforestación, la destrucción de la biodiversidad y la extinción de especies. Igualmente, la desertización, la erosión, la salinización, compactación y contaminación del suelo. De hecho, esta gran sexta extinción que observamos en el planeta es provocada en esencia por la agricultura y la ganadería. La agricultura representa el actor más relevante en la contaminación del agua por plaguicidas y fertilizantes, así como en el agotamiento de recursos hídricos. La agricultura y la ganadería han acaparado más de la mitad de la superficie terrestre libre de hielo, en una utilización masiva y terriblemente ineficiente de territorio, con tecnologías que poco han cambiado en los últimos 12,000 años. Los gobiernos prodigan subsidios que incentivan aún más los impactos ecológicos (como en México). Por su parte, la pesca es responsable del saqueo y exterminio biológico de los océanos y del colapso de cadenas ecológicas marinas, a través de la pesca industrial.

De hecho, hoy en día, la alimentación humana es un verdadero dilema moral, ya que cada decisión conlleva profundos efectos ecológicos, biológicos y de sufrimiento animal: carne, pescado, pollo, cerdo, huevos, leche, soya, azúcar, aceite de palma, aguacates, y un largo etcétera.

Hacia el 2050, alimentar a más de 9,000 millones de personas en el mundo requerirá una expansión de 30% en las tierras agrícolas y ganaderas, y en la captura pesquera, así como en el consumo de agua para riego. Significaría un verdadero apocalipsis ecológico, aún mayor del que ya hemos generado.

Sin embargo, una verdadera revolución tecnológica en la alimentación humana está en curso gracias a la biotecnología. Por un lado, destaca la manufactura en laboratorios industriales de un genial sucedáneo de la carne a partir de elementos vegetales. También, su producción a gran escala a partir de células madre. Las empresas que lo llevan a cabo han tenido un notable éxito en la Bolsa de Valores de NY (Beyond Meat, Impossible Foods). Más aún, está en curso ya el desarrollo comercial de proteína de alta calidad, a partir de procesos de fermentación bacteriana de precisión (Solar Foods en Finlandia). La energía proviene de hidrógeno, generado por electrólisis de agua con energía solar, el cual alimenta a una verdadera sopa primordial bacteriana que transforma el CO2 de la atmósfera y el agua en harinas e insumos para una increíble diversidad de alimentos (proteínas, carbohidratos, aceites) dentro de grandes reactores biológicos. La carne será producida, a partir de andamiajes moleculares de colágeno. El proceso de hidrógeno es cientos de veces más eficiente que la fotosíntesis en vegetales, y su eficiencia territorial (espacio, territorio ocupado) es infinitamente mayor que la agricultura. Nuestra alimentación dejará de depender de animales y plantas, y nos será ofrecida por organismos unicelulares.

Se liberarán enormes superficies territoriales que podrán ser destinadas a la conservación y restauración ecológica. Será la mayor epopeya en favor de la vida y de la diversidad biológica en el planeta. Será el fin de la explotación de animales, y de la deforestación. El fin de los plaguicidas y fertilizantes. El fin de la pesca industrial. Y la oportunidad de una oferta de alimentos accesibles y nutritivos para todos. Se estima que, en pocos años, el costo de producción se abatirá espectacularmente, lo que desplazará a cultivos extensivos e intensivos (“orgánicos”) y a productos pecuarios, induciendo a estos sectores a una expresión mínima o a la extinción. La población rural tendrá que emigrar y reconvertirse. Cientos de millones de hectáreas se revertirán a bosques, selvas y desiertos naturales. Los gobiernos deben reorientar su gasto, apoyos, infraestructura e investigación hacia este nuevo mundo.

Gabriel Quadri de la Torre

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