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LA CLASE


Rubén Aguilar


Vivir sin amapola

Desde hace 50 años en una veintena de municipios de la sierra y la montaña de Guerrero, que abarca 1,200 pueblos, se han dedicado al cultivo de la amapola, para producir goma de opio. Es una actividad que ha dado trabajo a unas 50,000 personas.

Esa zona de Guerrero, con la vista gorda de las autoridades federales y estatales, ha vivido de una actividad que la ley considera ilícita, pero se ha dejado que se desarrolle porque ha sido la única forma de inyectar recursos a esa región.

A partir del 2014, con el aumento desbordado del uso del fentanilo por parte de los consumidores estadounidenses, como sustituto del opio, los precios de éste empezaron a caer. En el 2020, la reducción fue de 80 por ciento.

En los últimos tres años, desde el 2017, ante la situación empezó el éxodo masivo de los campesinos productores de amapola en busca de mejores condiciones de vida. La mayoría hacia Estados Unidos.

Durante el auge de la producción de la amapola hubo campesinos que sembraban hasta tres veces en un año. Y en ese mismo tiempo una familia podía ganar hasta 600 pesos al día en la época de la cosecha.

La venta se hacía en conjunto y el trato de los compradores era con un representante elegido por el pueblo. El kilo de goma de opio se pagaba entre 15,000 y 17,000 pesos. En algunos momentos hasta en 20,000 pesos.

A partir del 2017, los compradores empezaron a ofrecer a los productores 7,000 pesos por kilo y ya nadie le quiso entrar al negocio, porque a ese precio no es rentable el cultivo de la amapola. Al año siguiente pasó lo mismo y tuvieron que aceptar la oferta, no tenían otra opción, pero para el 2019 ya casi nadie sembró y el éxodo se aceleró.

La explicación de fondo de la caída de la demanda y con ello de la producción de la amapola es la aparición en el mercado de Estados Unidos de la droga China white, fabricada a base de fentanilo.

Y en otro nivel está que, en el 2019, con el nuevo gobierno, no llegó el fertilizante para la siembra del maíz. No se sembró o se hizo en una cantidad muy menor.

Los polleros cobran a estos campesinos 10,000 dólares para meterlos al interior de Estados Unidos. Ahí se contratan como cortadores y recolectores de frutas en distintos estados del vecino del norte.

Con la caída de los precios del kilo de goma de opio, los ancestrales problemas sociales de la sierra y la montaña de Guerrero se han agravado.

Hasta ahora la única respuesta real a esa problemática ha sido abandonar la zona e intentar migrar a Estados Unidos. (Con información de una investigación de Arturo de Dios y Salvador Cisneros publicada en El Universal, 04.02.20)

Rubén Aguilar

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