Usos múltiples

El timbre de las ocho

Armando Meixueiro Hernández
Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán


Cuarentena: un “pre-jubilatorio involuntario” y pedagógico

César Labastida Esqueda, como todo el mundo, está encerrado. Por primera vez, en toda su vida, no fue al parque de Chapultepec. Y no salir de la casa por la pandemia del COVID19 ( “¡quédate en casa!” le han recetado por innumerables vías, desde epidemiológicas, hasta laborales, de medios y redes sociales), lo ha hecho entrar en largos momentos de reflexión. Sobre todo porque al estar en el departamento que habita por más horas de lo normal (horas que la mayor parte del tiempo duerme como oso), puede ver con claridad todo lo que ha dejado en una vida postergada.

Por ejemplo, abre un closet e intenta poner en orden las cosas que lo ocupan y descubre que muchas prendas no las usa desde hace años, que aparecen en lo profundo de un cajón. Pero eso no es lo peor, tiene hallazgos de ropa y hasta tenis y zapatos que han permanecido sin estrenar, quién sabe desde qué Navidad o día del maestro, esperando una fecha importante para poder usarlos.

César va al librero del pequeño estudio y le sucede algo parecido: libros que moría por tenerlos, y que significaron buena parte de una quincena, están todavía con celofán y con precio intacto. Le pasó también con discos y películas.

En ese recorrido de detective por la vida invisible de todos los días, debajo de su cama, encontró unas cajas, en ellas estaba su colección de películas en vhs y los viejos casetes de audio que fue juntando desde la secundaria. También encontró la grabadora Sony, que su hermano le cambió por balones de futbol, cuando su sobrino comenzó a cascarear. El aparato de audio lo había usado pero un día se rompió la antena y lo olvidó. Así que frente a él, conectó la grabadora y apretó la tecla stop/eject; abrió la puertita de los casetes y colocó un HF, blanco con rojo, en el que se leía Páginas del pasado, en el lomo del estuche. Labastida oprimió Play. Imagina de John Lennon comenzó a sonar y la tarareó:

Imagine all the people
Living for today…
Imagine there’s no countries
It isn’t hard to do…

En la caja grande de cartón, también había una desgastada libreta con ejercicios de dibujo, notas, tareas, borradores de cuentos y cuentas, registro de números telefónicos. El confinado por obligación comenzó a pasar su dedo por el nombre de amigos y amigas, de secundaria y preparatoria, que jamás volvió a ver. Luego se le ocurrió escribir los nombres completos (que se había aprendido de tanto escucharlos cuando los profesores pasaban asistencia durante las clases) en redes sociales: ni sus luces o sus sombras. También lo hizo en buscadores electrónicos por internet: Nada. No parecían tener vida virtual, quién sabe si aún la tuvieran real.

En otras páginas de la libreta, el profesor Labastida encontró reflexiones que, en viñetas, con subrayados, tachaduras y correcciones, se había prefigurado para el futuro del mundo, de la sociedad y de lo que esperaba para sí mismo. Un sinnúmero de buenas intenciones y de proyectos extraordinarios que no habían cristalizado a pesar de los años. Sin embargo, en la selva profusa de propósitos inconclusos, aparecía una frase esculpida curiosamente en tinta verde, como colofón del sentido de su existencia: “Creo que la educación es la única manera pacífica de cambiar al mundo”

Muchas cosas más sobre sí mismo recuperó César estando en el confinamiento. Tal vez la más valiosa fue que él sabía que, por cuestiones financieras o de pensiones, no se podría jubilar. Estaba convencido que por las nuevas leyes para el retiro y las afores, y por su necesidad de estar en los salones de clase, no iba a decidir ese camino.

Esta especie de “pre-jubilatorio involuntario”, gracias a la pandemia, le recuperó, al profesor Labastida, una vida que había puesto en pausa por cuestiones laborales y de sobrevivencia. No era políticamente correcto decirlo, pero la prisión domiciliaria le había sabido dulce en el lado de la memoria.

César se sentó sobre la caja de cartón y con todas sus fuerzas cantó con el melenudo de Liverpool:

You may say I’m a dreamer
But I’m not the only one
I hope someday you’ll join us
And the world will be as one

Armando Meixueiro Hernández
Director de Pálido Punto de Luz

Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán
Director de Pálido Punto de Luz

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