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Orientación educativa

Decisiones

Mónica Flor Sánchez Pérez


Ciencia para mí, para ti, ¡para todos!

Usualmente cuando escuchamos el término ciencia viene a nuestra mente un hombre mayor vestido con bata blanca encerrado en un laboratorio secreto donde devela los misterios de la vida gracias a sus experimentos, sin considerar que esa concepción dista mucho de la realidad, ya que continúa relegando la actividad científica a un grupo limitado de personas, pero ¿esa imagen representa realmente el quehacer científico?

Para comenzar con esta reflexión me parece necesario exponer mi definición de ciencia, a la que concibo como una construcción humana en constante cambio que nos permite explicar diversas situaciones de nuestro entorno, para que con base en esos aprendizajes podamos resolver los problemas que se nos presenten.

Mi relación con la ciencia empezó desde muy temprana edad, debido a mi insaciable curiosidad constantemente formulaba preguntas sobre mi entorno, deseaba conocer las cosas a mi alrededor, ¿Cómo funcionaban? ¿Por qué se movían de esa manera? ¡Y los animales! Siempre me preguntaba ¿Dónde vivían? ¿Por qué tenían esas garras o esas colas? ¿Qué comían? La lista era infinita, era una etapa donde deseaba conocerlo todo, recuerdo recurrir a la enciclopedia que había en casa para investigar sobre los temas que iban llamando mi atención, después de haber atormentado a mi familia con infinidad de preguntas al respecto, hasta la fecha cada que comienzo con mis dudas me recuerdan que la etapa del porqué era a los tres años.

Cuando ingresé a la primaria, la asignatura de Ciencias Naturales se convirtió en una de mis favoritas, al brindarme algunas de las respuestas a preguntas que antes no hubiera ni imaginado; en la secundaria los experimentos en los laboratorios de Biología, Física y Química me permitieron conocer una nueva faceta de la ciencia, era divertido experimentar y sobre todo poder explicarle a mi familia las razones por las que pasaban los diferentes fenómenos, me encantaba entenderlo.

Gracias a este contacto durante mi trayectoria escolar con maestros comprometidos con la enseñanza de la ciencia, incrementé mi interés por ella y también me permitió reconocerla como un proceso inacabado, que se reconstruye constantemente, el cual parte de la observación de un suceso o fenómeno interesante para una persona, estableciendo posteriormente hipótesis que contrastará mediante experimentos e indagaciones en diversas fuentes de información, hasta llegar a un resultado convincente, aunque ello no signifique que deban seguirse rigurosamente los pasos del método científico, pero sí son un apoyo para guiarnos en la construcción de nuevos saberes.

Y es que el punto esencial de la ciencia es, tal como lo reconocía Carl Sagan, la curiosidad, esa pequeña inquietud que nace en nuestra cabeza ante la presencia de algo desconocido, el buscar más allá de las respuestas “obvias” o “ya establecidas”, aunque no todas las personas brindan explicaciones adecuadas ante esas interrogantes, ya que la pseudociencia es más simple y rápida que la ciencia, recuerdo en una ocasión que el cielo estaba cubierto de nubes negras, indicadores de la lluvia que se avecinaba, un grupo de niños discutía sobre las opciones que tenían para poder jugar futbol en el patio, pues si llovía no podrían hacerlo y uno de ellos sugirió enterrar un cuchillo en la tierra, ya que su primo le había dicho que de esa manera se evitaba la lluvia, todos asombrados ante el consejo decidieron hacerlo, quedando desconcertados cuando tiempo después tuvieron que suspender el juego debido al aguacero; ninguno de los niños cuestionó la veracidad de la creencia de su amigo, ya que la dieron por cierta al venir de un adulto. Otro caso en que la pseudociencia surgió como opción ante los estudiantes fue cuando vimos el tema de la Luna, porque muchos de ellos comentaron que creían que ese círculo grande y blanco los seguía por toda la ciudad, sin importar hacia dónde se dirigieran, descubriendo con asombro, que en realidad no los buscaba específicamente a ellos, sino que se movía al mismo tiempo que nuestro planeta y por ello la contemplábamos en diferentes posiciones durante las noches. Y es que resulta increíblemente fácil poner nuestra confianza en una explicación sencilla que evite la formulación de más preguntas; que realmente, indagar para responderlas todas, debo confesar que también yo he caído en actitudes supersticiosas como tocar madera después de mencionar una situación desagradable como si por el hecho de hacerlo se convirtiera en un futuro imposible. Sin embargo, el primer paso para evitar la tentación de la pseudociencia es reconocer su existencia, por ello el que la ciencia esté al alcance de todas las personas resulta indispensable.

En este siglo donde la información está disponible a cualquier hora del día gracias a internet, aprender sobre ciencia nos permitirá actuar de mejor manera con nuestro planeta y evitar las consecuencias catastróficas de la contaminación ambiental, favorecerá el desarrollo tanto económico como social de las naciones, servirá como eje para el uso de las nuevas tecnologías y permitirá una comprensión de nuestro entorno.

Y es precisamente en esa disponibilidad de la ciencia para todos donde el rol del maestro es indispensable, ya que hacer ciencia es aquel proceso en que indagamos, experimentamos e incluso postulamos teorías novedosas para explicar un fenómeno, enriqueciendo o refutando aquellas ya existentes, gracias a las nuevas investigaciones; divulgar ciencia es conocer sobre los descubrimientos hechos por otros, así como sus repercusiones a lo largo del tiempo, aprendiendo acerca del proceso que siguieron los científicos para establecer sus hipótesis y teorías, contemplando también la reproducción de sus experimentos; mientras que enseñar ciencia, me parece que va más allá de las dos acciones anteriormente mencionadas, porque se centra en promover en los estudiantes una actitud científica basada en la curiosidad, el escepticismo, el escrutinio riguroso, la apertura a nuevas ideas, así como el deseo de investigar sobre un tema, con lo cual cualquiera puede convertirse en un científico.

En conclusión, me parece que la ciencia sí debe estar al alcance de todos, no sólo como parte del perfil de egreso de educación, ni como un algo inalcanzable o disponible para un pequeño y selecto grupo de personas, sino como una puerta abierta para quien desee aceptar el reto de utilizarla para cuestionarse sobre su entorno y así poder explicarlo, convirtiéndose de esa manera en mejores ciudadanos, comprometidos con el cuidado del ambiente, mientras utilizan responsablemente las nuevas tecnologías.

Mónica Flor Sánchez Pérez
Maestra de primaria. Egresada de la Maestría en Educación Básica. Especialidad Realidad, Ciencia, Tecnología y Sociedad de la UPN 095 Azcapotzalco

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