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Deserciones

Lo ético, lo estético y lo patético del Sistema Educativo Nacional

Alfredo Villegas Ortega


Comienzos

Cuando empecé a trabajar como maestro de primaria a los 19 años, encontré de pronto el mundo de la responsabilidad y la posibilidad de ser parte de algo más grande que mi universo familiar estudiantil y amistoso. Dar clase a niños cuando aún estaba encontrándome a mí mismo supuso un desajuste importante en mi personalidad. Busqué desahogos que antes no había requerido. Entré en una crisis existencial. Pero lo más importante del asunto, es que las crisis bien canalizadas significan oportunidades para crecer, y yo por fin, empecé a salirme del nido familiar en muchos sentidos, con los aprendizajes, alegrías y sinsabores que ello implica. Crecí, descubrí, hasta entonces, lo que era ser maestro, me identifiqué con los chavos que eran de un barrio similar al mío. Supe la importancia de ser maestro.

Al año siguiente, cuando tenía 20 años, ingresé a la Normal Superior y mi participación en la intensa dinámica política – estudiantil de la escuela, reafirmó mi vocación y pude saber, más allá de los textos, lo que era la conciencia de clase: ser maestro, pues, lo supe desde entonces, no era solo pararse frente a un grupo y reproducir una serie de contenidos.

No, ser maestro, implica una gran responsabilidad social. Como puede inferirse, al principio de ese proceso, fue más lo que cambié yo que lo que pude hacer por transformar a mis alumnos.

Alfredo Villegas Ortega
Maestro en Educación por la Universidad Pedagógica Nacional y Académico de la Escuela Normal Superior de México.

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