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Orientación educativa

Decisiones

Hernán Sorhuet Gelós


El futuro de los humedales

Una de los aprendizajes más relevantes que hemos experimentado en la última centuria, es a valorar la importancia que tiene el cuidado ambiental por su directa implicancia en la calidad de vida de las personas.

Al simple utilitarismo de todo lo que nos rodea se le va imponiendo una racionalidad cada vez más vigorosa, que gracias al conocimiento científico, sopesa los hechos bastante más allá de las apariencias. Lo que hasta hace un tiempo parecían curiosidades o simples adornos naturales hoy sabemos que son engranajes de un complejo diseño, que posibilitan el funcionamiento del entorno. Modificarlos o eliminarlos acarrea consecuencias.

El 2 de febrero se conmemoró el Día Mundial de los Humedales; debería servir como recordatorio de ese aprendizaje.

Como sabemos los humedales son áreas terrestres que están saturadas o inundadas de agua de manera estacional o permanente. Incluyen una gran diversidad de ecosistemas ubicados tanto en la faja costera como tierra adentro (lagos y lagunas, ríos, arroyos, acuíferos, pantanos, marismas, llanuras inundables, estuarios, arrecifes, etc.) También abarca áreas modificadas, como los arrozales.

Los humedales naturales siempre fueron considerados zonas baldías, sucias, de poco o ningún valor, focos de enfermedades, hasta que el peso del conocimiento y los golpes de la realidad nos demostraron lo contrario.

Su presencia actúa como elemento amortiguador natural absorbiendo enormes volúmenes de agua de origen pluviométrico, reduciendo así el impacto de las inundaciones. Por su misma naturaleza también amortigua los efectos devastadores de las sequías. Esta importante resiliencia se pierde cuando se desecan bañados o se construyen barreras para evitar los desbordes de los cursos de agua en sus tierras más bajas.

Son ecosistemas caracterizados por su riquísima biodiversidad íntimamente vinculada al agua.

Está claro que en muchas regiones los humedales son fuentes insustituibles de agua dulce.

Ingresando en aspectos más específicos, de la pesca en estos ecosistemas dependen más de 600 millones de personas en todo el planeta. También obtienen madera, aceite, plantas medicinales, fibras vegetales, forrajes para animales, y un sinnúmero de materiales para la construcción, la artesanía.

A pesar de ello desde 1900 ha desaparecido el 65% de los humedales planetarios, producto del uso de la tierra, la urbanización, las políticas de gestión del agua, la construcción de represas, etc. Aunque estamos aprendiendo de nuestros errores. Un buen ejemplo, es acuerdo internacional firmado en 1971, cuyo principal objetivo es lograr la conservación y el uso racional de los humedales para lograr un desarrollo sostenible en todo el mundo. Se lo conoce como Convención Ramsar.

Uruguay cuenta con tres sitios Ramsar: Bañados del Este y Franja Costera (1990); Farrapos e Islas del Río Uruguay (2004) y Laguna de Rocha (2015), que totalizan unas 435 mil hectáreas.

Este es el camino. Está demostrado que la conservación es perfectamente compatible con la producción, el turismo y la urbanización; y además le garantiza algo que esas actividades antes no conseguían: la sustentabilidad.

Columna publicada en el diario EL PAIS de Montevideo el 5/2/2020

Hernán Sorhuet Gelós
Destacado conferencista y escritor uruguayo. Educador, comunicólogo y periodista ambiental. En su vasta obra de libros de Educación Ambiental para niños, incluye temas como el cambio climático, la biodiversidad y los residuos sólidos.

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