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Usos múltiples


Armando Zamora Quezada


El Narrador

Hoy quisiera escribirte algo lindo… pero no soy un poeta. A lo mucho, soy un narrador. El poeta escribe versos que se convierten en poesía, yo en cambio, escribo párrafos que se convierten en historias. El poeta para decirte lo hermosa que eres, tendría que inspirarse en la más hermosa flor que un jardín puede tener. Imagina a ese poeta.

El poeta caminaba sin rumbo aparente, sólo caminaba pensando en un glamoroso jardín. Al topar la esquina, sus ojos atentos, como buscando algo en qué posar su mirada. De pronto, un jardín. Pero no cualquiera. Uno hermoso, de bellas, coloridas y aromáticas flores. Sí. Entró. Y una mezcla de aromas cual manjar que sale de una Lorena, lo llenó.

Ante tal intensidad de aromas, el poeta comenzó a caminar. A su paso, las flores le ofrecían sus fragancias, atrayéndolo cual luna a su tierra, pero él resistía. Caminaba entre sendas y pasillos como buscando. ¿Qué busco? Se preguntaba. La busco a ella, a esa hermosa flor de esencia irresistible, esa flor que al tenerla entre mis manos comienza a vibrar. Inicio en su tallo. Se estremece. Subo, y lentamente llego hasta la comisura que separa la firmeza de su tallo de la tersura de sus hojas. Sigo con las hojas. Ellas tienen un verde increíble. Un verde que contagia vida a quien la mira. En el haz, cual oscuridad que me absorbe, como rayo de sol por la mañana y, el envés, que libera, soltando cada vez para mantener la calma al respirar. Subo, y me agito con la idea de regresar a su tallo, que invita a seguir subiendo.

Al llegar, su corola, cual escudo protector que impide alcanzar su punto de máxima belleza. Impasable, infalible. Como si estuviera ahí esperado al poeta, pero no a cualquier poeta. Sólo a él. Que lleva en sus manos la magia que abre su paso, como cuando escribe poesía. Por eso, yo no soy un poeta, sólo soy un narrador.

El narrador en cambio escribe historias. Pues para hacer su narrativa no tiene empacho en deleitarse con las historias de las flores. Él busca historias. Historias cual energía que impulsan su mente; su mente que jala sus manos y sus manos que eligen las letras para formar palabras; palabras que hacen textos, textos que le permiten reconstruir a su antojo historias, como la historia de una hermosa flor.

Cada flor tiene su propia historia… Una de ellas que logró llegar más allá de sus sueños, bifurcando su camino del camino que conduce a su realidad.

Comenzó como toda flor, aprovechando la energía de la luz que la tocaba. Era como toda flor, cumpliendo su función en el ecosistema, creyendo que había sido creada para ser inmóvil y así depender de la luz que la iluminaba. Hacía, hacía y crecía como debía crecer, pero no como quería hacerlo. De pronto, un cambio en su ecosistema. Un cambio que permitió a la flor darse cuenta de una posibilidad impensable.

Y entonces, la flor se dio cuenta que podía producir su propia luz y con su luz iluminar su camino; camino que ella eligió al comprender que el hecho de tener sus raíces en la tierra representa firmeza e inmensidad. Entendió que sus raíces en realidad la hacen parte de un astro, que al rotar sobre sí misma traslada sus sueños a perfiles inimaginables. Aprendió que la idea de inmovilidad está solo en su mente cuando se compadece de su individualidad, pero que cuando se concibe en su pluralidad, es capaz de llegar tan lejos como ella quiera e influir, directa o indirectamente, en todos y cada uno de los seres que la rodean.

Por eso, no soy un poeta, pues el poeta crea con sus versos el arte de la poesía y yo, yo sólo soy un narrador, un narrador atento al arte de la realidad.

Armando Zamora Quezada
Educador Ambiental ( Maestría UPN/095) y profesor de Ciencias en Educación Básica, CDMX ambiental en la Zona Metropolitana de Ciudad de México.

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