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Sala de Maestros




Carta abierta maestros de asignatura Universidad Autónoma de la Ciudad de México

Compañeras y compañeros profesores de asignatura de la UACM

Quienes les escribimos estas líneas, profesores igual que ustedes, lo hacemos desde la consciencia pero, sobre todo, desde el corazón. Nuestra generación, salvo pocas excepciones, no conoció la certeza laboral; la cuestión del futuro y nuestro sustento están cada vez más lejos de nuestro alcance. La idea de la educación como una promesa de ascenso social o de “progreso” se nos ha disuelto entre las manos cada vez que concursamos para una plaza que “ya está dada” o cuando nos dicen que “no tenemos el perfil” a pesar de tener en nuestras manos títulos de maestría y doctorado, con todo y mención honorífica.

Para muchos de nosotros, la docencia nunca fue una segunda opción. Fue desde nuestra preparación académica una trinchera de formación continua y, más todavía, la manera de retribuir a la sociedad lo que había hecho por nosotros financiando la educación pública de la que gozamos. Ha sido, también, la posibilidad de seguir construyéndonos profesional y personalmente en este camino que tanto disfrutamos de aprender mientras compartimos con otros en las aulas lo que sabemos o lo que nos gustaría conocer.

En la UACM no sólo vemos una fuente de trabajo, lo cual no es poco. Vemos, por mucho, la posibilidad de cristalizar los sueños de una educación superior crítica, incluyente, que forme a los estudiantes y a sus profesores bajo principios de democracia y de justicia social. Sin embargo, nos hemos encontrado con que de poco sirven la vocación docente, la formación profesional, la experiencia frente a grupo y los principios éticos inculcados a los estudiantes para que se comprometan con su sociedad, cuando de asegurar nuestros derechos laborales se trata.

La sensación de injusticia que tenemos no es algo simplemente subjetivo, está fundada en situaciones reales como la invisibilización de nuestro trabajo en planteles o en el PESCER, como si no existiéramos en la Universidad o como si no fuéramos parte de ella. Como profesores de asignatura compartimos situaciones cotidianas a causa de la precarización del trabajo docente; las dobles jornadas laborales, los largos recorridos a nuestros diversos centros de trabajo, el salario que hace cinco años no aumenta, la inestabilidad laboral, los trámites burocráticos que se anteponen a la garantía de nuestros derechos a la salud, a la seguridad social y a una larga historia de violaciones a los derechos humanos. Todo ello enmarcado en un contexto de recortes a la educación pública y por el impulso de políticas de precarización del trabajo docente universitario, producto de varias décadas de aplicación de los planes neoliberales que este gobierno no ha querido cambiar.

A sabiendas de todo lo anterior, decidimos reunirnos, pero no sólo para hacer catarsis colectiva, sino para pensar y trazar una estrategia de lucha que nos permita cambiar nuestras condiciones objetivas y dignificar nuestro trabajo docente mediante la contratación según los términos del Contrato Colectivo de Trabajo de todos y cada uno delos profesores que ahora nos encontramos bajo la ilegal figura de “Profesor de Asignatura” y la recuperación del proyecto educativo original de la UACM.

Juntos estamos perdiendo el miedo real a perder algo imaginario, pues nada tenemos verdaderamente. Demostrar semestre con semestre que estamos calificados para impartir los cursos, que nos estamos actualizando, que estamos dispuestos a cubrir los horarios en los planteles que algunos profesores de tiempo completo no quieren porque les quedan lejos de su domicilio, no es tener algo. Sólo zozobra e incertidumbre y un posible salario que para muy poco alcanza. Tenemos convicción profunda de que no son privilegios lo que queremos, sino derechos y luchar por ellos también es una forma de enseñar a nuestros estudiantes que merecen una vida digna, que son sujetos de derecho y que pueden reclamar lo que les corresponde.

Como dice Paulo Freire en sus “Cartas a quien pretende enseñar”: “Es imposible enseñar sin ese coraje de querer bien, sin la valentía de los que insisten mil veces antes de desistir. Es imposible enseñar sin la capacidad forjada, inventada, bien cuidada de amar… Es preciso atreverse para quedarse o permanecer enseñando por largo tiempo en las condiciones que conocemos, mal pagadas, sin ser respetados y resistiendo el riesgo de caer vencidos por el cinismo. Es preciso atreverse, aprender a atreverse, para decir no a la burocratización de la mente a la que nos exponemos diariamente… Es por lo que una de las razones de la necesidad de la osadía de quien quiere hacerse maestra o maestro, educador, es la disposición a la pelea justa, lúcida, por la defensa de sus derechos, así como en el sentido de la creación de las condiciones para la alegría en la escuela…”.

En eso estamos y a esto te invitamos: a atreverte y a luchar por la conquista de nuestros derechos laborales plenos. Y a vivir la docencia con compromiso y alegría. Solos, por separado, no podremos lograrlo. Nuestra fuerza está en la unión.

¡Porque nada humano me es ajeno!

¡Autonomía, educación y libertad! ¡En lucha, la autónoma de la Ciudad!

Asamblea de profesores de Asignatura

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