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Deserciones


Luis Martín
Adrián Casillas


Mucha madre; poco padre

“Pareciera que frente a la ausencia dijeran: nos bastamos solas y sin machos”

Santiago Ramírez

El ser humano por naturaleza es un ser social. Esto implica que somos afectados por nuestro ambiente, relaciones, e interacciones con la realidad. Por consecuencia, nuestra historia se ha visto condicionada por sucesos que cambian el rumbo de nuestra cultura, costumbres y comportamientos para la posteridad.

La familia juega el papel más importante en esta aseveración. Y es que es en esta donde tenemos nuestra primer ventana hacia la sociedad, sus valores y pautas para actuar de una manera u otra en nuestro entorno. Tendemos a configurar nuestras acciones y pensamientos de acuerdo a lo que hemos aprendido en nuestros primeros años de vida.

El concepto de la masculinidad, alterado a través de nuestra historia, explica consecuencias tangibles hasta nuestros días. Para entender las problemáticas que tenemos hoy en día de acuerdo a la familia, tenemos que entender el por qué de nuestra postura ante ciertas situaciones que parecieran inconcebibles en una sociedad. Una sociedad muy dañada por la errónea figura que se ha formado del hombre hacia su entorno y los que le rodean.

En la actualidad, la ausencia de una figura paterna en la familia, ha sido una de las problemáticas más frecuentes y poco analizada por la sociedad en México, ya sea por abandono, cultura o por necesidad.

Vayamos a los datos. En México aproximadamente la quinta parte de las mujeres son viudas, separadas o divorciadas y por otro lado el 9.6% son madres solteras. En 2015, 81.7% de los hogares monoparentales estaban dirigidos por mujeres. Por último, según el INEGI (2010), 11.4 millones de hogares carecen de un padre presente.

La cifra de padres ausentes en las familias mexicanas ha ido modificándose, pero no necesariamente para bien: en 1995, carecía de este integrante de la familia el 31 por ciento de los hogares. Para 2015 esta cifra se calcula cercana al 47 por ciento. Como nos podemos dar cuenta, hay demasiadas evidencias que sostienen la postura de nuestro argumento principal, para plantearnos de una vez por todas la incógnita: ¿Cómo se explica la ausencia del padre mexicano a través de nuestra historia como país, y como ha mutado hasta nuestros días?

La crisis de la figura paterna en México se remonta incluso antes de la llegada de Colón a las Américas. La represión de una figura paterna tierna, afectuosa y protectora se puede explicar muy bien en el mito de Quetzalcóatl, quien aparece como guía, proveedor y protector del pueblo indígena. Como lo menciona Alfonso Caso en “El Pueblo del Sol”, Quetzalcóatl se caracterizaba por “.. su benevolencia con sus hijos, los hombres”. Sin embargo, entra en acción Texcatlipoca, la deidad antagónica a este último. La lucha entre el bien y el mal, el día y la noche. Al ser destruida Tula, el pueblo sufre una herida que condiciona el rumbo de la historia del país para siempre. Se dice que al acabar con la ciudad santa, Quetzalcóatl se vió obligado a huir, pero con la promesa de que volverá.

Como si fuera un juego de ajedrez maquiavélicamente articulado, es aquí donde el conquistador encuentra fortuitamente la clave de su victoria. A la llegada de los españoles, el pueblo mexicano, huérfano y desolado por la partida de su padre bueno, tenía en su sentir hostilidad y rebeldía frente a las autoridades teocráticas y gubernamentales. Por lo mismo, la llegada de los españoles fue vista de dos maneras: por los poderosos, como la venganza del Dios reprimido, y por el pueblo, como la esperanza de ser salvados y de reivindicarse de una vez por todas.

La masculinidad en México, pues, se ha visto distorsionada y condicionada por los sucesos históricos de guerras, conquistas y sometimientos a través de los tiempos. Las heridas de nuestro pueblo con la paternidad toman otro enfoque con la llegada del conquistador. Santiago Ramírez describe muy bien esta situación: “…el nativo bien pronto descubrió que el conquistador no era el hermano que había de liberarle del padre cruel y agresivo que le sometía y tiranizaba sino que, simplemente, había sustituido un padre por otro.”

Es así como el pueblo mexicano abre otra herida y da pie a toda una serie de sucesos como consecuencia. Sucesos que hasta el día de hoy, condicionan nuestra manera de actuar hacia el hombre y hacia la mujer.

El mestizaje se vuelve una realidad innegable de nuestro pasado, sello imborrable de nuestras carencias y fortalezas de hoy en día. Ramírez igual menciona sobre el asunto que “La mayor parte de los mestizos nacieron bajo el estigma del desamparo y del abandono paterno”. Es aquí donde el concepto de femineidad juega un papel crucial para entender la conducta masculina en el seno de la familia.

El concepto de mujer e indígena se vieron alterados por la condición del conquistador, donde por el simple hecho de ser originaria, se le adjudicaba un papel inferior. Se le adjudicaron las cualidades de sumisa, abnegada, delicada, mientras que el hombre español, se veía como dominante, fuerte, poderoso. La mujer mexicana se vió limitada a ser meramente un objeto que satisfacía las necesidades más tribales del hombre, dando pauta a otros fenómenos y conductas evidentes.

El “mucha madre poco padre” se gesta de la mano con el machismo como cultura y la orfandad repetitiva del infante mexicano. El infante sufre la necesidad de un padre, al ser solo un resultado de la necesidad sexual de este. Por otro lado, la madre acepta, en el rol de sumisión y de proveedora de la casa. El niño crecerá aún así, aspirando la superioridad de su padre, y al mismo tiempo, crece en la hostilidad reprimida hacia el.

Esto último se asimila y explica los futuros cambios fuertes que sufrió nuestro país, aunque en mayor magnitud. Ante la necesidad de afirmación y rebeldía frente al padre (en este caso España), criollos y mestizos consuman la guerra de la Independencia, en la cual buscaban, en el fondo, adueñarse de la paternidad y masculinidad que les había sido impuesta por un padre que decepcionó a su ya antes muy dañado hijo.

Sin embargo, esta rebelión no pareció terminar con el problema. Con la llegada del intervencionismo francés después de la Independencia, México vuelve al sometimiento de una figura paterna externa, repitiendo de alguna manera el patrón. Como seres aspiracionales que somos, idealizamos al padre externo y desconocemos a menudo nuestras raíces. Tal fue el caso con Porfirio Díaz, que aunque de madre indígena, se retrataba como una figura europea. Sin embargo, el hijo volvería a rebelarse.

La revolución llegó para suplantar otra vez al padre externo, de nuevo de la ayuda de la mujer como estandarte; aunque a diferencia de la Independencia, con la Virgen de Guadalupe como madre, se recurrió a la mujer como mujer. La mujer como guerrillera pudo liberar su sexualidad reprimida, proyectando su masculinidad en su guerrillero. De nuevo, el infante se ve expuesto a la ausencia de un padre y en este planteamiento, de una madre, dejando frágil el núcleo familiar.

Claro que no podemos generalizar. Los fenómenos ya mencionados afectan de manera variada a los distintos sectores sociales, metiendo en la discusión al indígena. Al ser históricamente reprimidos por las constantes intervenciones extranjeras, el indígena se verá orillado al aislamiento, donde, unido a sus precarias condiciones económicas, se ve condicionado a mostrar otra cara en la estructura familiar. Aquí los roles entre padre y madre se comparten, el hijo tiene una relación estrecha con la figura paterna y entre todos se apoyan para afrontar lo adverso. La resignación a la lucha contra el poderoso terminó por restablecer el seno familiar. Sin embargo, nuestro vecino incómodo dejará un legado que abrirá de nuevo otra herida en la familia mexicana. El “sueño americano”.

Tenemos que tomar en cuenta que una de las razones por la que se toca mucho el tema de la ausencia del padre, no siempre es por aspectos negativos, sino también por la necesidad de generar un mejor ingreso económico en su hogar. Como sabemos en el tema de migración recalca la situación ya mencionada en familias mexicanas, pero históricamente nos apoyamos del imperialismo estadounidense.

La intervención estadounidense en México es evidente en la guerra México-Americana, la cual terminaría cediendo territorio por medio del tratado Guadalupe-Hidalgo. (1848) Estos sucesos explican mucho la situación económica de México, y la razón del por qué la migración es una de las opciones de las que el padre mexicano se ve obligado a sacar provecho.

Aquel que fungió en su momento como hermano en la lucha por los sentimientos de libertad e independencia, termina mutando a un padre posesivo, cambiado la configuración social de nuestras familias y volviendo a la ecuación ya mencionada. Nos podríamos referir, como menciona Santiago Ramírez, “El eterno patrón…” “…de la suplantación de un padre cruel por otro de características similares”. Tanto económica, política y socialmente.

Como conclusión, el mexicano ha sufrido constantes heridas a la masculinidad que han determinado el rumbo de la familia mexicana. Está en nosotros comprender la ausencia del padre mexicano no como un fenómeno aislado, sino como uno apegado a nuestra historia, costumbres y comportamientos. Será entonces cuando podamos abrir el panorama hacia una nueva perspectiva. Revisar nuestro concepto de masculinidad no significa que tengamos que abolirla, ni tampoco el paternalizar la figura de la mujer, ya que terminamos volviendo al mismo error histórico del que tanto hemos desarrollado. Volvamos entonces a ese padre que, como Quetzalcóatl, se encontraba cercano, tierno, y protector para con sus hijos. La redefinición de nuestros conceptos de masculinidad nos pueden llevar a un complemento donde, de la mano de la femineidad, se pueda proteger, proveer y guiar de una base sólida al infante mexicano que, aprendiendo de nuestros errores del presente, logre un nuevo rumbo para el futuro de la sociedad mexicana.

Referencias:

Ramírez S. (1977). El Mexicano, psicología de sus motivaciones. México, D.F.: Grijalbo.

J. Barnat, Alejandro Bassal, Ma. D. Mascasas. 2000. Historia, Sociología. En Enciclopedia Temática Nauta- Color (1, 655-673, 723,724) Colombia: Nauta- Color.

Luis Martín
Reconocido periodista español, que ha seguido al Barcelona por años.

Adrián Casillas

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