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Cuadro de honor


Alfredo Villegas Ortega


Eduardo Quiroz, tu palabra te mantiene vivo

Dice la historia, la leyenda que cuando Filipo de Macedonia le preguntó a Alejandro, su heredero al trono que, si prefería una vida larga y mediocre o una vida corta pero venturosa, Alejandro optó por esto último. Alejandro en pocos años trascendió como el civilizador más grande la historia. No solo fue conquistador, fue un gran civilizador que extendió los frutos del helenismo a grandes territorios. No se puede tener el registro exacto de esas palabras, por más que quisiéramos, ni tampoco justificar las muertes prematuras, ni la violencia existente en el mundo que nos hacen prescindir de seres humanos valiosos y generosos como Eduardo Quiroz.

Lalo Quur, como lo conocí es (lo digo con toda conciencia, ES, porque está ahora acá entre nosotros con su recuerdo y sus letras) una persona digna, inteligente, generosa cuya sonrisa y forma de ser cautivó a sus propios mundos. Lalo es un viajero incansable que ha recorrido muchas partes del mundo para vivir la vida intensamente. Ahora está en otro viaje, su destino es el reposo y la mirada eterna hacia sus seres queridos.

No tuve la fortuna de ser uno de sus entrañables amigos, nos faltó tiempo, pero sí tuve la dicha de ser su amigo y de recordarlo, casi siempre en eventos de esta naturaleza, porque Lalo no era el abogado tradicional, sino el ser humano excepcional que amaba la vida, la cultura, la amistad, los buenos momentos. Lalo, también, era un militante de la libertad y la justicia, acudía a las marchas ciudadanas, lo recuerdo perfectamente en la gran insurgencia civil para demandar justicia para los 43 normalistas desparecidos por el estado en Ayotzinapa.

Lalo, en sus múltiples facetas, fue también un escritor. Lo leí en Pálido Punto de Luz y conocí su libro, éste que ahora les presentamos de manera póstuma, en un recinto de la UNAM. Me dio mucha tristeza no haberlo celebrado con él y pedirle que me lo dedicara. Me dio mucha rabia constatar en la figura de un amigo, que nuestra sociedad esté pudriéndose en la violencia y la impunidad y que Lalo haya sido una de las víctimas de esta sociedad, este país, este mundo y esta ciudad enferma.

Pero, al mismo tiempo, me causó una gran alegría ver cómo sus amigos le organizaron un evento como si él estuviera presente, cómo, aun de manera póstuma, la vida le siguió rindiendo tributo a su calidad humana y, en este caso, a sus cualidades narrativas. Hoy, celebramos todos, a Lalo como el gran cronista que nos mete de lleno al submundo, a los sótanos, a las cavernas de la prisión.

No hay tesoro más preciado para la humanidad que la libertad. Narrar, desde el encierro la vida de los presos, su propia cultura, sus saberes, sus desavenencias, la corrupción, la inmundicia, la solidaridad, las traiciones, los usos y costumbres, pues, de esa miseria que es la cárcel, nos permite contrastar y aspirar siempre, a la libertad, porque eso, mis queridos amigos, es la vida, no otra cosa.

Las crónicas, para ser efectivas, deben mostrar el mundo que se intenta describir, con honradez, apego a la realidad, respeto a la misma y una gran dosis de inteligencia para traducir, sin descomponer, esa misma realidad. Eso hace Lalo Quur, Eduardo Quiroz: llevarnos de la mano por esa miseria humana que son las prisiones, desnudar la vida de aquellos que están en pausa, que no viven, sobreviven al encierro, respiran indignidad, sufren, caen más o, eventualmente, se curan de ese mal, pagan su deuda y salen a vivir nuevamente, en libertad. No todo prisionero es culpable, no todo daño es impagable, pero casi todas las prisiones son insufribles y absurdas porque poco es lo que resuelven. Hay que recomponer la sociedad, propiciar un mundo más justo, educar a los jóvenes, cuidar a los niños, respetar a los ancianos, a las mujeres, a los diferentes. Todos somos parte de este mundo.

Lalo, aspiraba a eso, a un mundo mejor, y con su gran capacidad profesional dedicó parte de su vida a defender a esos seres. Y en esa vida profesional, supo captar como un gran fotógrafo imágenes que dan cuerpo a este libro. Imágenes traducidas en letras, letras que proyectan imágenes. Eso, entre otras cosas, es escribir.

Lalo, escribió, aquí, parte de su vida, de su vida como abogado en el reclusorio. Pero Lalo, también, escribió su propia vida, su libro extenso, desde la sabiduría, la modestia, el placer, la amistad, el amor por el prójimo, su encuentro con las diferentes culturas como viajero incansable que era.

El libro: Un motín de silencios, es a la vez la rebelión de la palabra, la crudeza del encierro, la libertad negada o aspirada para y por muchos. Un Motín de silencios, es una obra compuesta por siete crónicas: Made in Reno, Por mil años su rey, La fiesta, Cereso mil, El ángel de fuego, Quince de septiembre y una partícula de luz. Cuenta, además con excelsos textos de dedicatoria por Daniel Augusto Sánchez García; una introducción de Chloé Constant; y tres prefacios, uno de Juana Lilia Delgado Valdez y dos más de mis maestros y muy estimados amigos Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán y Armando Meixueiro Hernández, así como un apéndice fotográfico y un playlist digitales.

Cierro con un fragmento de Made in Reno, para darle voz, a nuestro amigo Eduardo Quiroz, Lalo Quur, para que sintamos su presencia y le rindamos testimonio con un fuerte aplauso.

Made in Reno.
Habla Lalo:

“Cada minuto de espera es una eternidad.

“La ansiedad se les acumula en el cuerpo, en la mente, en la sangre; algunos afortunados internos tienen que esperar a que llegue el fin de semana para ver a su familia, podríamos decir que la antesala de que esa hora se cumpla es un verdadero calvario, el anhelo colectivo de que llegue el sábado y domingo es enorme, pues además el ambiente se transforma en verdaderos días de fiesta dentro del Reclusorio Norte, con un peculiar mar de características propias, celebración canera 1, por supuesto.

“Así enmarcados en estos días de fiestas y encierro, les contaré una historia de tantas, aquí entre mis muros, donde sucede siempre una espiral de sucesos y donde los días transcurren en aparente reposo sabiendo siempre que no son los mismos…”.

Lalo. Ahora mismo está contento, sonriendo con modestia en algún lugar de este espacio.

Lalo, tu palabra te mantiene vivo.

Muchas gracias.

1 Relativo a la cárcel, al encierro.

Alfredo Villegas Ortega
Maestro en Educación por la Universidad Pedagógica Nacional y Académico de la Escuela Normal Superior de México.

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