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Orientación educativa

Decisiones

Naza Navia


Mi querido amigo Nino Gramsci

Sin duda Italia es un bello lugar formado de paisajes silvestres y pequeñas aldeas aledañas, que guardan celosamente historias asombrosas que marcaron el rumbo del país. Me parecía sumamente interesante conocer los relatos y testimonios de personas que vivieron en carne propia sufrimientos por lograr la libertad, la justicia social y la equidad por todo el pueblo. Así que en mi investigación debía encontrar un personaje cuyo nombre sea identificado por el pueblo y que su hazaña no haya sido olvidada, sino que aún sea recordada como el héroe que fue.

Investigué varios nombres en los archivos de la biblioteca más importante de la ciudad, pero mi atención se fijó en un nombre un poco curioso Antonio Gramsci, comencé a leer su biografía, no era muy amplia pero contaba con fotos en compañía de familiares y amigos muy cercanos. Encontré una entrevista inconclusa de Gustavo Trombetti, al parecer amigo y colega de Antonio Gramsci. Por fortuna Gustavo Trombetti aún vivía a las afueras de la ciudad, cerca de Silicia, eso significaba una fuente muy importante de información verídica y más aún, el testimonio de alguien que estuvo tan cerca de Antonio Gramsci.

Logré comunicarme con la asistente de Gustavo Trombetti, algo malhumorada y después de toda una serie de preguntas, logré obtener una cita para la entrevista con Trombetti. Sin más que pensar al día siguiente me dirigí al domicilio de Gustavo Trombetti, era una bella mansión, me recibió muy amable el mayordomo quien me ofreció una taza de té y esperar un momento en lo que el señor Trombetti bajaba de su despacho. La mansión tenía vestíbulos, escalinatas, galerías, corredores, cada paso, cada chasquido de cerradura, cada estornudo despertaba ecos, retumbaban, se propagan horizontalmente por una serie de salas que se comunican, vestíbulos, columnatas, puertas de servicio y verticalmente por cajas de escaleras, vanos, pozos de luz, tuberías, conductos de chimeneas, huecos de monta carga, y todos estos recorridos acústicos convergen en la sala de tan lujosa mansión con un grato aroma a lavanda. Afuera de la mansión vislumbraba un gran lago movido por vibraciones intermitentes, las interceptaba y las descifraba, atenta, absorta.

Por fin hizo su aparición Gustavo Trombetti un hombre ya entrado en años y de inmediato me levante para brindarle la mano, era todo un caballero que reflejaba luz y emoción en sus ojos por relatar los momentos que vivió con su gran amigo Antonio Gramsci, y así comenzó:

Tarde de un domingo cualquiera, Nino se detiene jadeante, incrédulo ante la puerta cerrada. A los once años no entiende porque hay personas que no trabajan; que sólo dan órdenes y se la viven engordando, sin hacer el más mínimo esfuerzo por ganarse la plata, lo único que sabe, es que le afligen las injusticias en la sociedad.

Nino y yo fuimos grandes amigos en la infancia hasta llegar a la juventud, Nino siempre me compartió sus inquietudes, todo aquello que lo frustraba por las desigualdades sociales, en otras palabras fui el amigo que lo escuchaba y lo alentaba en marcar la diferencia en la historia.

Mi querido amigo Nino Gramsci nació el 22 de enero de 1891, tenía 6 hermanos, su papá se llamaba Ciccillo y su mamá Peppina, cuando lo conocí tenía diez años, éramos de la edad, era visible la deformación de su columna vertebral y esto provocaba que fuera más bajito de estatura. Pero Nino a pesar de ser un hombrecillo pequeño, deforme con inteligencia y una voluntad absolutamente extraordinaria, tenía una sensibilidad y preocupación por sus seres queridos, siempre mostró perseverancia ante la adversidad.

Crecimos juntos y rodeados del campo con las viejas costumbres típicas de Italia. A los trece años leímos por primera vez un reportaje de la prensa socialista, estudiamos juntos política, sociología, antropología y lingüística. Nino poseía una inteligencia fuera de lo común, no sólo destacaba con notas altas, sino que era manifiesta su preferencia por las lenguas y letras; aún recuerdo cuando trabajamos en la oficina de Catastro y en una de esas tardes de óseo, su hermana Teresina me contó la ocasión en que trataron de enderezar la columna de Nino con masajes y colgándolo de un gancho, oprimido de un corsé. Esa situación influyó para moldear su carácter, porque no podía participar en los juegos de destreza de los demás niños.

Entonces le pregunté, porqué Nino tenía el problema de la columna, a lo que contestó Teresina, cuando Nino tenía tres años nuestra nana lo tenía en brazos y en un descuido lo dejó caer. El señor Trombetti comentaba que nunca se atrevió a cuestionar a Nino sobre su condición física y sus dolores, así que lo trataba como cualquier persona.

El señor Trombetti proseguía diciendo, evidentemente Nino destacó por su inteligencia pero era notorio el desgaste físico que manifestaba de alguna manera, así buscaba ayudarlo y no hacerlo sentir incómodo o discriminarlo, es por ello que procuraba tratarlo como a cualquier otra persona y si en algún momento Gramsci necesitaba ayuda, lo apoyaba en la medida de lo posible.

Con el paso del tiempo fuimos testigos de la huelga turesina del automóvil, dirigida por los anarquistas, que se dio de 1911 y duró sólo un año. A los diecinueve años, Nino recibe la credencial de corresponsal del diario L´Unione Sarda, en el pueblo Aldomaggiore y comenzamos a profundizar en lecturas de Marx. Y en 1914 escribió un artículo para el segundo Grido del Popolo y también escribió, “Los Consejos de Fábrica”, y sin duda le encantó haber leído la “Divina Comedio de Dante”.
Nino estaba fascinado por el enfoque de Marx y decía que por fin lograba comprender la preocupación de muchos intelectuales marxistas y de los autodenominados posmarxistas y asimilar la teoría weberiana.

Así que decidimos complementarnos con la tesis de Lenin sobre la guerra y Nino redacta la novela que tituló como, “La ciudad futura”, para ese entonces ya era 1917.

A los 20 años nos marchamos a Turín y nos involucramos en la lucha de los trabajadores. En 1921 ayudamos a fundar el partido comunista italiano y Nino destacó en la oposición a Mussolini y conoce a Julia Schicht quien era violinista y había nacido en la URSS. Sin duda lo cautivó y más tarde contrajeron nupcias. Fue un año complicado porque se detonan luchas políticas intensas.

El 8 de noviembre de 1926, apresan a Nino y en cuanto yo tenía oportunidad iba a visitarlo. Nino siempre mostraba ímpetu y vigor por hacer justicia. En la cárcel produjo más de tres mil escritos en los cuales, obligado por la censura carcelaria, tuvo que inventar términos nuevos para camuflar conceptos que podían parecer demasiado revolucionarios ante los ojos de los censores; algunos me los dio y pude ocultarlos entre ropas. Nino comenzó a enfermarse de tuberculosis y después de arterioesclerosis.

Mi buen amigo Nino murió joven en 1937, a los 46 años, pasando los últimos 10 años en la cárcel y bajo régimen de detención en hospitales.

Las condiciones carcelarias, las enfermedades y la sociedad lo llevaron a la muerte precoz. La represión fascista le impidió proseguir la actividad política.

Separado de Julia y de sus hijos Delkio y Giuliano que vivían en la URSS, sufrió innumerables crisis de melancolía. El partido comunista le dio la espalda. Pero, a pesar de las condiciones tan adversas, Nino penetró en la realidad de su inteligencia y construyó un conjunto de principios originales, transponiendo en la línea del pensamiento marxista las fronteras hasta entonces fijadas por Max, Engels y Lenin.

Para mi buen amigo Nino Gramsci, el principio educativo que más apreció fue la capacidad de las personas para trabajar intelectual y manualmente en una organización educativa única relacionada directamente con las instituciones productivas y culturales.

Según él, para neutralizar las diferencias debidas a la procedencia social, debía crearse servicios preescolares la escuela debería ser única, estableciéndose una primera fase con el objetivo de formar una cultura general que armonizara el trabajo intelectual y manual.

En la siguiente fase prevalecería la participación del adolescente, fomentándose la creatividad, la autodisciplina y la autonomía. Después vendría la fase de especialización. En ese proceso se hacía fundamental el papel del proceso que debía prepararse para ser dirigente e intelectual. Para Nino el desarrollo del estado comunista se relacionaba íntimamente con el de la escuela comunista: la joven generación se educaría en la práctica de la disciplina social, para que la realidad comunista se convirtiera en un hecho.

Quiero citar un fragmento de los muchos manuscritos que me inspiró para redactar la historia de mi querido amigo, en él, Nino refleja la sensibilidad hacia la educación, a lo que le contesté, por supuesto por favor:

“Yo preso, aislado, denigrado y obligado en vivir una condena injusta; a través de estas líneas me siento por un momento libre al transcender a otra dimensión y poder expresar mi sentir. Considero que la escuela tradicional era oligárquica, pues era destinada a la nueva generación de los grupos dirigentes, destinada a su vez a convertirse en dirigente; pero no era oligárquica por su modo de enseñanza.
No es la adquisición de capacidades directivas, no es la tendencia para formar hombres superiores lo que da la marca social de un tipo de escuela.

La marca social es dada por el hecho de que cada grupo social tiene un tipo de escuela propio, destinado a perpetuar en estos grupos una determinada función tradicional, directiva o instrumental. Por consiguiente, si se quiere destruir esta trama, se debe evitar la multiplicación y graduación de los tipos de escuela profesional, creándose, por lo contrario, un tipo único de escuela preparatoria (elemental media), que conduzca al joven hasta los umbrales de la escuela profesional, formándose mientras tanto como persona capaz de pensar, de estudiar, de dirigirse o de controlar a quien dirige.

Por lo tanto, la multiplicación de tipos de escuela profesional, propende a eternizar las diferencias tradicionales; pero dado que ella tiende a estas diferencias, a crear estratificaciones internas, produce la impresión de poseer una tendencia democrática.

Podemos notar que para Gustavo Trombetti las ideas de su gran amigo Antonio Gramsci, lograron cambiar la percepción de muchos. Hacer política no era sólo educar a una vanguardia sino tratar de elevar a las masas al nivel de una cultura integral. Puesto que la postura de Gramsci influyó en algunos pensadores contemporáneos como Paulo Freire y Henry Diroux, deduciendo que la educación en cada país debe de convertirse en un proceso político, donde cada sujeto hace política desde cualquier espacio donde se encuentre y el aula de clase no puede ser indiferente frente a este proceso; ya que en la educación, se debe construir el conocimiento desde las diferentes realidades que afectan a los dos sujetos políticos en acción, aprendiz y Maestro. Logrando así un pensamiento crítico y a la vez significativo para luego convertirlo en emancipador.

Entonces el señor Trombetti mencionó:
Para Nino el sistema escolar fue como las demás organizaciones culturales que actúan en la sociedad civil, uno de los factores de hegemonía de una clase social y constituye el hilo conductor en la elaboración de los cuadernos de la cárcel, que logre rescatar. Puesto que la supremacía de una clase social no es sólo dominación sino como hegemonía de dirección, intelectual y moral. Por esta razón Nino decía que para imponerla no basta la coerción de los aparatos regresivos del Estado, sino que es preciso también el consenso o consentimiento de las clases.

Recuerdo cuando acompañaba a Nino a los filmes cinematográficos, los cuales le impactaron por el desarrollo de la trama, guion, la secuencia en la historia de la sociedad. Vimos juntos el filme de “El hombre de las figuras de cera de 1924 de Paul Leni, “El acorazado Potemkin” de 1925 de Sergei M. Eisenstein y “La madre” de 1926 de V. I. Pudovkin. Pero la que más le fascinó fue “Tiempos Modernos” por Chaplin, que describe la automatización del Hombre.

Considero que tanto estos filmes como la situación de la URSS y la situación de Italia influyeron en forjar el pensamiento idealista de Nino y así inspirarse en obras que produjo como:

• Los cuadernos de la Cárcel.
• Cartas desde la Cárcel.
• La Praxis.
• La Revolución contra el capital.
• La Poda de la historia.
• Un partido de masas.
• El Partido y las masas.
• El Partido Comunista y la agitación obrera en curso.
• La crisis de la pequeña burguesía.
• Necesidad de una preparación ideológica de las masas.
• La situación italiana y las tareas del P.C.I.
• Carta al Comité Central del Partido Comunista Soviético.
• Espontaneidad y dirección consciente.
Entre muchas más, deseo concluir destacando este manuscrito que llevo en el alma y que nunca me dejará olvidar a mí querido amigo y su legado para la humanidad:

“Crear una nueva cultura no significa hacer sólo individualmente descubrimientos originales, sino también y especialmente, difundir críticamente verdades ya descubiertas, socializarlas, por así decirlo, y por lo tanto convertirlas en base de acciones vitales, elementos de coordinación y de orden intelectual y social. Que una masa de hombres sea conducida a considerar unitariamente el presente real es un hecho filosóficamente mucho más importante y original que el hallazgo por parte de un genio filosófico de una nueva verdad que se conserve como patrimonio de pequeños grupos intelectuales”.

Mi querido amigo falleció de hemorragia cerebral y lo sepultamos en el cementerio protestante. En la autopsia realizada se encontraron rasgos de tuberculosis ósea, la cual era una forma de cáncer. Su legado permanecerá por mucho más tiempo e inspirará a otros para marcar la diferencia.

Indudablemente Gramsci fue un hombre culto que dejo un legado importante que marco en la humanidad un pensamiento crítico, significativo y emancipador. En cierto modo influyeron factores que formaron tanto su carácter como su forma de pensar y actuar, encima su condición física que seguramente lo impulso en ser una persona nada ordinaria, pero con un espíritu fuerte, valiente, noble e intelectual, ciertamente su ejemplo y contribución seguirán impactando en la sociedad.

Naza Navia
Estudiante de la Licenciatura en pedagogía de la Universidad Pedagógica Nacional UPN095 Azcapotzalco.

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