Usos múltiples

El timbre de las ocho



Las democracias fragmentadas de América Latina

Por cuestiones de trabajo en los últimos años, César Labastida Esqueda ha tenido que asistir a conferencias, ponencias y simposios en diferentes países de América Latina. Han sido experiencias inolvidables y formativas para el profesor mexicano. Y ha podido distinguir en esas regiones visitadas, cierta división y riesgos en las frágiles democracias del cono sur.

1

César no pudo subir al camión que va de Puerto Madero al barrio de la Boca. Le pedían una tarjeta que no poseía y ni siquiera sabía que se requería para abordar el autobús, como le aclaró el chofer argentino que le negó el acceso. Pensó en irse caminando, pero pasó un taxi y lo abordó. Al taxista le comentó el incidente. Joven, alegre y platicador el trabajador del volante le expresó:

—Pero che, esa es una de las muchas cosas que han cambiado desde que se fue Cristina. ¿Viste? Echamos de menos las políticas sociales que los Kirchner habian implementado, como la alimentación popular, los derechos humanos o los programas médicos. A la gente la beneficiaron.
—Perdón ¿pero no había corrupción?
—¿Qué cosas decís, che? ¿Qué, sólo leés el Clarín?

Después de su recorrido por el barrio de la Boca, de visitar la casa de madera y el estadio, así como hacerse de una playera azul con amarillo y tomarse una selfie junto a la figura del Apache Tévez, el profesor César regresa al rumbo de Puerto Madero y para recorrer los 3,5 kilómetros que lo separan de su hotel, vuelve a abordar un taxi. Ahora maneja una persona de más de sesenta años, mal encarado y serio.
—Ya está llegando el orden a este país. Qué bueno que ya se largaron los peronista. Ojalá nunca vuelvan.
—¿No mejoraron el país? —se anima a preguntar César Labastida
—¿Vos creés que lo mejoraron? Esos chorros se llevaron todo, fue un robo lo que hicieron al país.

2

Es 31 mayo del 2019, el profesor César Labastida se encuentra en Ibagué, Colombia. Está en un Congreso cuya sede es la Universidad del Tolima. Allí se llevará a cabo su participación académica por la tarde. El docente mexicano regresa de comer lechona, un platillo típico del lugar. Al llegar al campus universitario, el ambiente le recuerda mucho su paso por el Colegio de Ciencias y Humanidades de Azcapotzalco, en México: pintas, grafitis, consignas, invitación a eventos políticos, carteles, marcas en el suelo de diversos colores. En las calles aledañas se percibe cierta agitación; el día siguiente será primero de mayo, día del trabajo. Al parecer, lo que produce esa turbulencia es la agitación del día anterior en Venezuela, en el que noticieros declaraban un golpe de estado al presidente Maduro. De pronto, las cosas suceden rápidamente: César trata de ingresar al recinto universitario, cuando comienzan las detonaciones y se esparce gas lacrimógeno. El profesor mexicano busca el origen del escándalo y los disturbios, pero prefiere asumir puntualmente el lema de su madre: “Más vale aquí corrió que aquí murió.”

Ya dentro de la Universidad, suena una alarma. César Labastida pregunta sobre el significado.
—Disculpe, ¿qué está pasando?
—Van a desalojar la Universidad. —le responde un estudiante que camina con paso acelerado.
—Pero si los petardos y bombas vienen de la entrada.
—Usted no se preocupe profesor, vamos a salir por otro lado, sígame.

Y como si la logística ya estuviera preparada para un plan B, el ponente mexicano es guiado por algunos organizadores a una sede alterna, donde las actividades del congreso continúan pacíficamente, en el centro de la ciudad; justo enfrente de “Doña Eduvina”, donde se desgusta la mejor lechona de la región.

3

El Palacio de Moneda, en Santiago de Chile, le fascinó a César Labastida, y lo apreció más, cuando se enteró que albergaba una cineteca. Ahí fue, compró su boleto y vió dos documentales sobre lugares próximos a la Antártida.

Al salir encontró una estatua del médico Salvador Allende, sacó una vieja cámara digital y le pidió a un transeúnte amable que le tomara una foto junto al histórico monumento.

Un viejo muy bien vestido se acercó al turista y —como si esperara ese momento—comenzó a decir que ese socialista había hundido a Chile, que su gobierno había sido el peor de la historia, que él había festejado cada bombazo que cayó sobre el Palacio de Moneda. El profesor César no daba crédito. Las huellas permanecían a pesar de la supuesta transición democrática. El señor continuaba vociferando y Labastida en el limite de su paciencia, le entregó la cámara y le preguntó:
—¿Sabe usted en qué lugar se encuentra la estatua del general Augusto Pinochet? Para que me tome una foto con él.

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