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LA CLASE


Teresita del Niño Jesús Maldonado Salazar


Tormentas y Horizontes. Relatos y enseñanzas del profe Labastida

“Tormentas y Horizontes” Relatos y enseñanzas del profe Labastida (2019), es un texto de Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán y Armando Meixueiro Hernández de la Colección Vuelta de Tuerca, dentro de la Editorial Zonámbula de la que ambos son creadores e impulsores.

La obra reúne algunos relatos publicados en Pálido punto de luz, otro de los proyectos editoriales que crece y se fortalece gracias al esfuerzo incansable de estos autores. El texto que hoy presentamos permite reconocer los rasgos característicos de la educación en México. Cada lectura es una invitación a detenernos a pensar y a cuestionar. La obra se divide en dos apartados: la primera “Docencia y educación” y la segunda “Sociedad y educación”.

El profesor Labastida es el protagonista de cada uno de los relatos, con su vocación viajera y narradora es testigo de la angustiosa y turbulenta realidad de nuestro país; la vive, sufre, analiza y reflexiona. Comparte con el lector sus procesos de introspección, sus preocupaciones, reflexiones, dudas, miedos y esperanzas. Todo ello a través de sus incansables recorridos, del diálogo contante con los otros, con la literatura, y el cine; reconoce en estas manifestaciones un alto potencial educativo.

En estos relatos aquilata las enseñanzas de sus padres —también maestros— los consejos de la abuela y de “Los maestros de su vida. Los maestros en su vida. Su vida con los maestros.” Parte esencial de su existencia son las artes, a las que acercó en espacios extraescolares, en el cuarto de azotea y en la conversación con los amigos. Tiene una estrecha relación con la literatura, se aproxima a la poesía “a pecho descubierto”, a través de las coplas de la abuela, del intercambio con sus amigos; rinde homenaje a “los poetas anónimos”, “los artistas ignorados” que perduran en su mente y su corazón, gracias a la sensibilidad de sus obras; y lo conducen a meditar sobre la vida y la muerte hasta las lágrimas.

Comparte su experiencia pedagógica como maestro, en la Universidad Pedagógica Nacional y una universidad privada a través de los procesos de investigación, reflexión y acción; en los niveles de educación media superior, en diversos momentos y espacios: en el aula, el examen profesional; conferencias, congresos y los museos, entre otros. Así vemos que el docente enfrenta un desafío por la supervivencia; no sólo ante el tráfico y la inseguridad, si no ante “sistemas caducos, mediocridad, prescripciones de las autoridades, formas decimonónicas de organización escolar, persecuciones, contenidos de aprendizaje irrelevantes e ineficientes y el menosprecio de los envidiosos”.

Comparte algunas de las experiencias en el aula: sus clases, los cuestionamientos que formula para sí mismo y para sus alumnos y las respuestas de estos, frecuentemente permeadas por la indiferencia, la superficialidad; e incluso la experiencia del aprendizaje por descubrimiento involuntario. Y se pregunta “¿Cómo se están formando a las generaciones actuales, ante el Tsunami tecnológico?”.

Uno de los ejes de los relatos es la urgencia de luchar por la dignidad del maestro, Labastida señala con indignación cómo se ha deteriorado su imagen; denuncia la manera en la durante la gestión peñista el estado aplicó su fuerza, manipuló a los padres, se mostró sordo a las genuinas exigencias docentes. Prevaleció el miedo y la sordera. “El maestro era hasta hace no mucho un representante del estado legítimo. La profesión docente se debilita socialmente porque el estado se debilitó”. Destaca el poder de los medios y sus campañas de descalificación en contra de los maestros y de las escuelas. En este marco, nos acerca a una valiente maestra tamaulipeca que se torna en portavoz de los docentes, al arrebatar el micrófono antes de recibir un reconocimiento y declarar “los profesores estamos cansados de ser humillados”.

Otro eje del texto es la necesidad de formación docente; el profesor Labastida apunta que “la formación no es acto de poseer o adquirir solo conocimientos, la formación supone un acto de constituir y reconstituir rituales y tradiciones culturales”; formarse como investigador; “leer, hablar, escuchar”. En su experiencia en la UPN es testigo del afán de algunos maestros para formarse. Afirma que “las autoridades educativas no tienen la autoridad moral para evaluarlos porque han demostrado un escaso interés en impulsar procesos de formación”

Sus reflexiones sobre la educación se enriquecen con las referencias a diversos estudiosos: pedagogos, sociólogos, filósofos y escritores. Para Labastida la educación es un “concepto asociado a la libertad”. Es por eso por lo que pugna por una educación libertaria en oposición a aquella que educa para reproducir y mantener el sistema social. Esta aspiración de la libertad y la democracia se expresa en diferentes discursos; pero Labastida reconoce que “la democracia puede ser una máscara del autoritarismo y también hay que enfrentarla a tiempo”. Señala que la educación “debe estar contextualizada siempre”, “considerar diversos referentes teóricos, contextuales, históricos, políticos y de poder “

Reflexiona sobre la otredad, en diálogo con el poema El arco y la lira de Paz, y el análisis crítico de la Modernidad del Dr. Dussel; a partir de las películas y los museos. Esto lleva al profe Labastida a concluir que la otredad se refiere a tres cosas: “a lo distinto, al diferente y al prójimo… en segundo lugar a lo negado, colonizado, a lo que no se quiere ver, a lo que es olvidado, y por último a un saber que emerge, a un saber oculto que no está muerto”.

Hace referencia a las diversas muestras de la diversidad, la migración, las tribus urbanas, los pueblos originarios; evidencia que en México poco se ha logrado “en términos de una integración respetuosa, dialogada y no subordinada”. De esto da cuenta la indagación que realizó con un grupo focal sobre la inclusión en una institución de educación superior, que hace evidente la simulación y el discurso vacío impulsado por las “minorías privilegiadas que promueven paradójicamente la exclusión”.

Reconstruye en forma crítica la historia contemporánea “el capitalismo bárbaro de las últimas tres décadas, (…) la reforma laboral como experimento planetario de flexibilización de las reglas de trabajo”; el adelgazamiento de los estados y las personas como objetos desechables; la estigmatización de la diferencia y “de las tragedias de las sociedades postmodernas, democráticas, globales y tecnologizadas del siglo XXI”.

También señala algunos elementos de la historia contemporánea de México y Latinoamérica, permeadas por la violencia, la masacre, los desaparecidos, la inequidad y la pérdida de la esperanza. Son múltiples las referencias a la historia de la educación en nuestro país, las misiones culturales de Rafael Ramírez, la educación socialista y las normales rurales. Analiza la reforma educativa del sexenio peñista, triste desenlace de la tendencia de los pasados seis lustros que reduce el papel de la educación desde una visión instrumental. Advierte que las reformas educativas buscan la privatización de la educación, “como parte de la reforma estructural del Estado”. El profesor Labastida señala con preocupación que en México esta tendencia “es amenazante, voraz e incontenible”.

La segunda parte del texto, a través del análisis de acontecimientos como Ayotzinapa y la lucha ininterrumpida por la esperanza, nos llama a recobrar la memoria, la indignación; y a tomar “la voz de la justicia (…) y la dignidad humana” ante “la violencia, las desapariciones forzadas, los asesinatos, las torturas, los levantados, fosas clandestinas, masacres, desigualdad social, pobreza, inflación, impunidad y corrupción” debemos gritar “¡Basta ya!”.

El caso de Nochixtlán es otra de las muestras del ambiente social polarizado, de la ignorancia, la sordera y el desconocimiento de la historia. El protagonista se pregunta si nuestra patria llena de riqueza y belleza, pero en medio de la injusticia y la inequidad “sin sueños de futuro, sin empleo, sin pensiones para el retiro, con empresas depredadoras e insaciables es todavía una madre amorosa”. Si en este mundo “globalizado y nómada”, en donde algunas personas dejan sus países en busca de un mejor futuro para sus hijos, y se enfrentan al desprecio para los migrantes, si el hambre y la soledad permitirán transitar a un mejor futuro.

Sin embargo, la esperanza sigue viva, a través muchas personas que actúan a lo largo y ancho del país; en las acciones cotidianas de Las Patronas que son un ejemplo de solidaridad, organización y amor para ayudar a la sobrevivencia de los más vulnerables.
Estela Hernández, es otro ejemplo, ella es una de las tres mujeres hñahñú a quienes el gobierno ofreció una disculpa pública y que se convirtió en voz de los agraviados en México al exigir que cese la represión contra los pueblos indígenas; concluyó su discurso con estas palabras “hasta que la dignidad se haga costumbre.” Samuel Ruiz, caminante de un sendero de paz, y su opción preferencial por los pobres, es recordado en el museo Jtatik espacio que el profe tuvo oportunidad de conocer en uno de sus viajes.

Sembradores de futuro son las personas que se insertan en los movimientos sociales, estos luchadores establecen “una conexión imperceptible con la mirada y con el corazón”, dan testimonio del dolor y del sufrimiento; de su cercanía da cuenta las siguientes líneas “Mabel y Lorena se despiden con un abrazo que trasciende sus miradas y corazones”. Saben que han luchado por defender la vida y no han cesado en sus intentos. Saben que compartir así significa defender a la naturaleza y a la humanidad, saben que este abrazo sintetiza las pulsaciones de la eternidad.”

Indignación y esperanza caminan de la mano surcando el continente Latinoamericano y nuestro país para evidenciar y reparar el daño provocados por el autoritarismo, el narcotráfico y el silencio cómplice. Oposición y resistencia, organización, solidaridad y justicia entre pueblos, es la ruta que debemos trazar para transitar a una nueva realidad.

Finalmente señalo que la obra se constituye en un puente con otras formas de comunicación, pues conduce a la búsqueda en Internet de las canciones y los libros a los que hace referencia, lo que contribuye a mejorar la comprensión del mundo.

Los textos son una invitación a que los maestros nos reconozcamos como protagonistas de nuestra historia y como principales actores de la transformación social, nos invita, a mirarnos a nosotros mismos; a abrir la mirada hacia los otros, a reconocer la crisis, a superar la indiferencia, a trasformar las relaciones y decisiones cotidianas. En este trance es esencial resistir, superar la frustración y esperar.

Teresita del Niño Jesús Maldonado Salazar
Egresada de la Maestría en Educación Ambiental de la Universidad Pedagógica Nacional Unidad 095

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