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LA CLASE

Tema del mes

Andrea Bárcena


Guasón: reír llorando

Desamor y abandono en la primera edad causan daños irreparables. En Joker se cuenta la historia de un niño —como hay millones en ciudades capitalistas— rechazado, abusado, condenado al dolor y la violencia. Lo encontraron de pequeño atado a un ventilador con traumatismo craneoencefálico que causó daño neurológico; padece de adulto risa involuntaria que equivale a convulsión epiléptica, detonada por estímulos de angustia: lanza a la faz la tempestad del alma un relámpago triste, la sonrisa (Garrick).

Joker se llama Arthur Fleck y en un intento de negar daños que le causó, su madre lo rebautiza como Feliz, aunque no lo es. Sólo espero que mi muerte tenga más sentido que mi vida escribe en su cuaderno de notas para el comediante que quiere ser. Es su única ambición. Lleva una vida honrada, cuida a su madre y trabaja como payaso. (Inevitable evocar a nuestros niños-payasos de las esquinas en CDMX que piden unas monedas y que algún día ¡cobrarán¡ sus derechos). Arthur es bueno, pero la sociedad enferma lo va acorralando hasta inducirlo al crimen. Arthur no es esquizofrénico ni sicópata, padece sí un trastorno social de personalidad. Sueña despierto pero no alucina; sufre pero no odia. Es quizá un artista fallido que de haber recibido amor y apoyo hubiera sido grande. Hace evocar también a Antonin Artaud.

Hay heridas que no sanan y sociedades que las ahondan. Algunos psiquiatras saben ver en la locura una forma de heroísmo. Fe liz asfixia a su moribunda madre—hada al descubrir que en realidad ha sido una malvada bruja. Y al hacerlo dice no he sido feliz ni un minuto de mi vida. ¿Alguien ha estudiado cómo son las madres de los feminicidas? Joker intenta matar desde un show de televisión a quienes le han pasado por encima; a quienes gozan pisoteando sueños. También dispara contra seres que lo confunden en el Metro con basura y que él, a su vez, confunde con las ratas gigantes de Ciudad Gótica. Una gran película que hace volver la mirada hacia niños que sufren. Final: Feliz descubre que sí existe y que los demás ahora lo saben. Con su colorido traje de gala, convierte la cruel escalera diaria de mil escalones en suave pista de baile y ahí se nos queda su re//cuerdo entrañable. Smile… That’s life…

PS ¡Solidaridad con la conciencia valiente del pueblo chileno!

infanciadestinoes@gmail.com

Andrea Bárcena

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