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Deserciones

Lo ético, lo estético y lo patético en la escuela

Alfredo Villegas Ortega


Las escuelas normales y su importancia en la transformación del país

El Congreso Nacional para el fortalecimiento y transformación de las escuelas normales públicas, convocado este año por la Subsecretaría de Educación Superior, resulta algo inédito en la historia del normalismo en México. Prácticamente todo 2019 en las 265 normales urbanas, rurales, federales, estatales e interculturales de México, se abrió el debate entre las comunidades normalistas para discutir las problemáticas de las mismas en torno a cinco ejes: el docente que queremos formar para la transformación del país; las escuelas normales, proyección a futuro; desarrollo profesional de los formadores de docentes; Autonomía ¿Qué tipo de autonomía necesitamos?; Ruta curricular. ¿Qué hacer y hacia dónde ir?

Como puede observarse a simple vista, la articulación entre las mismas es necesaria. Imposible ver de manera aislada la problemática de cada una de ellas. ¿Por qué? Simple y sencillamente, porque forman parte de un todo, de una necesidad por revertir años de abandono y golpeo institucional hacia las escuelas formadoras de docentes. Años de exigir las mínimas condiciones de operación, expectativas y condiciones para desempeñar una tarea que debiera ser de primerísima necesidad.

El abandono de las escuelas normales, es tan o más grave aún que el de la educación pública en general. Los gobiernos de corte neoliberal, en las últimas décadas, descuidaron toda la educación pública, no solo las normales, pero es de mayor relevancia en nuestro caso porque, de siempre, los magros presupuestos que se nos otorgaban se fueron aún más hacia abajo en los últimos tres gobiernos.

El gran impulso democrático de treinta millones de votantes que sufragamos por el cambio, hartos de la transa y el menosprecio y ajuste a las políticas económicas, recibió un aliciente que se correspondía con ello, en el caso de las normales: al fin, nuestra voz sería escuchada. Asuntos nodales para nuestra transformación y fortalecimiento, tendrían que plantearse desde la base de las comunidades normalistas. Con ese ánimo, participamos en diversas asambleas escolares, estatales y nacionales. Los delegados fuimos electos, en las diferentes instancias, hasta llegar a ello.

A nivel nacional, se convocó a un primer Congreso Nacional en Metepec Estado de México donde el Subsecretario de Educación Superior, Luciano Concheiro, declaró el Congreso Permanente. La expectativa no podía ser mejor: los diversos resolutivos encaminados a la mejora de nuestras instituciones, podrían crecer en calidad conforme ese carácter permanente.

En términos generales, puedo decir que se avanzó en un primer planteamiento de qué era lo que estaba en cada una de las 32 entidades federativas y en las 265 normales públicas: autonomía curricular, de gestión, mayor presupuesto, perfil de egreso de los normalistas, mejora de la infraestructura física, apoyos para la investigación; difusión de nuestro quehacer; actualización profesional pertinente y profesional acorde a los nuevos tiempos, selección del personal con base en criterios y procedimientos transparentes.
Todos esos puntos y otros más, se trataron en mesas y en las plenarias, en las que privaron los argumentos y la democracia. A favor y en contra de uno u otro planteamiento. Con rigor, pasión, respeto y argumentos se defendieron ideas, siempre con el ánimo de coadyuvar al mejoramiento de nuestras escuelas. La democracia y los vientos de la 4T parecían alcanzarnos.

Había la promesa de incidir en las leyes secundarias. Todo parecía ir viento en popa. Hubo otros congresos nacionales, en San Luis Potosí, en Los Cabos, Baja California Sur y en Puebla. Tanto en San Luis Potosí como en Los Cabos, se continuó con los trabajos y se aceleró el trabajo porque los tiempos políticos de las Cámaras estaban encima y había que dar insumos a los legisladores para que nuestros puntos fueran tomados en cuenta. No obstante, hubo otros grupos e instituciones que también sumaron sus propuestas y el diseño de las leyes secundarias dejaba en el aire muchas cuestiones importantes, a pesar de que en el texto constitucional se habla de la importancia e impulso que deberán recibir las escuelas normales.

En términos generales, podríamos decir que se avanzó en el diseño curricular, el cual tomará en cuenta las especificidades regionales, estatales y escolares: es decir, una parte del diseño de los planes y programas estará en manos de los normalistas, y desde ahora, debemos trabajar para que no emerjan los mismos cuerpos de notables vinculados al poder para que, en efecto, se haga un cambio radical y sustentable desde las regiones y escuelas, de manera que no se le haga un maquillaje a los programas de 2018, duramente cuestionados, de claro perfil neoliberal, funcionales y estructurados con base en las competencias, modelo rebasado incluso en los países en los que se gestó porque no funcionó. ¿Por qué somos escépticos? Porque en la Dirección General de Educación Superior para Profesionales de la Educación (DEGESPE), permanece Mario Chávez, personaje contrario a las normales. Y no es una suposición, en varias ocasiones se refirió a nuestras escuelas con desprecio. Es el mismo que se hereda del viejo régimen y no podemos confiar en quien vistió la playera tricolor y ahora se viste de moreno. Un pillo, como muchos más que habrá que sacar de la SEP si, en verdad, se quiere plantear una cuarta transformación de la república. El horizonte está en el 2021, año en el que habrán de salir los nuevos programas para las escuelas normales y debemos denunciar cualquier atisbo de maquillaje y selección inadecuada de los diseñadores, mismos que deberán ajustarse a un perfil profesional y a una probada solvencia moral y política. Que no sean los mismos personeros, enquistados en las normales, quienes les sigan el juego y nos vendan cuentas de vidrio por oro. Así pues, el trabajo debe empezar lo más pronto posible, para que no nos sorprenda la DEGESPE.

Ese avance en la autonomía y diseño curricular, aunque mínima, puede significar un proceso de ventilación necesaria para sacudir inercias y, sobre todo, para ganar presencia en las escuelas y disputar en el terreno académico lo que haya que pelear para que queden en el cuerpo de diseñadores curriculares maestros cuya visión y prospectiva vaya más allá de la visión neoliberal, porque esos planes y programas como el de 2018 solo ven la educación como un insumo para el mercado y no como la llave para transformar al país.

Hay, pues, una ganancia en términos de autonomía curricular (aunque parcial, pues habrá un tronco común a todas las normales), que se debe aprovechar y hacer efectivo para que no nos quedemos con la misma gata revolcada.

En ese énfasis debemos poner el empeño para mejorar al maestro que queremos formar para la transformación del país, apuntando hacia un sólido perfil de egreso.

No obstante, hay una gran preocupación porque todo ese planteamiento se quede en buenas intenciones si no mejora el presupuesto. Sin dinero suficiente, esa y otras tareas no podrán llevarse a cabo. Por ello, un grupo de maestros emanados de Congreso, de manera voluntaria y sin suplantar las tareas de éste, acudimos a un encuentro con la presidencia de la Cámara de Diputados en materia de presupuesto para exigir que se hagan los ajustes pertinentes, se eleven sustancialmente las cantidades y se permita que éste llegue directamente a las escuelas normales, con los mecanismos de transparencia, vigilancia y rendición de cuentas, y evitar así que se diluya en las instancias burocráticas de las direcciones generales y los estados. Estamos en esa lucha. Las normales deben apuntalarse, pues de no hacerse, no habrá Cuarta Transformación.

Alfredo Villegas Ortega
Maestro en Educación por la Universidad Pedagógica Nacional y Académico de la Escuela Normal Superior de México.

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