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Sala de Maestros

Maestros en la historia

Jesús Caballero y Díaz


Mantovani en mi carrera: la filosofía de la educación

En mis ayeres, lo mejor de mi educación normal fue el contacto con los profesores españoles trasterrados: unos, mis maestros, otros sus compatriotas y entre ellos Losada, el editor republicano de la bibliografía pedagógica citada por aquellos de mis maestros

El caso es que Don Antonio Ballesteros, mi maestro de Historia de la Educación y de Organización Escolar en nuestra Benemérita Escuela Nacional de Maestros ( BENM), y luego su esposa la maestra Emilia Elías de Ballesteros en la Escuela Normal Superior de México ( ENSM) en sus lecciones de filosofía de la educación y de Cconocimiento de los Adolescentes nos invitaron a leer entre otros :La Educación y sus Tres Problemas, así como Educción y Plenitud humana del profesor y filósofo argentino Juan Mantovani con los cuales empecé a poco entender cuáles eran los asuntos torales de los estudios sobre la educación: sus cuestionamientos acerca de ¿quién se educa? ¿para qué se educa? y ¿cómo se educa? entendí para aquellos tiempos el triángulo de la educación: el ser humano, para ser persona en un lugar y en un tiempo con una personalidad reconocida constitucionalmente como sujeto de derechos obligaciones, sobre todo políticos en un país que quiere construir una democracia…

Mi primer paso como profesor en la educación normal consistió en sustituir en la Escuela Normal Ignacio Manuel Altamirano de don Jesús Sotelo Inclán al profesor Lucio López Iriarte en un curso de Ciencia de la Educación, mis alumnas del turno vespertino ya eran unas damas criticonas, charlistas y exigentes, las del matutino eran unas adolescentes y aquellas eran casi de mi edad, concluí el curso formulando mi programa, rescatando unos cuantos textos para no hacerme bolas y claro recurrí al libro de ciencia de la educación de la maestra Emilia Elías de Ballesteros y los dos de Mantovani, me fue como en feria, aunque ya para terminar el curso las “chicas” ya habían comprado el labro de la maestra Elías y alguna me mostraba Educación y Plenitud Humana, pues leían y preguntaban sorprendidas de descubrir las arterias de los sistemas educativos entre ellos el mío que cuestionaban y el suyo del que coquetamente no respondían, terminé el curso y Don Jesús me invitó a continuar en ese trabajo.

En cconsecuencia descubrí al filósofo que creía italiano, trasterrado en Argentina como los españoles en México, tardé mucho en descubrir su nacencia gaucha; no sé cómo aprendí a estudiar porque en la normal los maestros dictaban cursos, de los cuales algunos rescaté algunas frases escribiéndolas en clase y depurando la escritura para nuevas lecturas, con ellos prepararme para los exámenes semestrales que eran pruebas pedagógicas de preguntas con respuestas de opción múltiple, que decía Lenin Ojeda: se respondía como con los merengueros: al águila o sol, así que salí como entré a esos cursos, al final de cada examen comentábamos los alumnos que salíamos como embrutecidos sin recordar nada del examen y un mucho deslumbrados, algunos hasta trastabillaban al entregar sus papeles al examinador, solo al recibir la boleta de calificanciones semestrales sabíamos si aprobábamos o no y con cual calificación y así hasta el siguiente curso semestral..

En la Escuela Normal Superior que sus catedráticos presumían sobre su hechura hecha bajo el modelo de la Escuela Normal Superior de Paris, mucho más tarde supe que ésta era y es una institución de altos estudios para posgraduar a investigadores, algo así como la Escuela de Altos Estudios con la que nació La Universidad Nacional de México de Justo Sierra. pretensiones poco establecidas y mal reconocidas.

Con todo hubo en mis tiempos descubrí un cambio importante en la docencia: los maestros nos proponían sobre lo que queríamos saber, conocer o cuestionar, luego nos proporcionaban el programa del curso, había asuntos que ya se incluían en los programas, algunos reconsideraron el que traían y lo aadecuaron ampliamente a nuestras solicitudess y advertencias.

Las nuevas prácticas de estudio incluyeron nuevas lecturas, tareas de investigación, proyectos didácticos como tareas individuales y por equipos, sin faltar las lecciones orientadoras de los catedráticos, y nuestras presentaciones ante el grupo, participé en todo lo que nos propusimos, con mis compañeros armamos un equipo que duró dos años; al pasar a la especialización elegí: Teoría y Ciencia de la Educación, cursos en los que asumí un mayor compromiso individual de participación ante el colectivo, compartiendo ponencias y debates , incluso armamos algún trabajo grupal, no me fue mal, En la Normal fui un estudiante mediocre, algo asi como el 700 entre 1200 de mi generación; pero en la Normal Superior merecíí el premio del primer lugar en calificaciones con el cual gané la beca y la opción para dictar mis primeros cursos de la misma Escuela Normal Superior: los de Historia Universal y de México de la Educación para los Bachilleres en los de Nivelación Pedagógica y el de Evaluación Educativa para los normalistas de tercer grado en los cursos intensivos para maestros foráneos .

Me casé por amor a una compañera de estudios y tener un espacio propio para estudiar en casa, hacer mi segunda biblioteca personal, bueno de los dos, nuestros trabajos a máquina y lo maravilloso fue que un grupo de nuestros compañeros de la Maestría en Pedagogía se nos aliaron e hicimos un club de estudios en los primeros años de la carrera, Repasábamos las lecciones, elegíamos temas los planteábamos y, a leer y a escribir , a cconversar sobre los temas de los trabajos encargados, eso si con la mesa puesta por nosotros y las golosinas por los demás, eran reuniones de jolgorio a las que se unían algunas novias y novios de nuestros colegas, de ese bullicio salieron importantes ensayos que gustaron a mis compañeros y mis maestros, algunos de ellos sobresalientes, todos me gustaron y más las notas de mis maestros en la portada de los mismos.

Los cursos de filosofía de la educación me invitaron a expresar mi asombro, mis dudas, perdí el miedo a preguntar y proponer; con todo en mi grupo aumentamos el poder de la discusión, me obligué a estudiar más, a profundizar y sobre todo a no callar. tuve cuatro maestros de esta materia que nos pasearon por la crítica de los asuntos torales del hacer pedagógico como marco cultural del hacer pedagógico, aunque el curso de Política Educativa nos quedó a deber el examen de los compromisos constitucionales de la educación en México.

Así fué que a propuesta de los maestros Ballesteros descubrí a Juan Mantovani en su libro, para mí fundamental: La Educación y Sus Tres Problemas, ese texto íntegro mi obligación de cuestionar los programas educativos en que he participado desde aquellos momentos. Descubrí también una gran personalidad: Mantovani fue maestro de escuela primaria rural, luego maestro urbano, estudiante universitario y también maestro de maestros en las nuevas escuelas normales de su país, también profesor universitario y responsable de la orientación y supervisión de la aplicación de nuevos planes de estudios en las escuelas de diversas provincias, no solo de Buenos Aires.
De su formación docente inicial bajo el diseño de la Educación sarmentiana de orientación positivista y nacionalista calculada para ser creadora del alma argentina entre los nuevos argentinos inmigrantes de diferentes países y lenguajes también los campesinos, los provincianos pobres y los citadinos de barrios humildes con programas escolares que provocaron el descubrimiento de su nueva patria, reconociendo el valor de su personalidad individual, su cultura local y la posibilidad incorporarse a la nueva cultura nacional, finalmente: asumir su argentinidad.

La educación formulada y propuesta por el maestro Faustino Domingo Sarmiento como presidente de la República Argentina en el siglo XIX como el medio necesario para crear la unidad cultural de su pueblo: la argentinidad de una nueva nación que civilizaría a toda su población, es decir hacerlos ciudadanos argentinos por el conocimiento y cumplimiento de la legislación que organizaba políticamente a su país. Ese fue el programa de la Escuela Normal al servicio de las escuelas básicas, cuentan sus colegas que Mantovani creía profundamente en esa misión civilizadora igual que tantos normalistas de ese tiempo y esa circunstancia. Ya maestro de primaria, Mantovani descubrió sus propias limitaciones y se propuso estudiar en la Universidad, sus estudios tuvieron una orientación positivista europea que le permitió descubrir la originalidad de el positivismo sarmentiano por la ausencia del conocimiento del positivismo europeo, pues su propuesta coincidía en sus objetivos de libertad, orden y progreso para bien del paisanaje y del sostenimientode vida pública, de la existencia del estado.

Los tiempos cambiaron Sarmiento hubo de salir de Argentina, establecerse en Chile donde volvió a ser profesor, su historia es digna de ser estudiada como parte de la evolución del pueblo y el estado argentinos, por la propia sociedad argentina. Juan Mantovani evolucionaba hacía el filosofar la educación, asombrándose: valoró los resultados de sus inicios normalistas profesionales, las obligaciones resultantes de los planes educativos que sucedieron a los sarmentianos su evolución hacia el positivismo europeo fundamento de algo nuevo: la ciencia de la educación.

El cambio se ubicaba en los nuevos conceptos de la ciencia de la educación: una clara influencia herbartiana y la herencia pestalozziana, valores del tiempo: con ellos el sujeto de la educación resultó un verdadero desconocido, pues la enseñanza era obligatoria impuesta políticamente. los programas eran listas de conocimientos y valores impuestos desde la cúpula gubernamental: al alumno se le enseñaba, se le imponían contenidos educadores sin ser reconocido en la su propia personalidad. Estudiando a la educación alemana, Mantovani descubrió las propuestas herbartianas, Herbart proponía reconocer las psicologías de los educandos con la misma importancia investigativa de el examen de los valores morales que daban fines y contenidos decisorios al destino de su educación oficial. En Argentina ese cambio fue impulsado por la formación universitaria de los educadores quienes no solo fueron autoridades formales, en las escuelas y en las aulas se les reconocía una actividad científica profesional, decían :“orientaban para superar lo norteado” La ciencia de la educación llegó al sistema, los profesores ya no parecían laicos catequistas, eran estudiosos del perfil de sus alumnos y responsables del desarrollo, los aprendizajes debían ser probados con instrumentos dignos de explicación antes y después de su aplicación, la supervisión escolar orientaba, probaba y reconocía los resultados de tales aplicaciones.

Educar para Mantovani no consistió nada más en aplicar los formatos legales impuestos por las autoridades educativas, con su nueva formación universitaria, la nueva tarea de la enseñanza significaba valorar el perfil psicológico de los niños y los jóvenes: fue una revolución educativa :el alumno empezó a ser reconocido en su voluntad de ser, de aprender, en el descubrimiento de su capacidad de aprendizaje y entendimiento: apta desde niño para penetrar en los dominios de las actividades culturales, antes consideradas como propiedades particulares de los adultos,
En Su nueva formación académica, los libros de psicología, pedagogía, didáctica, de filosofía, la historia universal de la educación de la Editorial Losada le llevaron los avances de la educación por ejercicios de investigación de la segunda mitad del siglos y los intentos renovadores de los primeros treinta años del siglo XX en Europa y en América del Norte le procuraron un arsenal de novedades cuyo estudio inteligente, chocó al principio con su formación de la Normal de Sarmiento, con los cambios políticos en la educación formal; ni modo, se obligó a la crítica de su carrera, de lo sucedido en ella; eso le llevó a los nuevos estudios de formación y de actualización de los maestros en el mismo ejercicio de su magisterio.

El conocimiento, los ensayos y los instrumentos de las ciencias de la educación, de la pedagogía científica. de las innovaciones provocaron una reacción inconformista: la filosofía de la ciencia, contribuyó a el filosofarla, era obligatorio intelectualmente para valorar las aportaciones positivistas y las de los reciente planes y programas escolares.

La novedad para los maestros argentinos consistió en no obedecer a ciegas, urgían soluciones de aula, nuevas eficacias docentes, otro modelo de atención, de relación con los alumnos; para lograrlo era necesario entender de nuevo la educación y mejorarla, para ello había que problematizar lo sabido, lo ensayado, lo propuesto. Cuando las queridas prácticas sarmentianas fueron problematizadas, analizadas, valoradas, en conclusión: alumnos y profesores fueron descubiertos como sujetos de la educación. Revaloradas las prácticas de aprendizaje y desde luego, las de enseñanza: el cambio equivalía a la formación ciudadana responsable de su actividad política.

Como los gobiernos autoritarios se sucedieron, el alma de los programas, las politicas educativas saltaba de un lado a otro, esos gobiernos autoritarios perdieron el piso, moralmente desconocieron al pueblo argentino, sus novedades se contrariaban, las nuevas propuestas devaluaban las anteriores, los maestros se quejaban con sus autoridades regionales, pero el autoritarismo imponía la norma que duraba hasta el siguiente gobierno. El cambio se sucedía, sin consultar a los maestros y menos a los padres de familia: la educación oficial era un problema que las autoridades se empeñaban en proponer y en desconocer sin dar razón formal de tales cambios.

Juan Mantovani descubrió entonces el compromiso del educador profesional ante el caos oficial, el profesor de formación debía resolver su propio problema educador. Mantovani en su ejercicio orientador fue rescatando un modelo de estudio del compromiso profesional educador, el objetivo rescatar ante la sociedad y el estado el valor sustantivo de los sujetos de la educación: los alumnos y el maestro, de la relación social, cultural y política de la enseñanza y los aprendizajes, de los fines de la educación escolar y los medios personales y escolares para definir la calidad de los resultados escolares, le preguntaban suscolegas ¿por dónde empezar?

Mis lecturas seguían siendo superficiales, aunque poco a poco iba descubriendo el fondo del iceberg de lo complejo de mi proceso educativo personal y el del papel que en la educación jugaría en mi vida profesional y social.

Así que, en mi trabajo en la escuela primaria, lo de Mantovani se me hizo conocido, el camino recorrido desde mis inicios profesionales concedía con la propuesta del filósofo argentino, lo más importante de la enseñanza no eran los contenidos, ni la bibliografía; sino los educandos, mis alumnos y singularmente, me descubrí a mí mismo como importante sujeto de mi educación, de mi trabajo educador. Lo que vivía en la primaria, como profesor y como alumno en la Superior empezaba a tener sentido, a dejar de se ser solo objeto de esa intuición, una especie de ardorosa ocupación, empezaba a tener conciencia de lo que quería, de lo que me proponía por la nueva calidad de mis estudios, de mis trabajos, de mi presencia en clase, en las actividades extracurriculares, en mis nuevas aventuras pedagógicas.

Por ese tiempo en la Escuela Normal Superior hubo un gran educador: un espacio abierto: una librería, justo a la entrada del edificio de Fresno 15, la atendía un profesor enamorado de su negocio, León García, creo que era su nombre; pues bien, platicábamos con él , nos escuchaba, nos pedía los nombres de los libros y los autores que queríamos consultar, si no los tenía, nos proponía otros, los hojeábamos, los devolvíamos y a pocos días, a veces a varios nos llamaba y con un libro en la mano: ¡A ver Caballerito! aqui está La Educación y sus Tres Problemas de Mantovani, ¡Gracias León! en la quincena te lo pago y pagué.

El libro se instaló en mi pequeño librero, cobró su espacio al lado de mis últimas adquisiciones, conversando con el maestro Ballesteros de lo que tenía en mis manos y me sorprendió su dicho: aprenderás a pensar la educación, no dejes de conversar con tus maestros sobre el hacer que propone Mantovani, sabía de él,de la educaciónargentina, del papel del maestro Losada como divulgador editorial de vidas como original razón de su filosofar, por tal confianza y claridad amaba yo a tal figura humana, Don Antonio Ballesteros ya era parte de mi Panteón Académico, de mis santones, de mis guías, detrás de él Juan Mantovani me invitaba a dudar, a valorar, es decir a cuestionar mi propia formación y los problemas de la Educación en México y en mi ejercicio profesional,

Pueblo de la Candelaria Coyoacán

Ciudad de México a 29 de octubre de 2019.

Jesús Caballero y Díaz
Maestro y formador de docentes

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