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Usos múltiples

Mentes peligrosas

Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán
Armando Meixueiro Hernández


La clase de piano o el empate de los procesos formativos

El piano deber ser tu amigo, es decir, un confidente que calme tu rabia.

Félix Leclerc

Existe un anaquel cinematográfico con un gran arco histórico de películas, de diversas partes del mundo, en las que el piano —como más que un instrumento musical— juega un papel fundamental en la vida de las personas. Es una lista larga que tal vez comience con la primera película sonora El cantante de jazz (Crosland, A: 1927), pase por obras como Canción inolvidable (Vidor, Ch:1945) o Música y lágrimas ( Mann, A: 1954) , vaya hacia la cinta clásica, El piano ( Campiuon:1993); y las más contemporáneas: Claroscuro (Hicks S: 1996), El pianista ( Polanski, R: 2002), Ray (Hackford, T: 2004), Vitus (Murer, F:2006); La cambiadora de páginas ( Dercourt, D: 2006), hasta documentales como La calle de los pianistas ( Nante, M:2015) o las multipremiadas: Una historia de amor ( La la land, Cazelle, D: 2016), y El libro verde ( Green book, Farrelly, P: 2018). A esta lista inconclusa, este año ingresa una más.

Un joven (Mathieu Malinski) toca en un piano la música de J. S. Bach, en una estación del tren subterráneo en Paris. La mayoría de la gente lo escucha como música de fondo, sin prestar la mayor atención. Pero alguien (Pierre Geitner) se detiene, lo observa y lo escucha asombrado. Es uno de los directivos del Conservatorio Nacional de Música de Francia. En eso comienza una persecución policiaca contra el músico, que corre hasta escapar. Otro día le directivo contactará con él musico y le dará su tarjeta de presentación. Por la noche Mathieu es detenido por cometer un delito. Pierre lo rescate y es obligado a realizar trabajo comunitario en el conservatorio, qué el dirige. Pero también es obligado a tomar lecciones de piano.

Se trata del inicio de la trama de la película La clase de piano (Bernard, L, Francia:2019), que avanza siguiendo la evolución de Mathieu de ser un delincuente y destinado a lo que la calle o la cárcel le ofrece a ser un virtuoso que dará conciertos en importantes salas de música por todo el mundo. El problema del film es que no puede evitar caer sistemáticamente en lugares comunes: del perdedor delincuente al que llega en el último minuto para ganar un concurso que lo proyectará internacionalmente.

Sin embargo, nos interesan dos procesos formativos que la película retrata: la formación inicial, en la que un personaje, sin tener mucho que ver con un niño, le regala el placer por la música, un instrumento y un alivio ante una vida que le ofrece poco. Mathieu, se aferrará en medio de la pobreza de un hogar comandado por una madre abandonada, al piano, como tabla de salvación. Por eso toca en el metro o incluso cuando roba hogares.

Por eso también duda ante la posibilidad de estudiar y dedicarse a la música, este es el segundo proceso formativo que documenta la película. El piano es una boya ante el naufragio, un amigo, un refugio; no un estilo de vida. Por eso a pesar de su talento le es difícil seguir a su experimentada maestra en las lecciones, que no solo son de técnica, lectura de notas, ritmo, armonía y dominio, sino que incluyen reflexiones sobre los momentos de vida de los creadores. La maestra es dura y didáctica; inflexible y precisa, con todos sus alumnos, Mathieu no tiene este referente de enseñanza musical, sino el hombre amoroso que lo inicio en el piano; por eso chocan lo que aprendió por amor y lo que le obligan a aprender.

También juega un papel destacado el tutor, Pierre, que no duda en jugarse el puesto directivo por apoyar al nuevo alumno. Tampoco en perder a la mujer con la que está casado. Su centro no es tampoco formar alumnos o suplantar un afecto perdido. El corazón de la vida de Pierre, lo que le da sentido, que coincide con lo que la ve en Mathieu, es la música. Y en ambos lo será hasta el fin de sus días. Lo único que hace Pierre al forzarlo a estudiar es encaminarlo a una ruta por la qué el ya paso.

La película La clase de piano ayudará a comprender como los procesos de educación informal, con frecuencia no son fáciles de empatar con los procesos académicos. Debo a esto se pierde gran cantidad de talento, en el arte, los deportes y otras disciplinas, sobre todo en los países del tercer mundo, en los que no existen pianos en las estaciones del metro y los directivos (que no viajan en este sistema de transporte) sólo parecen concentrarse en el cumplimiento de estándares e indicadores a un primer mundo, que ese mundo, parece cuestionarse todos los días.

Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán
Director de Pálido Punto de Luz

Armando Meixueiro Hernández
Director de Pálido Punto de Luz

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