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LA CLASE


Mitzi Alin Aguilar Alvarado
Jocelyn Arely Muñoz Suarez
Armando Zamora Quezada


Baches, caídas y esperanza: Aprendiendo a disfrutar de la práctica docente

La esperanza es lo único más fuerte que el miedo

El miedo es una sensación desagradable provocada por la percepción del peligro, ya sea real o imaginario, pero ¿y si no pudiéramos percibir ese peligro?, seguramente no estaríamos aquí contándote esta historia pedagógica, donde nuestras percepciones del proceso educativo nos ponen en situaciones estresantes y desafiantes que nos hicieron caer, pero jamás lograrán quitarnos este sentimiento de esperanza por la educación.

Para este ciclo escolar 2019-2020, la Escuela Secundaria Técnica 32 “Ciencia y Tecnología” en primer grado recibe nuevamente profesoras en formación del séptimo semestre de la Licenciatura en Educación Secundaria, especialidad en Biología, de la Escuela Normal Superior de México. Mitzi Alin Aguilar Alvarado y Muñoz Suarez Jocelyn Arely, mujeres estudiantes jóvenes que les gusta salir a lugares nuevos con sus amigos y familia, con intereses diversos, pero con una pasión por enseñar. Han dado clases en sus prácticas en semestres anteriores y les han sucedido una serie de cosas inimaginables. En esta ocasión, te contaremos sus primeras caídas en este tramo de sus prácticas profesionales intensivas y el camino de baches andado para salir de ellas con éxito. Este escrito es el primero de dos experiencias de su formación en la práctica docente con sabor a realidad.

En el camino, se van dando cuenta de la enorme diferencia entre practicar en los semestres anteriores y hacerlo en séptimo, porque están encontrando que no es lo mismo “dar una clase” que “gestionar los aprendizajes” sobre todo en una escuela de alta demanda, con grupos cercanos a los 50 alumnos por salón y que está en los primeros lugares en los resultados de la prueba COMIPEMS a nivel CDMX.

También, se están enfrentando al reto de la hoja en blanco del diario de campo o diario del profesor de una manera cada vez más técnica, que consiste en poder iniciar un escrito de cero en una hoja que exige, a quien escribe, tener algo interesante que contarle al lector. Una narrativa con contenido pedagógico que le ayude, a quien escribe para poder mirarse desde fuera en un ejercicio de autoreflexión con miras a la profesionalización paulatina y sistemática de su práctica docente y, a quien la lea, para entender los resultados a partir de las decisiones tomadas en el camino recorrido durante su periodo de prácticas.

Es por ello que a continuación, estimados lectores, encontrarán extractos del diario de las profesoras en el que nos muestran parte de los baches y caídas que ha encontrado en este proceso, que genera esperanza y desesperanza, en un ciclo de ejecuciones.

Diario de campo: 16 de octubre de 2019. Grado: 1° Grupo X Hora: 9:30 am

Llegué al salón de clases, los chicos tardaron un poco en ingresar al salón debido a que anteriormente habían tenido su receso y aquellos que llegaron a tiempo seguían consumiendo sus alimentos. Les pedí que guardaran todo, para poder comenzar la clase, di el pase de lista, para darles un poco más de tiempo.

Primero decidí retomar un poco lo que se había manejado en la clase anterior, para no olvidarlo, con ayuda de preguntas que yo les formulaba a los alumnos. Posteriormente pedí ayuda de alumnos para que entregaran al resto de sus compañeros copias de un texto y la actividad del día de hoy. La cual indiqué que se leería de forma grupal. Yo asigne al azar algunos alumnos y también tome en cuenta a quienes quisieran leer. Además, mientras iba leyendo el texto, pedía que subrayaran lo más relevante de la lectura y fui haciendo algunas preguntas para asegurarme de que estuvieran siguiendo la lectura conmigo.

El trabajo con los alumnos es muy plano, no muestran ninguna emoción ni interés por las clases, me cuesta bastante retomar la atención de ellos y muy pocos son los que de verdad se hacen partícipes de la clase. Tengo que estar constantemente pidiendo que guarden silencio y es constante el estar repitiendo las indicaciones o instrucciones. -Todo este tipo de situaciones siento que me llegan a molestar en cierto nivel e incluso me desespero cuando está por terminar la clase. Sé que los niños perciben lo que yo siento, pero creo que ellos son los que generan este tipo de sentimientos en mí. Sin embargo nunca me he enganchado con nadie, ni mucho menos.

Como el tiempo no fue el suficiente, o tal vez si lo fue pero los alumnos no supieron moderar sus tiempos, no pudieron concluir sus actividades, entonces indique que la actividad se quedaría de tarea y en la siguiente clase lo revisaría junto con el resto de sus demás actividades. Dieron el toque de cambio de clase y recogiendo mis cosas, me despedí del grupo y me retiré del salón.

Al terminar esta sesión, el titular de grupo, también había percibido lo mismo: una clase sin la emoción que despertara en los alumnos el gusto por saber más, por descubrir algo nuevo o simplemente por hacer el trabajo para entregar. La profesora en algunas ocasiones culpaba a los alumnos de lo ocurrido, sin haber reflexionado sobre su actuar. Tanto el titular como la profesora sabían que debían hacer algo para cambiar esa situación, de lo contrario no se lograría el objetivo. Algunas de las reflexiones en torno a esta situación fueron las siguientes.

Podemos resaltar que la sesión tiene las fases de inicio y desarrollo pero no se llegó al cierre, lo que provoca que todo lo que se haya logrado hasta ese momento se diluya por no haber cerrado el proceso de la sesión.

También se puede leer que la desesperación de la profesora ocurre porque el diseño de la sesión toma en cuenta lo que ella realizará, pero falta integrar los tiempos y ritmos de los alumnos en el plan de clase para que el dispositivo de la sesión funcione de manera efectiva.

Una sesión plana no es otra cosa que la falta de uso de las emociones para el aprendizaje, pues si además de los ritmos normales de aprendizaje se incluyeran las emociones como herramientas para reforzar o apuntalar las construcciones conceptuales, procedimentales o actitudinales de los alumnos, el resultado sería distinto.

Después de la reflexión se hizo la modificación que se esquematiza de la siguiente manera:


Cuadro 1. Esquema para clase de Ciencias (biología) desde el Neuroaprendizaje y los ciclos de Investigación-Acción-Reflexión. Elaboración propia (Zamora y Aguilar, 2019)

Una vez hecha la esquematización de las modificaciones necesarias para integrar parte del enfoque de la neuroeducación propuesta por Pérez y los ciclos de investigación-acción-reflexión propuestos por Elliott, la profesora procedió a la ejecución con el siguiente grupo en la última hora del día de clases. En adelante se muestra la recuperación escrita resultante.

16 de Octubre de 2019 Grado 1° Grupo: Z Hora: 13:10 pm

Salí del primero X, el maestro titular me preguntó qué es lo que haría con el grupo Z y le dije que sería lo mismo, por lo que él me contestó que le haríamos modificaciones. Yo le pregunté que cuales eran y me dijo que lo hablaríamos después de atender a una mamá que tenía citatorio del grupo de mi compañera.

Cuando estábamos con la tutora de la niña, el maestro Armando le pidió que le comentara como era la vida de la alumna fuera de la escuela, desde qué hacía en el hogar, con quien vive, cuáles son sus horarios y actividades en casa. La señora contestó muy concretamente a todo lo que se le preguntó. De este modo nos dimos cuenta que la alumna se comportaba de la misma manera en clase, lo cual se le hace saber a la mamá. Ella comprende la situación y efectivamente entiende lo que sucede con su hija, nos comenta mucho más datos de cómo ella en casa maneja estas situaciones de apatía a las instrucciones o actividades, las cuales son un tanto autoritarias y que de una forma menos autoritaria ya se había intentado anteriormente en clase y no habían funcionado. Se comentó que la niña estaba en terapia con una psicóloga y tenía un grado muy bajo de TDA. Es muy astuta en cuestión de saber cómo manejar las situaciones, como salirse con la suya al no acatar las instrucciones, entre otras cosas.

Por lo que se llegó al compromiso por parte de la alumna en terminar todas las actividades que se habían realizado anteriormente y las que vienen, además de tratar de seguir con esta disciplina de concluir las actividades. Por parte del maestro sería tener un seguimiento más de cerca con ella para que las actividades ya no sean realizadas como una orden sino más bien por convicción y que realmente le encuentre sentido a las actividades que se le solicitan. La mamá accede y se compromete para apoyar de la misma manera en casa y finalmente firma de acuerdo y se retira.

El maestro Armando me pregunta qué veía en la mamá, yo respondí que se notaba que sí presionaba a la niña y que trataba de exigir y que reconoce el problema que tiene su hija y trata de buscar formas de cómo cambiarlo.

Después, retomamos la plática sobre los cambios en mi siguiente clase para abordar el tema del sistema nervioso. Primero me preguntó ¿cuál es la diferencia entre el zoológico de Chapultepec y Bioparque estrella?

Yo comencé a dar varias características como los tamaños donde se encontraban los animales, el cuidado, que tanto se puede acercar el hombre a los animales, entre otras cosas. El maestro quería que yo llegará a diferenciar que en ambos hay animales y en ambos la gente va a verlos, pero cada uno tenía un enfoque diferente. En uno los animales están encerrados y en otro las personas que visitan el lugar van encerrados.

Entender el cambio de enfoque en estos lugares, me ayudaría a poder hacerlo en mis clases, y llegamos a la pregunta principal: cuál es el enfoque que yo quiero en mis clases ya que si quiero a la neuroeducación como elemento clave para trabajar en mi documento recepcional, no lo estaba consiguiendo porque no estaba cambiando nada de mis clases para poder implementar o manejar mi tema. No había visto en mi ninguna mejora hacia la neuroeducación, seguía estática, sin avanzar.

En ese momento llegaba a mi mente todo aquello que yo ya había pensado, se juntó mi sentir respecto a eso, yo sabía que no estaba transformando mis clases que seguía siendo la Mitzi de siempre, yo sentía que para el nivel donde estoy no estaba dando lo que se debía de dar. Pero el que yo sólo lo pensará no movía en mí nada más que mi sentir. Cuando el maestro comienza a decir todo aquello de mi persona, que frena mi desempeño y afecta en mis prácticas, desbordó dentro de todo eso que yo ya había pensado, por lo que mis ojos se llenaron de lágrimas. Pues uno de los maestros que más respeto y admiración le tenía estaba confirmando todo eso que yo ya había pensado.

Después de poder desahogar y calmarme por unos minutos, dentro de mi mente agradecía el que se haya tomado el tiempo de decirme todo aquello que me hacía falta, pues ya tenía mucho más claro hacia donde tenía que ir y que tenía que cambiar. Ya que anteriormente pensaba y pensaba pero no podía aterrizar nada claramente. La plática con el maestro Armando era algo que necesitaba hace mucho tiempo, sé que yo sola debí hacer este cambio y tratar de llegar a creérmelo, sin embargo, si necesitaba ayuda en esto. Aprecio que se haya tomado el tiempo de poder explicarme, que haya sido sincero y que tenga confianza de poder decirme aquello que no está bien en mi desempeño. Yo espero mucho de él y sé que él espera lo mismo de mí.

Después de todo el choque de emociones, me dijo que en la siguiente hora definiría si de verdad el tema que elegí era el adecuado para mí, por lo que me sugirió como manejar la clase, me mostró los momentos que necesitaba hacer, qué tenía que lograr el alumno en cada uno de ellos y qué tenía que lograr yo en cada uno. Tomando en cuenta algo tangible para poder atraer la atención del alumno, emocionarlos con alguna actividad, seguir con el texto de interés, aumentar el nivel de emoción con la misma actividad pero con modificaciones, entrar a la parte conceptual, realizar la parte procedimental y por último evaluar en función del aprendizaje esperado.

Me hizo reconocer que mi tema iba de la mano con las emociones y que estaba muy alejada de hacerlo con lo que yo estaba llevando con los niños, que me enfocaba de más en la parte conceptual y dejaba de lado lo más esencial de una clase, que era la emoción.

También me di cuenta del gran miedo que tengo a que las cosas se salgan de control, que salgan mal y mi poca actitud de probar cosas nuevas y tratar de arriesgarme. Eso también frenaba mucho a que yo pudiera cambiar mi forma de dar los contenidos.

Una vez que terminamos de reflexionar primero sobre qué es lo que estaba haciendo y a dónde debía llegar, tomamos nuestras cosas para preparar y ajustar todo aquello que debía implementar en la siguiente clase.

Llegué al salón de clases un tanto temerosa de que tan bien lo iba hacer saludé a los alumnos, pedí que alinearan sus bancas, que la tarea y actividades pendientes las retomaríamos la siguiente clase.

Llevaba un objeto tangible (globo terráqueo) que llamaría la atención del alumnado, de inmediato fue notoria su atención hacia éste, incluso antes de presentarlo o dar a conocer qué se haría. Sin más palabras lo lancé a un alumno y le pregunté cómo es que él podía pensar y por qué pensaba tan rápido. Después de escuchar su participación, el globo terráqueo fue pasando de alumno en alumno para escuchar su opinión, los alumnos pedían la pelota, por lo que algunos se paraban para poder cacharla.

Después de algunas participaciones cuando los alumnos pudieron decir palabras claves como neurona, cerebro o algo relacionado con el sistema nervioso, entregué al primero de cada fila otro objeto que tenía en mi mochila. Expliqué que todos seriamos neurona el día de hoy, por lo que teníamos que mandar los mensajes que se nos entregaban, en este caso era el objeto que les había entregado. Cada neurona pasaba la información por una de sus estructuras llamadas dendritas, y que este caso serían nuestras manos, por lo que el mensaje, o sea el objeto, tenía que ser pasado de neurona en neurona hasta el final de la fila, con la condición de que no podían pararse de su lugar, ni voltearse, sólo pueden pasar el objeto alzando las manos por detrás de la cabeza.

Di el conteo para iniciar la actividad, hubo filas que lo hicieron más rápido que otras, luego pedí que el mensaje fuera enviado de atrás hacia adelante con las mismas condiciones. Los alumnos muy atentos y con la emoción de que su fila fuera la ganadora, pasaron hacia delante de manera muy rápida los mensajes. Señalé frente a todo el grupo a las neuronas más rápidas y de ahí pude partir para que entendieran que así es como se envían los mensajes entre neuronas.

Para el siguiente momento de la sesión, pedí que el último de cada fila me entregara los objetos que tenían y yo le entregaría copias de un texto para que se las repartiera al resto de su fila. Hubo un percance, ya que como no estaba preparada esa clase con el grupo no tenía los materiales exactos, por lo que cinco alumnos no tuvieron hojas, así que les sugerí que se acercaran a su compañero más cercano para poder seguir la lectura y que no se preocuparan, pues la siguiente clase les completaría la copia.

Yo empecé a leer el texto, el cual era para poder enganchar más al alumno, pedí su participación para ejemplificar lo que se estaba manejando conceptualmente. Al trabajar el texto, era yo la que estaba colocando mucha más emoción y no era tan rígida al leer, hice algunas expresiones graciosas con los alumnos. Aprendí a reír con los alumnos y también a divertirme con ellos.

Después de manejar el texto que los acercaba más a la clase y al tema, era momento de aumentar la emoción, realizando la misma actividad de pasar el mensaje pero ahora tendría más complejidad, puesto que quería hacer una analogía sobre cómo los mensajes no se transmitían correctamente entre las neuronas cuando el consumo de alcohol o drogas estaba presente.

Un integrante de cada fila eligió una droga y funcionaria como tal, por lo que no podría participar en el envío del mensaje, y las demás reglas seguían siendo las mismas. Comencé hacer el conteo para poder pasar el mensaje (3, 2,1, 0), noté que los alumnos ya estaban pasando el mensaje por lo que inicié el conteo de nuevo, así los alumnos comenzaron a estar más ansiosos de pasar el mensaje. Agregué a las indicaciones que debían regresar al inicio de la fila el mensaje, volví hacer la cuenta regresiva y comenzaron.

Cuando el mensaje llegó al frente, comenté lo que yo había visualizado, algunos habían hecho trampa al lanzar por el aire el objeto (mensaje), a otros se les cayó al suelo y algunos fueron mucho más lentos. Esto es para que ellos pudieran ver como los mensajes no se transmitían de la mejor manera cuando se consume estas sustancias dañinas, de ahí pregunté cómo es que las personas que toman alcohol caminaban o hablaban, los alumnos comenzaron a reírse ya que hice un pequeñas imitaciones de estas acciones —lo cual era un reto enorme para mí— pues no suelo hacer ese tiempo de cosas, sin embargo lo disfruté y me di cuenta que no pasa nada. Aprendí a disfrutar mucho más la actividad.

Después de esto, pedí que visualizaran la lectura “mucho gusto neurona”, les recordé que el día de hoy todos íbamos a ser neuronas, por lo que pedí que todos se saludarán de mano, me acerqué a modelar y después los alumnos se acercaron a saludarme de igual manera. Después de leer el título, pedí que con un marca texto subrayaran lo que les iba indicando, como las partes de la neurona y sus funciones, retomando las actividades que habíamos hecho unos minutos antes. Así los alumnos iban relacionando lo que decía la lectura con lo que habían hecho, entonces ahí la actividad aparte de ser un juego para ellos también tomo sentido sobre el contenido.

Esto es algo que yo no implementaba del todo en mis clases, pues creía que lo principal era la parte conceptual y dejaba lo lúdico y emocional de lado.

Después de manejar la parte conceptual de la neurona, pedí que dibujaran en su cuaderno una neurona. No pude darles el rompecabezas de la neurona debido a que no estaba planeada esa clase para el día hoy por eso se improvisó de inmediato dibujándola, pero como ya les había dejado de tarea hacer una neurona en su cuaderno, entonces sólo solicité que aquellos que les hiciera falta la hicieran y aquellos que ya la tenían, le colocaran el nombre de cada una de sus partes.

Después de unos minutos, les recordé el aprendizaje esperado para después pedirle un alumno que me dijera un ejemplo de cómo funcionan las neurona en las actividades de su cuerpo. De inmediato comenzaron a levantarse las manos, así empecé a dar las participaciones, después el maestro me aventó el globo que utilicé desde el inicio de la clase para que aquellos que lo atraparan pudieran participar. Estas participaciones ayudaron como evaluación para saber qué tanto se habían llevado de la clase, y la participación que hizo saber que los alumnos habían aprendido fue el comentario de uno de los niños " maestra entonces los borrachitos cuando consumen alcohol no pasan los mensajes y por eso hablan así y caminan así".

De esa manera noté que él había entendido el punto de a donde tenía que llegar y si él había podido llegar a esa conclusión, el resto del salón también lo había logrado. Dieron el toque de finalización de la jornada, me despedí de los alumnos y pude hablar con el maestro Armando respecto al trabajo que había hecho en esa clase. Me autoevalué, la clase se logró, hubo algunos percances de incidencia menor que no afectaron del todo y personalmente me di cuenta que los cambios se pueden hacer y que son para bien. Ahora sólo me queda seguir el camino que el maestro titular me había iluminado en el momento en que decidió sentarse, hablar conmigo y sensibilizarme sobre mi práctica educativa.

Hasta el momento han aprendido que para poder mejorar es esencial reconocer los errores, que para obtener resultados distintos hay que hacer modificaciones y que los resultados favorables son lo más reconfortante que hay.

Por otra parte, en esta realidad educativa es difícil percibir y aceptar los errores propios o que los cambios favorables no se dan de un día para otro, por lo que se requiere ser constantes y pacientes para entender que cambiar la rutina es muy complicado.

Sin embargo, esto es un reto que han aceptado, que conlleva grandes cargas de emociones y que, como con los alumnos, era algo que ellas también necesitaban para cambiar el enfoque de su práctica docente hacia una perspectiva con esperanza.

Referencias

  • John Elliott (1993). El cambio educativo desde la investigación-acción. Editorial Morata. Madrid
  • Pherez G. y Cols (2018). Neuroaprendizaje, una propuesta educativa: Herramientas para mejorar la praxis del docente. Civilizar ciencias sociales y humanas, 18 (34).

Mitzi Alin Aguilar Alvarado
Profesora en formación del séptimo semestre de la Licenciatura en Educación Secundaria, especialidad en Biología, de la Escuela Normal Superior de México

Jocelyn Arely Muñoz Suarez
Profesora en formación del séptimo semestre de la Licenciatura en Educación Secundaria, especialidad en Biología, de la Escuela Normal Superior de México

Armando Zamora Quezada
Educador Ambiental ( Maestría UPN/095) y profesor de Ciencias en Educación Básica, CDMX ambiental en la Zona Metropolitana de Ciudad de México.

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