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LA CLASE

Tema del mes

Eileen Hutchins

Traducido al español por Nelson R. Aulestia, Director de la Unidad Educativa “Leonidas Proaño” de Quito Ecuador.

La Enseñanza de la Escritura

La enseñanza de las primeras letras a niños de seis o siete años de edad es una experiencia feliz. Incluso aquellos niños, quienes ya conocen el alfabeto, quedan encantados cuando siguen el movimiento de la curva de la W como el flujo de una ola, o la forma erguida de la serpiente en la letra S. No es difícil para ellos recordar las letras aprendidas a través de imágenes y disfrutar el escribirlas con colores vivos en sus libros. La verdadera dificultad aparece cuando se tiene que pasar de las letras a la formación de palabras, y cuando las formas y las imágenes tienen que ser asociadas con sonidos específicos. En esta etapa es importante que el maestro reflexione sobre cómo ha evolucionado la escritura durante las diferentes eras. Esto con miras a lograr una comprensión más profunda de la historia que subyace detrás de estos signos, aparentemente arbitrarios, llamados letras; comprensión que constituye la guía para la construcción del puente entre el aprendizaje del alfabeto y la comprensión de palabras y oraciones.

En la enseñanza de la escritura nos deberíamos preocuparnos tanto por las formas individuales de las letras sino más bien por las fuerzas del entendimiento y el movimiento que son convocadas para este fin. Debemos considerar lo que pasa en la vida anímica del niño cuando se muestra una serie de signos sin sentido y se le dice que éstos representan palabras bien conocidas. Más aun, lo que ocurre en el desarrollo corporal cuando se tiene que llenar páginas con las marcas negras y onduladas. Hace mucho tiempo atrás, la humanidad no había logrado adquirir las capacidades requeridas para la escritura y la lectura. Las fuerzas de lo que utilizamos hoy para esta acción, en aquel entonces eran dirigidas a otros fines y es por ello que los poderes del pensamiento pictórico y de la palabra hablada eran mucho más vívidos. Únicamente, aquellas personas quienes se habían sometido a un estricto entrenamiento que garantizaba que no se pierda, en los signos abstractos, la cualidad vital del pensamiento y del sentimiento, estaban autorizadas para escribir. Los maestros de aquel entonces se habrían horrorizado si el arte de la escritura se hubiese utilizado como se lo hace hoy en día con fines absolutamente triviales. Esto se debía a que solo lo más sublime y sagrado era digno de ser expresado, al punto que un escribano podía ser condenado a muerte por cometer algún error en la transcripción de los textos sagrados. Hoy en día, cuando los niños aprenden a escribir, se debería crear esa atmósfera que les posibilite vivenciar los maravillosos significados que se encuentran ocultos en las letras y las palabras, razón por la cual deben ser escritas con belleza y devoción.

La expresión oral y el pensamiento preceden a la palabra escrita; diferentes cualidades de pensamiento o habla encuentran diferentes grados de expresión en la variedad de alfabetos. Algunos revelan con mayor fuerza la cualidad pictórica del pensamiento, como en el caso de los jeroglíficos egipcios. Otros están más relacionados con su fuerza y su movimiento. Por ejemplo, en la escritura cuneiforme de la época Caldeana carece de la cualidad de la imagen. Las letras en forma de cuña nos recuerdan pequeñas flechas disparadas directamente hacia su blanco. Los caldeos percibían que el elemento voluntad del habla perforaba al oyente con el poder de herir o sanar. En el alfabeto griego podemos observar cómo se representa el crecimiento y formación del poder del sonido. Hay algo de plástica en las letras griegas y nosotros podemos sentir a menudo sus conexiones con los movimientos de Euritmia.

Existe una escritura antigua que parece no tener relación con la imagen o sonido, esta corresponde al alfabeto Ogham de los celtas, la misma que estaba divorciada del símbolo y la forma, no porque era puramente abstracta y vacía de contenido, sino porque la sabiduría que expresaba era de una característica tan sagrada que ninguna persona, a no ser que sea un iniciado, podía interpretar su significado. La serie de cortes o muescas no podrían ofrecer pista alguna sobre los misterios que pretendían impartir. El estudio de las letras del Ogham era algo muy iluminador para el maestro que deseaba introducirse en los procesos que yacen detrás de la formación de un alfabeto. Las cinco primeras letras de esta escritura están formadas por una serie de rayas, una, dos, tres, cuatro o cinco, hacia abajo y en ángulo recto en relación a la línea; las cinco siguientes, por una serie similar pero encima de una línea; el siguiente grupo se trazan a través de una línea en ángulo agudo, así sucesivamente. Ningún alfabeto antiguo carece de vida como éste; sin embargo, todas las letras tenían nombres y quien los conocía podía saber algo de su significado. En su libro “la Diosa Blanca”, Robert Graves, quien ha intentado penetrar en los misterios de las letras Ogham, menciona que todas tenían nombres de árboles, y concluye que estos expresan lo que él llama un " árbol mágico estacional. " la primera letra se denomina “abedul,” el segundo “serbal,” el tercero “fresno,” y así sucesivamente. Contiene trece consonantes importantes, que las relaciona con los trece meses lunares en el año solar, mientras que las cinco vocales están más conectadas con árboles relacionados con los planetas.

Los druidas prefirieron expresar su alfabeto por una especie de lenguaje parecido al de los sordomudos con los dedos y solamente transfirieron los movimientos a muescas en piedra o madera cuando tenían que comunicarse con aquellos que no estaban presentes. Se consideraba que cada uno de los dedos tenía una cualidad especial propia: El pulgar, el más capaz de sentir amor; el índice, el conocimiento; el medio, la capacidad de predecir el clima; el anular, el poder diagnosticar la enfermedad; y, el dedo índice representaba la muerte sublime o la capacidad de hacer hablar a un cadáver. No es necesario aceptar como válidas todas las conclusiones de Robert Graves, sin embargo, amerita destacarse su comprensión de que las cualidades vivas, de los árboles y las estaciones del año, en las que obtienen sus fuerzas más poderosas, se relacionan con las cualidades de los sonidos a los que dan sus nombres. Nosotros también hemos podido llegar conocer, a través de Euritmia, que cada consonante tiene su particular cualidad relacionada con el paso del sol a través de los doce grupos de estrellas. Además, mediante la naturaleza de sus sonidos, las consonantes pueden obrar en una forma vivificante o calmante sobre la vida anímica del niño. También aprendemos, a través de Euritmia, que cada sonido tiene su forma correcta y necesaria.

Imagen, movimiento y sonido, todos ellos subyacen detrás de las letras que ahora se han convertido en signos convencionales, por ello se debe propender a que los niños sientan la presencia de estos poderes cuando aprenden a escribir. La mayoría de los maestros observan que existe mucha diferencia en las habilidades de los niños para comprender lo que aprenden. Algunos se relacionan más fácilmente con el elemento pictórico, mientras que otros tienden a ser más conscientes del sonido. Unos pocos pueden formar letras muy hermosas sin llegar a una conciencia despierta de la imagen o del sonido. En mi primer grado tuve varios ejemplos destacados.

Un niño tenía un sentido maravilloso del color y dibujaba las letras con las formas has hermosas; pero si le preguntaba por un palabra que comience con el sonido “t,” su respuesta no era otra que “goat” (chivo) o “Pig” (cerdo). Durante mucho tiempo él no podía relacionar palabras que comienzan con el mismo sonido. Por otro lado, había una niña que le encantaba los cuentos y las imágenes de la serpiente y los peces; pero cuando ella venía a dibujarlos, la serpiente se convertía en una serie de movimientos nerviosos y su pez era más como una salchicha explotando en una sartén. No tenía la habilidad para controlar la forma de lo que ella entendió muy bien. Sin embargo, era muy musical, y no tenía ninguna dificultad en responder con una lista de palabras que comienzan con cualquier sonido que se le preguntara. Un tercer niño quien procedía de una granja podía copiar las letras con curvas encantadoras y colores suaves, pero él vivía como en un sueño y nunca recordaba lo que estas significaban.

Estas diferentes situaciones deben ser tomadas en cuenta durante la enseñanza de las letras; la imagen, el movimiento, y el sonido, juntos, deben jugar su papel en este proceso para que los niños con deferentes características puedan ser armonizados.

En lo que respecta a las imágenes, cada profesor puede proponerlas, pero creo que es mejor, presentar imágenes que impliquen movimientos más que las estáticas. Por ejemplo, la serpiente, el pez y la ola corresponden a este punto de vista. Para la “H” (inglesa) la imagen de un caballo (horse) es más viva que el de una casa (house), aunque es muy tentador dibujar una casita pequeña con dos chimeneas altas. Para la “G”, un ganso (goose) mirando hacia atrás sobre su cola es más cómico y llamativo que una compuerta (gate) abierta hacia un jardín.

Mientras los niños están ocupados con el desarrollo de sus letras, se debe prestar mucha atención a la forma para su propio bien. Muchas de las rondas y ejercicios se prestan para que ellos puedan recorrer líneas rectas y curvas. Es una buena práctica para hacerles dibujar o escribir en grandes escalas, tal vez con un trapeador mojado en el piso, o un rastrillo en cajón de la arena. En casi cada todas las clases principales solía permitir que algunos de los niños pasen a dibujar en la pizarra. Podían elegir los colores para hacer fuertes líneas rectas o rotundas curvas y pronto ganaban confianza y llegaban a dibujar las letras con fuerza y certeza.

Mientras los niños aprenden a conocer las letras, la copia debe ir de la mano con las palabras y los versos que ya saben de memoria. Luego poco a poco la escritura adquiere significado para ellos. Las rimas del jardín de infantes son muy útiles en las primeras lecciones de escritura, pues los niños de repente reaccionan con gran alegría al descubrir las palabras familiares que surgen de toda una mescolanza de letras. No es aconsejable hacer oraciones especiales con palabras muy simples para que la escritura sea demasiado fácil para ellos, porque aquello se convierte en una actividad muy aburrida y les da la sensación de que la escritura no tiene algo importante que ofrecer. Sus libros de trabajo deben mantenerse de lo mejor, y los trabajos que se desarrollan en ellos deben ser abordados como un asunto muy serio y solemne. Al mismo tiempo, tan pronto como los niños empiezan a reconocer palabras que creo que es útil realizar dictados de pequeñas frases que ellos conocen de memoria, en donde las letras se relacionen lo más cerca posible con los sonidos, de esta manera obtienen una práctica continua para escuchar. Los niños aceptan fácilmente la inconsistencia en la ortografía. El maestro puede explicar que cada palabra es como una familia; y así como la mayoría de las familias tiene bebés o abuelitas ancianas que no hacen trabajo alguno, así algunas de las palabras tienen letras que no hacen ningún sonido. Así también, al igual que sus papás a veces, para variar el trabajo que realizan en la oficina, eligen ir a cavar en el jardín, algunas letras cambiar su trabajo. La “C” a veces hará el trabajo de la “K” (King en Inglés) pero a veces prefiere hacer el sonido de la serpiente. La ortografía del Inglés sin duda presenta algunas desventajas para un rápido progreso en la escritura y la lectura; Pero tal vez esto constituya una gracia salvadora para los ingleses que tanto aman a tomar vida fácilmente y juzgar desde el punto de vista del sentido común, que en su ortografía no pueden sentirse seguros por un solo instante. Tal vez ellos también deben a su ortografía y a sus tablas de pesas y medidas que sean muy raramente pedantes.

La principal ayuda para captar el sonido en las letras debe ser la Euritmia. Es mejor si una maestra de grado puede trabajar estrechamente con un Euritmista; de esta manera los niños aprenden a escribir, pero también pueden experimentar cómo se crean el movimiento y la forma según el sonido; igualmente, cómo la poesía, que pinta palabras en imágenes para los ojos del alma, también puede ser expresada en movimiento que llama a danzar al espíritu.

Es una denodada tarea para el maestro el ayudar a su grado a desplegar todos los poderes que subyacen detrás de la acción de dar forma a las letras; pero es algo maravilloso que vale la pena. Quizás la mayor recompensa surge cuando algún niño, cuyas facultades parecían estar latentes, de repente comienza a despertar. Una escritura dañada y fea crece en fuerza y belleza; y aquellos los ojos que miraban extrañados y temerosos, brillan con una nueva luz. Que todos quienes enseñamos la lectura y la escritura tomemos tan en serio esta tarea, como aquellos maestros ancestrales.

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Eileen Hutchins
Maestra en la Escuela de Elmfield cerca de Stourbridge, Inglaterra. Su artículo ha sido reimpreso con el permiso de “Child and Man”

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