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Orientación educativa

Sentido Común

Hernán Sorhuet Gelós


Su futuro se decide ahora

La deforestación y los incendios amazónicos son mucho más que hechos periodísticos de interés mediático.

Dejan en evidencia la trascendencia que tiene la conducta humana en el devenir de la biosfera –nuestro único hogar en el universo.

Resulta peligroso pensar que desde siempre los seres humanos hemos echado mano a todo lo que nos rodea, y “aquí estamos”. Porque nunca antes hemos sido tantos y con tanta capacidad tecnológica.

Es muy probable que el cambio climático sea el indicador actual más explícito de las consecuencias que pueden tener nuestras acciones.

Una vez más nuestros mejores aliados serán el conocimiento y el sentido común.

Lo que está ocurriendo en la amazonia exige mucha reflexión, análisis, negociación y la toma de decisiones pensadas en el futuro a muy largo plazo, de esa inmensa extensión compartida por ocho países.

Lo principal a lograr –y también lo más difícil- es que las grandes soluciones deben ser acordadas y coordinadas por todas esas naciones, sumando experiencias, esfuerzos y recursos.

Mientas tanto la lucha es desgastante porque los ataques locales se producen por miles a la vez y, aunque la amazonia parece inmensa y homogénea, dista mucho de serlo.

La clave de todo el sistema es su régimen hidrológico. El ciclo del agua es el gran responsable de su exuberante estructura y su equilibrado funcionamiento.

Enormes cantidades de agua ingresan al continente desde el océano Atlántico transportadas por los vientos alisios. La gran selva cuenta con un activo circuito de lluvia y de evapotranspiración que garantiza el flujo permanente de agua a través de su inmensa masa forestal. Llueve copiosamente, las raíces absorben grandes cantidades de agua y, un buena parte la liberan al aire a través de las hojas, reiniciándose el ciclo, una y otra vez. El proceso garantiza un ambiente muy húmedo en todos los estratos de la selva, así como gran abundancia de nubes, prestas a devolver el agua.

Los vientos transportan esa carga hacia el oeste, pero se desvían hacia el centro y sur de Sudamérica al enfrentar la barrera de los Andes. Toda esa agua termina alimentando a la cuenca del Plata.

Cuando se deforesta y queman los restos vegetales con el propósito de extender las fronteras agropecuarias y mineras, también se está reduciendo la eficacia de este mecanismo vital para la región. Esa bomba de agua que desarrollan los árboles desaparece con ello. Y lógicamente se modifica el microclima local.

Nos engañamos si pensamos que la reducción sistemática de la superficie de la selva amazónica que ocurre desde hace décadas, solamente achica su tamaño. Tiene un impacto regional significativo que puede llegar a ser muy negativo. No hay opción, hay que detenerlo.

Sabemos que irá reduciendo la disponibilidad de agua en la cuenca del Plata, lo que afectará a la producción, la biodiversidad, a las condiciones sanitarias y la calidad de vida de nuestros países.

No es solución permitir una economía basada en la destrucción de la selva. Hay que hallar respuestas apuntaladas en el conocimiento científico, en la justicia social y en la conservación de los recursos naturales más valiosos.

Mientras tanto lo más urgente es detener los miles de ataques en curso a la integridad de la selva.

Hernán Sorhuet Gelós
Destacado conferencista y escritor uruguayo. Educador, comunicólogo y periodista ambiental. En su vasta obra de libros de Educación Ambiental para niños, incluye temas como el cambio climático, la biodiversidad y los residuos sólidos.

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