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Usos múltiples

Mentes peligrosas

Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán
Armando Meixueiro Hernández


Atrapados o el poder y lo nuclear: una mala combinación

En la cinta Atrapados (Kursk. Vinterberg, T. Bélgica, Francia, Noruega: 2018) observamos la vida cotidiana de una tripulación de marinos rusos venidos a menos. No se trata ya de la reconocida fuerza naval posterior a la segunda guerra mundial, que durante la guerra fría (1945- 1989) no era menor en prestigio y poderío que la marina norteamericana. Sino más bien unos marineros expertos trabajadores en submarinos, pero que viven con sus familias en la medianía de unidades habitacionales portuarias y que tienen que solidarizarse —incluso dejando sus indispensables relojes resistentes a las profundidades— para poder obtener dinero del vino de la boda de un compañero.

Este grupo navega en un submarino nuclear llamado Kursk, K-141, de los pocos que quedan, dado que los otros han sido vendidos a empresas turísticas que, por ejemplo, se dedican a hacer viajes a los restos del Titanic.

Sin embargo, a pesar de los rusos han dejado de ser los dominantes, que fueron en el mundo marino y terrestre, posen un arsenal de ojivas nucleares como las que viajan en ese submarino. Sale del puerto, con la intención de hacer una prueba de rutina en un ejercicio naval con otros navíos

Las cosas se comienzan a salir de cauce normal cuando uno de los artefactos nucleares comienza a manifestar una actividad por arriba del estándar permitido. La bomba es monitoreada e incluso se solicita expulsarla de submarino cuando esta apunto de estallar. Solicitud que es negada, detonándose al interior y causando un daño irreversible de vidas humanas y destrozando la mayoría del subacuático nuclear.

Por los compartimentos que tienen esos transportes marinos no muere toda la tripulación en la primera explosión. Algunos de ellos huyen hacia la parte trasera. Lo más interesante del film es como a partir de un pequeño grupo de sobrevivientes intentarán comunicarse con el exterior, capacitarse, apoyarse, pensar en colectivo, motivarse, no abandonarse, usar lo que tienen disponible e incluso consolarse, para poder seguir con vida. Es un poderoso ejemplo de cómo el hombre lucha por la sobrevivencia ante una adversidad, contra la profundidad, el frio, la desesperación, el hambre, la amenaza constante de ahogarse, o morir asfixiados y el temible sentimiento de ser abandonados a su suerte.

En la superficie terrestre vemos primero que prácticamente está cerrado el asunto; se declara que no hay tripulantes con vida, ni siquiera hay movilización del único barco ruso que hay para rescates. Se hacen servicios religiosos para despedir a los marinos, etc. Pero por una sonda escuchan que están haciendo ruido algunos marinos vivos con un martillo.

Los familiares presionan y comienza el rescate, que fracasa en el intento por el estado de oxidación y falta de mantenimiento que tiene el barco de rescate para abrir la compuerta.

En este momento comienza un juego de poder entre autoridades rusas de marina que temen por el espionaje, las naves modernas del Reino Unido que ofrecen colaborar en el rescate con buzos adiestrados y submarinos, los medios de comunicación que dan versiones oficiales y los familiares esperanzados que no abandonan a los marinos e incluso retan y llaman mentirosos a los mandos navales rusos.

La película hace pensar no en esas ojivas nucleares, sino en los miles que se produjeron en la ex Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y los Estados Unidos de Norteamérica, de las cuales más le vale a la especie humana, saber dónde están y empezar a pensar en colectivo cuál debe ser su destino. Lo que relata esta cinta es un hecho real, de lo que aseguran pudo haber sido otro Chernóbil y las egoístas, torpes y ciegas decisiones que se tomaron en forma autoritaria y sus consecuencias. Por lo que creemos que la energía nuclear, sus dispositivos y usos, en general, no se les puede dejar solo a los gobiernos.

El film mantiene la tensión y atención al espectador, sobre este hecho sucedido el 12 de agosto del 2000, con una notable fotografía y música, además de un reparto de brillantes actores de diferentes partes del mundo entre los que sobresalen: Matthias Schoenaerts, Colin Firth, Léa Seydoux, Peter Simonischek y August Diehl.

Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán
Director de Pálido Punto de Luz

Armando Meixueiro Hernández
Director de Pálido Punto de Luz

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