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LA CLASE

Educación Ambiental

Jorge Berry


El cambio que viene

Leo el más reciente reporte de Naciones Unidas sobre el cambio climático, y es devastador. El CO2 que contiene la atmósfera, sigue elevándose, y más rápido de lo que se había pensado. El documento de la ONU, avalado por 107 científicos de más de 50 países fue redactado por el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (PICC), y se refiere en específico a la agricultura.

Del total de la superficie terrestre que no está cubierta por hielo, los humanos afectamos más de 70%, y una cuarta parte de ella ya está degradada. Hoy, hay 500 millones de humanos que viven en estas zonas. La degradación de estas tierras afecta directamente a la capacidad que tiene el planeta de absorber carbono. Por ello, es esencial estimular la agricultura sustentable, no solo para contener el calentamiento global, sino para producir alimentos suficientes para los 10 mil millones de humanos que estarán vivos en 2050. Actualmente, 850 millones presentan algunos niveles de desnutrición, lo cual es un escándalo, si tomamos en cuenta que el 30% de la producción alimenticia se pierde o se desperdicia.

El documento, de 1200 páginas, revela un dato por demás alarmante: el objetivo ya no es detener el calentamiento global, sino buscar limitarlo a 2º Celsius. Esos dos grados ya representarán un cambio en la forma de vida para millones, pero es a lo más que se puede aspirar.

Llevamos ya 40 años recibiendo avisos de la comunidad científica del desastre que se avecina. Y llevamos 40 años de no hacer caso. Conste que fui, por años, un escéptico en el tema. Sigo pensando que el planeta tiene sus ciclos, independientemente de lo que hagamos los humanos. Pero aunque así sea, si vemos venir un ciclo negativo, ya podríamos ponernos de acuerdo para tratar de buscar medidas que hagan más llevadera la cosa.

Tristemente, vamos en sentido opuesto. En pleno 2019, con la emergencia tocando la puerta, resulta que los vaivenes políticos del mundo prefieren desdeñar la investigación científica. Apenas el lunes, Donald Trump, el presidente de Estados Unidos, emitió un decreto que debilita notoriamente las disposiciones legales para la protección de las especies en peligro de extinción. Le incomoda al caballero que sus amigos de la industria tengan que sujetarse a reglas del gobierno para proteger, por ejemplo, al águila calva, símbolo nacional de su país. Y no es el único. En México, el presidente Andrés Manuel López Obrador desecha cualquier argumento ecológico cuando se trata de implementar sus caprichos, llámense Tren Maya o Refinería Dos Bocas. Y ya ni hablamos de la necedad de privilegiar el petróleo y el carbón sobre las energías limpias.

Es característica de gobiernos autoritarios desdeñar a la ciencia, y lo vamos a pagar muy caro. No alcanzamos, porque no está en nuestro ADN, a entender las implicaciones para el futuro de la humanidad. Será cataclísmico, y nos hará retroceder como especie hasta quién sabe dónde.

Tal vez a eso estén condenadas las especies dominantes, como homo sapiens. Cuando una especie no tiene freno natural, se reproduce exponencialmente hasta que su hábitat colapsa, y con él un alto porcentaje de sus individuos. Nos vamos acercando a ese límite, y no habrá gobierno capaz de controlar a sus ciudadanos cuando la lucha por la supervivencia se vuelva descarnada. Hoy, vivimos una crisis enorme de migración en el mundo. La gente huye y se desplaza cuando no encuentra garantías de una vida por lo menos tolerable.

Imaginemos cuando las condiciones climáticas hagan imposible sobrevivir en grandes extensiones del planeta, hoy densamente pobladas. Los desplazamientos poblacionales, las plagas, las enfermedades y el hambre serán incontenibles.

No somos capaces, como especie, de detener el proceso. Como buenos humanos, seguiremos jalando cada quien para su santo. Y no falta mucho.

El financiero: 15/08/2019

https://www.un.org/es/climatechange/

Jorge Berry

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