Usos múltiples

El timbre de las ocho

Armando Meixueiro Hernández
Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán


Otras encrucijadas de la educación

En su casa, ubicada en la zona conurbada de la Ciudad de México, el profesor Labastida guarda algunos de sus objetos preciados: sus libros, cd’s, películas, sus álbumes de fotos y cartas que heredó de los padres y abuelos, además de su colección de suéteres. También, sin intención, se le han ido acumulando los periódicos que suele leer y que hibernan en un rincón del estudio.

Debido a que se vio obligado a disfrutar de vacaciones sin salario, y a que sólo pudo gozar de la playa un fin de semana, el deprimido César decide reordenar y limpiar sus armarios y anaqueles.

En el proceso de limpieza y reacomodo asoman a la vista algunas fotografías que incitan la memoria del profesor Labastida. Una imagen de sus tíos y abuelos maternos en un aniversario de bodas. César no sabe con precisión si el festejo fue por los 40, 45 ó 50 años de sus antecesores, pero al mirar el rostro del abuelo, lo escucha cantar, chuscamente y desentonado, aquello de: “Adiós, adiós, lucero de mis nochis, dijo un soldado al pie de una ventana…”, y entonces también resuena en su cabeza la melodía que entonaba la abuela, con voz menudita, cuando lo llevaba a la adoración del Santísimo en la Iglesia: “Altísimo Señor, que supiste juntar a un tiempo en el altar ser Cordero y Pastor…”

En otra instantánea que emerge de la empolvada caja, se observa a César Labastida con su hermana, parados frente a un renault 5, rojo. Ella, más alta, como de 14 años y con anteojos gruesos y armazón negro, portando una grabadora de casettes portátil. En ese momento, acuden a la mente del profesor Labastida, como en cascada irrefrenable, muchas de las canciones del grupo Mocedades, que tanto disfrutaba su familiar: “Eres tú, como el agua de mi fuente…”; “Toma veinte años de un ingenuo caminar, toma mi pasado que no existe en realidad…”; ¿Quién te cantará con esa guitarra? ¿Quién la hará sonar cuando no esté yo?”

Al maestro César le revolotean letras y melodías sin orden establecido. Y se pregunta cómo es posible que hubiera aprendido esas canciones cuando siempre se mostró indiferente a la parafernalia que orquestaba su hermana para grabarlas y cantarlas.

César Labastida termina de arreglar los estantes, cuando suena la campana del camión de la basura y decide tirar algunos papeles y el montón de periódicos que tiene en el estudio, toma todos los que puede y va a depositarlos en la banqueta . Sin embargo, no todos los diarios se exilian de la casa.

Al regreso, César toma uno de los viejos periódicos que se han quedado y lo comienza a revisar, da con un artículo que llama su atención Pedagogía de la formación escrito por Alfonso Torres Hernández (Milenio: 3/ VIII/ 2016), en el que —gracias a una lectura del pedagogo Gilles Ferry (1917-2007)— amplía el concepto de “formación” llevándolo de dispositivos e instituciones escolares a un concepto que lo relaciona con la vida misma:

“La formación como dinámica de un desarrollo personal que cada sujeto hace por sus propios medios(…) es algo que tiene relación con la forma. Una forma para actuar, para reflexionar y perfeccionar (…) la formación es entonces completamente diferente de la enseñanza y del aprendizaje. O sea que la enseñanza y el aprendizaje pueden entrar en la formación, pueden ser soportes de la formación, pero la formación, su dinámica, este desarrollo personal que es la formación consiste en encontrar formas para cumplir con ciertas tareas para ejercer un oficio, una profesión, un trabajo.”

Ferry dice más: la formación implica el uso del tiempo y los espacios para trabajar sobre sí mismo, y no sólo en los procesos de escolarización y trabajo. Considera que la formación consiste en apropiarse del mundo en un proceso continuo a lo largo de la vida, en un enriquecimiento permanente.

La educación entonces se vuelve una encrucijada, con muchos caminos, por los que cada persona puede conducirse, al mismo tiempo que excluye otros, de lo que el entorno, la cultura y el contexto le brindan.

César aparta el periódico y lo vuelve a colocar en un disminuido lote.
—Para qué tiré los otros. —susurra para sí mismo.

Armando Meixueiro Hernández
Director de Pálido Punto de Luz

Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán
Director de Pálido Punto de Luz

Agregar comentario