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Re-creo

Trazando sensibilidades

David Hernández Labastida


Lo que evocan las canciones: Presentación del CD “Ven a mi pobre cabaña. El Musitreto”

La historia de la Tierra, se dice, está dividida en eones, los eones en eras, éstas en periodos y los periodos en épocas; estas últimas, las épocas, se determinan básicamente por importantes sucesos, los más comunes, las extinciones masivas…

Queridos todos:

Algunas canciones nos gustan porque evocan en nosotros momentos, personas o estados de ánimo, ligados poderosamente a esas melodías, aunque también suelen agradarnos por su tonada o discurso o bien, porque sí. You are my sunshine, hace que me remonte años luz. Me veo en un gimnasio grande de techo altísimo, en preparación quizás de mi primer festival escolar en Columbus. Estoy junto a güerejos de camisas a cuadros y pantalones vaqueros y niñas pecosas con trenzas amarillas o el pelo sujeto a modo de cola de caballo, con quienes me aparejo en pasos de square dance. Pero la imagen que más me vibra cuando escucho You are my sunshine es la de Mita balanceándose sutilmente en la mecedora, con el estambre y las agujas aseguradas en sus pequeñas manos; descansa los brazos sobre su regazo y mira por encima de sus espejuelos a Ramón, quien, acompañado por una guitarra, interpreta esta tonada country que aprendimos allá en el otro lado. Los ojos de Mita sonríen amorosos.

Emociones como ésta se repitieron a menudo. Demasiadas escenas surgen a lo largo de mi vida apareadas con canciones y con quienes yo recordaba haberlas escuchado. En Palomas lo que sonaba por la radio eran rancheras y corridos: Cuatro caminos, El hijo desobediente, La nube gris, y otras más que no me suscitan más allá de la nostalgia por aquel polvoso y entrañable poblado.

Pero en la capital fue distinto. Miguel llegaba por las noches a la casa de Ajusco procedente de la escuela y de la ACJM, donde entonces era presidente. Sentado en la litera superior y pluma en mano, nos leía a Ramón y a mí el carnet de la siguiente serenata para Mary. Cada dos semanas le llevaba música, por lo que mantenía un riguroso control, mediante tarjetas donde anotaba, por fechas, las canciones y el orden en que habían aparecido en cada ronda. ¿Que si cuál seguía después de “Despierta”?, ¿en qué lugar aparecería “Secreto eterno”?, la canción de ambos, ¿con cuál se despediría?; ¿“Duerme”? o ¿“Buenas noches mi amor”?…La verdad era una lata, porque además debíamos acompañarlo a la tal serenata y también, los filarmónicos cercanos, el más frecuente Fitín, quien siempre aceptaba la encomienda, pero también estaban Juan Cuellar, Chucho, otro amigo de Moncho, y hasta en alguna ocasión el cuñis Vera nos acompañó. En aquellas tournés asistían alternadamente, Mario Terrazas, Héctor Marín, El Grillo José Luis, Chucho Manrique y demás refugiados de la casa Ajusco donde Mita recibía a todos nuestros amigos como otros hijos más.

En esas salidas nocturnas escuché un montón de canciones, no tantas, claro, como en las veladas en casa de Socorro. Ahí, Rudolf, blandía el acordeón o sentado ante el piano con un cigarro instalado en la comisura de los labios y una copa de brandy encima del instrumento musical, acompañaba a Fitin que desgranaba su más amplio repertorio: rolas antiguas, danzas, tangos, canciones sudamericanas, “se sabía todas” el Fitín; las de autores conocidos, anónimos, o del dominio popular y, seguramente algunos que nos inventaba ante nuestra ignorancia capital. Por supuesto, también las de Chava Flores, incluyendo “tenía su pitito el tren…”, “México Distrito Federal”, o ”Las rejas de Chapultepec…”. Ya en carrera libre, en aquellas reuniones el personal etílizado exigía que acompañaran las de Álvaro Carrillo, Lara, Gabriel Ruiz, Curiel, Luis Alcaraz… luego llegaban las yucatecas: “Caminante”, “Para olvidarte a ti”, “Ella”, “Peregrino de amor”, “Nunca”, y otras muchas que iban brotando mientras avanzaba la tertulia.

Porque yo venía de una ilustración musical cultivada en el Doopy´s, el Don Pepe, el Kikos y otras neverías-cafés enclavadas alrededor de mi prepa, la 2, allá en el centro. De las ancestrales rocolas de aquellos lugares, brotaban las voces de Virginia López, Lucho Gatica, Javier Solis, Los cinco latinos, aunque mis amigos y yo nos decantábamos por los más recientes éxitos de Chuck Berry (Johnny be good), Elvis Presley (Jailhouse rock), Ricardito (Tutti frutti), Los Platters (Only you).

Por supuesto que mi bagaje musical se enriqueció al escuchar a mi mano Beto tararear Humo en tus ojos, Amapola” y una de Luis Alcaraz cuyo nombre siempre se me atragantó: Muñequita de squir, o a Coty entonando: Adios, adiós, lucero de mis noches…, Cuantas veces soñando en que te amaba… , Corazón de Jesús, fuente de amor… o las que con su bien timbrada vocecita cantaba Mita: En lugar de remoto país, existió una princesa ideal…, Llegaron en tardes serenas de estío… o Ven a mi pobre cabaña. No cuento aquí las preferidas de Socorro: Amémonos, La barca de Guaymas; de Bofín: Indita mía, Martha; ni las de Carmela, Lupe, Monchis, pero sí algunas que a Manuel agradan o sea, casi todas las que a sus hermanos mayores, pero especialmente Susana; Cruz de olvido y aquella que insiste en cantar en cada reunión y que en una parte dice: ”se secó una fuente que nunca debiera, una madreselva también se secó”… Bien, consigno que esas y otras melodías se fueron incorporando al imaginario de la familia y que a la menor provocación surgían en cuanto se encontraban reunidos más de dos de sus integrantes.

Claro que todas esas canciones no caben en ningún CD; por eso en este que ahora se presenta, aparecen sólo las que por algún motivo emocional se consideró que merecían estar. Igualmente, se pretendió que en su elaboración participara una muestra representativa de la familia cumpliendo funciones de patrocinador, organizadores, músicos, técnicos, intérpretes, diseñadores, voceros o simples receptores, parte nada menor, de este vivo regalo de nuestros antepasados.

Por cierto, en el prólogo menciono las extinciones masivas que caracterizaron a las épocas de la tierra, pues bien, este disco es un homenaje a todos aquellos miembros de la familia que, como en una extinción masiva, fueron arrancados de nuestro seno, va pues por Mita y El Coty; Alberto, Eva y Tere; Socorro y Rudolf; Bofín; Lupe; Carmela y Toño; Mary, Moncho; Fitín y Estelita, Mayeye…

Muchas gracias a todos por estar; a quienes se nos adelantaron, y a ustedes que hoy aquí nos acompañan.

¡Buenas tardes!

Xalapa, Veracruz, 7 de julio de 2019

David Hernández Labastida
Licenciado en Psicología por la UNAM. Autor del libro “Ven a mi pobre cabaña. La Nena, el Coty, los descendientes.” (La Zonámbula/Pálido punto de luz, 2018)

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