Maestros_en_problemas
LA CLASE

Tema del mes

Alfredo Gabriel Páramo


No tenemos vacaciones

“Maestro, ¿cómo le fue de vacaciones?” Una pregunta inocente que tiende a responderse con un nada comprometedor “bien, gracias”, pero cuya respuesta real debería ser, en muchos casos: “No tuve vacaciones, porque estas son pagadas; cuando no trabajas y no te pagan se llama desempleo”. La verdad es que en tres décadas como profesor universitario he visto como las condiciones laborales se han ido degradando al tiempo que las cargas de trabajo aumentan.

Un profesor universitario normal, un maestro por horas, solo gana la clase dada; generalmente no tiene seguridad social, vacaciones ni otra cosa. Si bien es cierto que en algunas instituciones la hora-clase está bien pagada, también es cierto que este pago incluye juntas, formales e informales, planeaciones, entrega de calificaciones, tiempo con los alumnos, asistencia a actividades sociales de las instituciones.

Durante mucho tiempo, los profesores de universidades particulares veíamos con cierta envidia a los de las universidades públicas, con sus becas, fomentos a la productividad, plazas bien tabuladas y sindicatos; sin embargo, poco a poco esa brecha se fue cerrando, pero en los peores términos. Las universidades públicas fueron eliminando la posibilidad de obtener plazas, por lo que se contrataron interinos generalmente sin mayores derechos y en condiciones de precariedad muy marcadas; quienes contaban con plazas, vieron congelados sus salarios y empezaron a recibir bonos y estímulos sujetos prácticamente a la voluntad de sus patrones, quienes podían retirarlos cuando quisieran, como está ocurriendo ahora.

El portal “Plumas atómicas” publicó el Día del Maestro del año pasado que: “En la universidad más grande del país [UNAM], la Hora Clase se paga aproximadamente a 70 pesos para profesores de asignatura. Es decir, muchísimo menos que a los trabajadores de la educación inscritos en la SEP. Considerando que un profesor diera una clase diaria, su sueldo mensual sería de aproximadamente dos mil pesos.

“En lo que respecta a la educación privada, cada institución designa el salario de sus maestros. Sin embargo, existe una constante del pago de aproximadamente mil 800 pesos quincenales por seis horas diarias de trabajo”.

Cada vez más, los profesores estamos expuestos a una visión empresarial de la educación donde a los alumnos se les considera “clientes” y el docente “un prestador de servicio”, por lo que el alumno, lejos de evaluar los conocimientos adquiridos, califica si el maestro lo atiende como es debido, vamos, con los mismos parámetros que llevan a la mal llamada “influencer” YosStop a quejarse del “pésimo servicio del capitán de un yate (sic)”.

Un ejemplo de esta situación (que ya publiqué hace tiempo) tuvo lugar en una universidad particular de la Ciudad de México. Resulta que en su evaluación bimestral de alguna materia, los estudiantes debían hacer un trabajo de investigación. El profesor les explicó claramente cómo la quería y les advirtió que si la bajaban de internet los reprobaría.

Enfatizó mucho en ello, les explicó las principales maneras que tienen los maestros para darse cuenta de que un trabajo es bajado, les contó la anécdota de una alumna que el semestre pasado hizo eso y cómo había reprobado… en fin, creía que todo estaba claro.

Cuando revisó los trabajos, vio que un alumno había bajado el suyo de internet de la manera más estúpida posible. Buscó las páginas (sí, eran las dos primeras en google.com), las imprimió y habló con el alumno, quien indignado, le dijo y que lo bajó de internet ¡porque todos sus compañeros lo hacen! y que además, el maestro calificaba como se le da la gana, que no le interesaba hablar del asunto y que el profesor “le hiciera como quisiera”. Por cierto, muy parecida experiencia viví tiempo después en una universidad pública, aunque reconozco que la respuesta de las autoridades de dicha institución fue diferente, pues en la primera ocasión el alumno salió indemne, al profesor lo evaluaron mal, le asignaron menos horas de clase, y el coordinador le pidió que procurara no enemistarse con los alumnos.

La realidad es que los maestros universitarios estamos mal pagados en general, y mal tratados. Por supuesto, algunos de los factores que hacen posible esta situación, o al menos la invisibilizan, es que el docente universitario moderno tiende a sentirse no como un trabajador, sino como un ente especial. Le parece demasiado “corriente” sindicalizarse, está muy bien entrenado a pensar que pelear por los derechos es cosa de revoltosos o de profesores de la SEP (esto es real, lo he escuchado).

Los profesores, al igual que muchos empleados administrativos y de servicio, no solo no se consideran proletarios sino que se ofenden si alguien dice que lo son. Así, el capitalismo (en su versión neoliberal mexicana) facilita que ni siquiera se quejen por la pérdida de derechos, pues a fin de cuentas, “si no quieres ser pobre, échale muchas ganas, ponte pilas y tendrás el éxito que mereces”.

Alfredo Gabriel Páramo
Profesor, periodista, escritor. Twitter @lavacadiablo www.karacteres.com

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