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Deserciones

Reflexiones

Alfredo Gabriel Páramo


Releyendo a Naomi Klein

En 2007, la periodista y activista canadiense Naomi Klein publicó su libro: La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre en el que critica e intenta mostrar la manera en la que operan los gobiernos neoliberales para mantener controlada a la población y para desmontar el Estado, de acuerdo con las teorías económicas de Milton Friedman, cabeza de la Escuela de Economía de Chicago.

Las enseñanzas de estos economistas han sido aplicadas en muchas partes del mundo, pero principalmente en las naciones en desarrollo, como México, como podemos observar desde la época del presidente Miguel de la Madrid.

La doctrina del shock, que por supuesto fue recibida con hostilidad por muchos sectores; algunos la llegaron a calificar de utopía populista. No obstante, es posible ver que en realidad, esta explicación de la manera en que funcionan ciertos hechos nos permite darnos cuenta de lo que está detrás de ellos.

En el libro se analizan la forma en que las crisis, aunque sean naturales como terremotos o huracanes, se manejan de cierta manera para que el público perciba las soluciones que ofrecen los gobiernos como la salida mejor al problema.

El papel de las crisis está reconocido incluso por los economistas neoliberales. De acuerdo con lo publicado en el periódico español El diario, Friedman aseguró que: “Solo una crisis real o percibida da lugar a un cambio verdadero. Cuando esa crisis tiene lugar, las acciones que se llevan a cabo depende de las ideas que flotan en el ambiente. Creo que esa ha de ser nuestra función básica: desarrollar alternativas a las políticas existentes, para mantenerlas vivas y activas hasta que lo políticamente imposible se vuelva políticamente inevitable”.

La doctrina del shock asegura que no se necesita de una gran crisis, ni de un gran acontecimiento, para que sea aprovechado para tratar de desmontar el Estado que no se ciñe a la economía de mercado, triunfante en todo el mundo, en lo que vendría siendo una especie de acondicionamiento psicológico que lleva a la gente a aceptar los cambios que se les proponen, mismos que de otra manera hubieran provocado rechazo.

Uno de los componentes fundamentales de esta doctrina es el miedo. La gente debe temer, incluso, salir a la calle; es más fácil controlar una población atemorizada, que aceptará cualquier cosa con tal de recuperar algún sentido de seguridad en su vida.
En el mundo hay múltiples ejemplos de la manera en que los gobiernos y el poder económico mundial ha empleado el miedo, la desconfianza y la crisis para lograr cambios acordes con el esquema neoliberal.

El libro narra varios casos, como el golpe de Estado en Chile, contra el presidente Salvador Allende. Se ve cómo se fue convenciendo a la gente de que perdería todas sus libertades, que moriría de hambre, que no podría expresarse, para que terminaran por aceptar un gobierno militar brutal.

Tomando en cuenta estas consideraciones, elegí tres casos que a mi parecer pueden ejemplificar la manera en que funciona esta doctrina.

En primer lugar, tenemos la llamada “guerra al narcotráfico”, propuesta por el expresidente panista Felipe Calderón Hinojosa. El tráfico de drogas ha estado presente en México desde hace decenios, ya que mientras que nuestro país produce drogas, los norteamericanos las consumen. Sin embargo, el tráfico de drogas en nuestro país fue creciendo desmesuradamente y los cárteles empezaron a mostrar una violencia desmedida.

La manera en la que el gobierno calderonista manejó este problema fue, en primer lugar, mostrar a los narcotraficantes como seres poderosos de una cruedad extrema. Aunque en un principio, la mayoría de las víctimas del narcotráfico eran ellos mismos, al enfrentarse bandas rivales, Calderón enfatizó en que nadie estaba seguro, que las drogas y la muerte llegarían a nuestros hogares.

Así, la gente empezó a temer a los carteles más que nunca. Se decía que nos convertiríamos en otra Colombia, país donde los carteles del tráfico de drogas habían adquirido gran poder, al grado de influir en las elecciones.

Una vez preparada la escena, el mismo Felipe Calderón presentó la solución: meter al Ejército y la Marina a combatir a los traficantes, darles inconstitucionalmente la libertad de entrar en ciudades y pueblos, de establecer retenes. En suma, de militarizar el país.

Poco a poco la gente se fue acostumbrando a ver soldados en las calles y convoyes en las carreteras; también, a escuchar noticias de que se iba ganando la guerra, pero jamás se dieron datos concretos. El resultado es que la libertad de tránsito de los mexicanos se ha visto obstaculizada y las Fuerzas Armadas cada vez tienen más ingerencia en los asuntos de los ciudadanos.

El segundo caso que propongo es el de las actividades porriles en las universidades públicas, como vía de lograr el desprestigio de la educación pública, el posicionamiento de la privada y eventualmente, la privatización de toda la educación.

A lo largo de los años recientes, cada vez más se escuchan y ven noticias de maestros flojos, revoltosos e impreparados, de escuelas públicas que no sirven y de alumnos semianalfabetos, como en el documental “De panzaso”, promovido por Televisa. Sin embargo, la educación superior gozaba de cierto prestigio, pero ya no.

El fenómeno del porrismo, según cuenta la gente que lo vivió, ha existido desde hace décadas. Antes, generalmente eran grupos pagados por sectores del gobierno que se dedicaban a perseguir izquerdosos y mantener un status quo en las universidades que no fuera demasiado hostil para el gobierno.
Sin embargo, ahora los porros por decirlo de alguna manera se han sofisticado. Su principal papel, como ocurre en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM), donde incluso están infiltrados en el Consejo de Gobierno, es impedir el buen funcionamiento de la escuela, sabotear los intentos de democratización y mejora profunda, así como de manera muy importante, hacer que la opinión pública rechace estas universidades, las considere como un desperdicio de recursos y pida su cierre.

Al mismo tiempo, surgen universidades privadas de poca o ninguna seriedad académica, pero también, muchas universidades de cierto prestigio han ido creciendo porque la gente tiende a creer que la educación universitaria de paga brindará mejores oportunidades de vida a los estudiantes.

El tercer caso que propongo como ejemplo es el de las campañas tipo “AMLO es un peligro para México” o “AMLO nos va a convertir en Venezuela”.

Me parece evidente que estas campañas siguen al pie de la letra los postulados de los economistas de Chicago denunciados por Naomí Klein. En primer lugar, se descontectualiza la imagen del propio López Obrador y se le hace parecerse a Hugo Chávez o Nicolás Maduro, antiguo presidente y actual presidente de Venezuela.

Mientras que Chávez sí tenía un discuros anticapitalista fuerte y realizó muchas modificaciones de fondo en la economía y la política venezolanas, no queda claro de qué manera López Obrador podría parecerse, ya que sus propuestas son bastante tibias y se limitan vagamente a mejorar la economía y logar un poco más de concordia entre los mexicanos, pero como dicen muchos socialistas o comunistas, poco o nada tienen de izquierda, y mucho menos, de extrema izquierda.

Sin embargo, es cierto que algunas medidas de López Obrador podrían afectar a algunos empresarios y formas de hacer negocios en nuestro país, como ya ocurrió en épocas del presidente priista Luis Echeverría Álvarez; también, es cierto que mucha de la crítica de López O. se enfrenta con intereses relacionados con el comercio internacional o actividades como la minería invasiva.
De hecho, la elección del muy cuestionado Napoleón Gómez Urrutia como parte de su equipo se debe a que el exlíder minero siempre ha favorecido sistemas de minería más tradicionales.

Las campañas contra López Obrador buscan provocar miedo, y lo logran. Miedo al cambio, miedo a perder “tu casa, tu coche”, cuando lo cierto es que la gran mayoría de la población mexicana no tiene casa ni coche. En realidad, las clases media alta y alta, que son las que podrían temer algo, han logrado con sus campañas que gente que económicamente se encuentra muy alejada de ellas las apoye.

Así, tenemos a mucha gente sin dinero, sin trabajo, fijo, sin ahorros, con una pensión raquítica, que vive en barrios miserables y pasa largas horas de transporte para llegar a donde tenga que ir, y que está sujeta a la doble inseguridad de delincuentes y fuerzas del orden, apoyar a quienes critican a López Obrador porque temen, ellos sí, que les roben sus privilegios.

Alfredo Gabriel Páramo
Profesor, periodista, escritor. Twitter @lavacadiablo www.karacteres.com

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